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Jueves 9 de Septiembre 2010
16:12 hrs
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En cualquier caso, la irreverencia que caracteriza a Los Simpson se nutre de series previas, animadas y no animadas. Es cierto que la familia favorita de Springfield aborda con mucho humor y mordacidad hasta los temas y situaciones más delicados. También es cierto que la producción de cada episodio toma meses y que es una serie muy laboriosa y costosa. Baste mencionar que en la actual temporada, la 20, Los Simpson ya entraron a la era de la alta definición; eso sin dejar de lado que con notable frecuencia, los actores responsables de las voces de la familia amarilla piden aumentos salariales (antes del inicio de esta temporada lograron que su sueldo sea del orden de los 400 mil dólares por episodio para cada uno). Pese a los altibajos que a lo largo de dos décadas ha experimentado la serie, Los Simpson son una marca registrada del American way of life: nunca habrían visto la luz sin el ADN que heredaron de Los Picapiedra, Los Supersónicos y Walt Disney, por citar sólo algunos antecesores destacados.
¡Feliz cumpleaños!
En honor a la verdad, Los Simpson están cumpliendo 22 años desde su aparición en el Show de Tracey Ullman, el 19 de abril de 1987. En ese tiempo, no era una serie de televisión autónoma, sino pequeños cortos intercalados en el citado programa. Además, los personajes eran cualitativamente distintos a como se les conoce actualmente, aunque la familia contaba ya con Homero, Marge, Bart, Lisa y Maggie, con trazos burdos, si bien ya estaban delineados (es posible que ésa sea la razón por la que en 2007, a manera de festejo por los genuinos 20 años de su creación, Los Simpson, la película haya llegado a la pantalla grande). Es cierto que es hasta 1989 que Los Simpson comienzan a transmitirse como una serie independiente, con 30 minutos de duración (en realidad son 22 minutos, porque el resto del tiempo es para los anuncios comerciales), gracias al contrato suscrito con la Fox Broadcasting Company, mismo que incluyó una cláusula mediante la cual la empresa se abstendría de intervenir en el contenido de Los Simpson.
El primer capítulo fue un episodio sobre la navidad, transmitido en Estados Unidos el 17 de diciembre de 1989. Lejos de los dibujos animados clásicos, en que la navidad es asumida como una época de milagros y donde todos los problemas se solucionan, Simpsons Roasting on a Open Fire presenta a Homero, el jefe de familia, agobiado por la decisión de su jefe, el Señor Burns, de no dar aguinaldo a ninguno de sus empleados. Afortunadamente, Marge cuenta con algunos ahorros que guardó, a lo largo del año, en un gran frasco, y es con esos recursos que decide ir a la tienda a comprar los regalos de la familia. Sin embargo, estando Marge en el centro comercial, se encuentra con que Bart se hizo un tatuaje en el brazo, razón por la que los ahorros del frasco los gastará en la remoción, con láser, del tatuaje. Eso explica también la ausencia del árbol de navidad en la casa. Homero, ante las quejas de las hermanas de Marge, va a una zona restringida a la tala, corta un pino, recibe unos cuántos balazos de un cuidador aunque ninguno lo hiere y regresa a la casa con el anhelado árbol. A pesar de lo difícil de la situación, Homero no se atreve a decirle a la familia que no recibió aguinaldo, y consigue un empleo como Santa Claus en un centro comercial donde al final recibe una remuneración de tan sólo 13 dólares. Por consejo de su amigo Barney decide apostar sus 13 dólares en el galgódromo. El perro al que apostó Homero (Ayudante de Santa Claus) llega en el último lugar. El dueño echa al perro y Homero lo adopta. Al regresar a casa, el atribulado padre de familia confiesa a la familia que no recibió aguinaldo, aunque los niños se muestran eufóricos ante la presencia de Ayudante de Santa Claus. El episodio concluye con el abuelo Simpson tocando el piano, mientras toda la familia canta Rodolfo, el reno de la nariz roja. Como se ve, fue una navidad atípica para una serie de televisión, sobre todo, tratándose de dibujos animados. En cualquier caso, ese episodio fue la carta de presentación de Los Simpson, y con el que la serie inauguró una larga cadena de éxitos.
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Han transcurrido 20 años, con más de 400 episodios que divierten a audiencias de todo el mundo. Esto no deja de llamar la atención: después de todo, se trata de una serie estadounidense, que se aboca primordialmente a satirizar la vida cotidiana de la sociedad de ese país y de su cultura popular. Es cierto que la familia Simpson viaja de vez en cuando a otros países, y que también hay extranjeros que aparecen en la serie, pero en todos los casos se observan los estereotipos que la familia amarilla tiene sobre lo extranjero, y su percepción en torno a la forma en que viven y piensan otras sociedades, siempre desde la óptica simpsoniana léase, del estadounidense promedio. Con todo, no son sólo los televidentes de Estados Unidos quienes se identifican con las situaciones a que la familia amarilla se enfrenta. La globalización y el contexto histórico en que la disfuncional familia de Springfield vio la luz, contribuyen a su aceptación en diversas naciones del mundo.
¿Más allá de los dibujos animados?
Como se sugería líneas arriba, los dibujos animados en Estados Unidos tienen una larga historia que ciertamente va más allá de Los Simpson. Así, en muchos sentidos, Los Simpson vienen a ser la síntesis y la parodia de exitosas series de dibujos animados precedentes. A partir de la década de los 20, la industria de la animación experimentó un boom. Cómo olvidar al Gato Félix (creado por Patt Sullivan y Otto Messmer en los años 20 del siglo pasado); a la ya referida Betty Boop (diseñada por Grim Natwick y que fue un verdadero icono a partir de los años 30); a Popeye el marino (de Elzie Crisler Segar, quien publicó una tira cómica por primera vez con este personaje en enero de 1929, a unos cuantos meses de que aconteciera la gran depresión); a Tom y Jerry (concebidos por William Hanna y Joseph Barbera); a Porky, Bugs Bunny, el Pato Lucas, Sam Bigotes, Speedy Gonzales, Piolín, y Silvestre (cuya fama obedece a la visión de Tex Avery y al diseño de los personajes a cargo de Fritz Freleng, creador también de la Pantera Rosa); el Correcaminos (de Chuck Jones); el Pájaro Loco (por Walter Lantz); Scooby Doo (producida por Hanna-Barbera y que hasta 2005 era la serie animada de más larga duración, con 371 episodios, récord que perdió a favor de Los Simpson); Don Gato y su pandilla y, por supuesto, Los Picapiedra (ambos también producidos por Hanna-Barbera), por citar sólo algunos.
Desde Los Picapiedra, que datan de la década de los 60, ninguna serie animada había logrado llegar con tanto éxito y en horario estelar a los hogares de los televidentes estadounidenses. La serie producida vio la luz el 30 de septiembre de 1960, desarrolló un total de 166 episodios, el último de los cuales se transmitió el 1 de abril de 1966.
Al igual que ocurre ahora con Los Simpson, Los Picapiedra revolucionaron los dibujos animados y diversas series se inspiraron en ellos (los mismísimos Simpson incluidos). De hecho hay similitudes y paralelismos en ambos: Homero Simpson es el Pedro Picapiedra contemporáneo: tonto, gordo y con barba, casado con Marge, ecuánime y delgada mismas características de Vilma. La principal actividad recreativa de Homero y Pedro es el boliche. El mejor amigo de Homero es Barney, y ése es el nombre en inglés del mejor amigo de Pedro (Pablo en español). Lo que es más: para el doblaje al español en México y América Latina, se recurrió en ambas series a actores profesionales, catapultando sus carreras histriónicas: Humberto Vélez y Víctor Manuel Espinoza son famosos como la voz de Homero; Marina Huerta da vida a Bart y Marge, y en Los Picapiedra Jorge Arvizu fue la voz de Pedro, en tanto Eugenia Avendaño hizo lo propio con Bety. Los paralelismos continúan, incluso si se piensa que una serie como Los Supersónicos, versión futurista de Los Picapiedra, tiene su réplica en Futurama, que en muchos sentidos es consecuencia de Los Simpson, creada también por Matt Groening (Los Supersónicos fueron obra de Hannah-Barbera en 1962, aunque ahora son propiedad de Cartoon Network).
Los Picapiedra fueron la primera serie que muestra a una pareja animada (Pedro y Vilma) en la cama, sea durmiendo o conversando. Homero y Marge han ido más lejos: las primeras palabras de Bart, siendo bebé fueron ¡Ay caramba! cuando entró a la habitación de sus padres y los encontró desnudos en la cama haciendo el amor. En Los Picapiedra es evidente el cariño que se profesan Pedro y Vilma. Sin embargo, en Los Simpson, pese a la estupidez endémica de Homero, Marge lo venera, fundamentalmente porque es una mujer satisfecha sexualmente.
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