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Peña Nieto: política y espectáculo

02 de diciembre, 2010
Fernando Mejía Barquera

Dentro de unos años, los comunicólogos tendrán que estudiar cómo una campaña mediática desarrollada de modo persistente durante un lustro, con mensajes prácticamente cotidianos, pudo hacer que un político local, de tercer o cuarto nivel, dejara el anonimato y se convirtiera en figura pública nacional. Sin gran trayectoria política —fue diputado en el Estado de México y ocupó cargos menores en el gobierno de esa entidad—, Enrique Peña Nieto fue elegido gobernador en 2005 y para 2008 era probablemente el político mexicano que más aparecía en tv. Quién sabe si la campaña iniciada hace 5 años sea suficiente para llevarlo a la Presidencia de la República, pero al menos lo hizo una figura pública y precandidato para ese cargo. El gobierno del Estado de México habrá gastado más de 990 millones de pesos en propaganda cuando el sexenio de Peña Nieto llegue a su final, en septiembre de 2011 (Reforma, 25/11/2010).

Cultivo de la imagen

La boda de Peña Nieto con Angélica Rivera, marcó el final de la tercera etapa en la campaña propagandística que lo ha colocado en el primer plano de la atención pública.

En sus dos primeros años al frente del gobierno, Peña buscó deslindarse de Arturo Montiel, principal impulsor de su carrera política hasta ese momento, pero del cual era necesario separarse dado el desprestigio con que éste salió del gobierno mexiquense. El nuevo gobernador buscó presentarse como un político “honesto”, “maduro a pesar de su juventud” y sobre todo “cumplidor” de los “608 compromisos” que hizo con la ciudadanía durante la campaña electoral. Televisa fue el medio elegido para desarrollar la campaña: Peña apareció constantemente en spots y en notas dentro del noticiario nocturno del Canal 2.

Narciso Peña

Cumplida esa primera etapa, el gobernador pasó a otra tras encarnar el arquetipo de Narciso, el joven guapo que se convierte en objeto de amor sublimado para otras personas. En las revistas de espectáculos o “del corazón” proliferaron las fotografías de Peña Nieto, pulcro, bien vestido, con el pelo perfectamente alisado y un copete que se volvería famoso. En las redes sociales proliferaron los mensajes de mujeres que afirmaban querer a Peña en su colchón. No se sabe cuántos de esos textos eran genuinos, pero todos fortalecieron su presencia mediática.

Destilando amor

La tercera etapa de la campaña combinó la imagen narcisista de Peña con un nuevo esfuerzo por presentarlo como político que “da resultados”. En 2008 el gobierno mexiquense lanzó la campaña “300 compromisos cumplidos” integrada por spots radiofónicos y televisivos, donde Angélica Rivera fungía como presentadora. Dicha actriz acababa de tener su máximo éxito telenovelero con el personaje de Gaviota en la serie Destilando amor, producida por Televisa. Al concluir esa campaña, se recurrió a una técnica utilizada para “posicionar” a las figuras del espectáculo: apareció “el rumor” de que Peña y Rivera mantenía una relación amorosa (unos meses antes el gobernador había quedado viudo); en las revistas se empezó a especular sobre la fecha de la boda. Peña iba en pos de recuperar la imagen de hombre de familia.

El 27 de noviembre, Peña y Rivera se casaron en Toluca. El gobernador dijo que la boda era un acto perteneciente a su vida privada y dispuso que no se tomaran imágenes televisivas ni fotografías. El efecto mediático que tuvo este aparente acto de discreción fue que los medios dedicaron gran parte de su esfuerzo periodístico a buscar datos sobre la boda, considerada la principal noticia del día.

La estrategia propagandística fue modificada, pues hizo a los medios competir por la mejor cobertura.

Media trainning

Es previsible que la siguiente etapa sea la de presentar a un “político propositivo”. Si Peña Nieto quiere ser candidato a la Presidencia tendrá que dirigir su discurso hacia la problemática nacional. No será sorpresivo que en los primeros meses de 2011 veamos una campaña relativa a los “608 compromisos cumplidos” y después el discurso peñista se concentre en formular diagnósticos sobre la problemática nacional y a “proponer soluciones” sin que sus rivales lo puedan considerar propaganda preelectoral.

Los tiempos políticos y electorales cuadran perfectamente a favor de las aspiraciones presidenciales de Peña Nieto: en septiembre de 2011 dejará de ser gobernador, justo a tiempo para lograr la candidatura del PRI.

Mientras ese momento llega, Peña Nieto tendrá que someterse a un intenso media training; deberá desarrollar una cualidad que todavía no sabemos si posee: conducirse con solidez en debates políticos serios, con oponentes de peso, y durante entrevistas periodísticas de verdad. Hasta ahora, el gobernador mexiquense ha transitado por los medios de manera cómoda, sin necesidad de entablar debate o responder a preguntas incómodas. Una campaña electoral, sin embargo, tiene características diferentes.

Este artículo fue publicado en Milenio el 2 de diciembre de 2010, agradecemos al autor su autorización para publicarlo en nuestra página web.

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