Jueves 2 de Septiembre 2010
12:30 hrs
1 de junio, 2009

Los Simpson: 20 años y contando…

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Las series de televisión y sus antecesoras en radio siempre han tenido un notable éxito en la sociedad estadounidense y, por extensión, en otras latitudes. Según Gerard Jones, el secreto estriba en que se trata de productos diseñados por grandes corporaciones para el consumo en masa. Ello supone no sólo conocer lo que le gusta a las personas, sino sobre todo influir en sus preferencias, percepciones e intereses.

Aun cuando las autoridades gubernamentales estadounidenses intentaron, en la primeras décadas del siglo XX, tener un papel dominante en la radio, el principal medio de comunicación en aquellos tiempos, al final se impusieron los intereses corporativos, dado que éstos fueron capaces de crear emisiones atractivas para los radioescuchas. Se recuerda cómo, por ejemplo, el 30 de octubre de 1938 en el marco de las series Mercury Theater on the Air, Orson Welles presentó la adaptación de la obra de H. G. Wells, La guerra de los mundos en la radio, lo que provocó la histeria y el temor de varios cientos de miles de radioescuchas, al punto de que cuando Adolfo Hitler tuvo noticia de lo sucedido, comentó que el hecho mismo evidenciaba la decadencia y la corrupción de la democracia (y conste que Mercury Theater on Air no era la serie de mayor audiencia). Inclusive existen testimonios de que cuando Japón atacó Pearl Harbor, muchos estadounidenses recibieron la noticia con escepticismo y desconfianza, pensando que se trataba de otra historia ficticia. En cualquier caso, cuando la televisión hizo su aparición, numerosas series de radio fueron adaptadas para satisfacer las necesidades de entretenimiento de los televidentes.

En general, el formato de las series de radio y televisión ha favorecido una trama harto conocida: uno de los personajes actúa y se desenvuelve contra los intereses de los demás (la familia, los amigos, la oficina u otro), hasta que al final se transforma y modifica su conducta egoísta. Dicha trama ha sido una constante en las series estadounidenses por lo menos desde los años 50. Es verdad que ha sido necesario hacer adaptaciones al paso del tiempo, debido a los cambios en el contexto nacional y/o internacional, y también a la importancia de interesar a sectores de la población tradicionalmente excluidos (afroestadounidenses, homosexuales, madres y padres solteros, huérfanos, adoptados, viudos, hispanos y otras minorías), pero que al ser nichos de mercado con cierta relevancia, fueron tomados en cuenta.

En el caso de los dibujos animados, tradicionalmente se concibe que están dirigidos sobre todo a un público infantil, percepción no del todo acertada: Betty Boop, posiblemente el primer símbolo sexual animado, apareció en los años 30 en el marco de la gran depresión capitalista, y tuvo un enorme éxito en la población adulta. Hay episodios en los que Betty, quien se supone que tiene 16 años (aunque en otros momentos aparece casada y con muchos hijos), es víctima de acoso sexual, estando en riesgo su virginidad, aunque siempre alguien llega en su auxilio. Cuando la acosaban, Betty interpretaba una canción que se volvió muy famosa: Dont take my boop-oop-a-doop-away, una especie de súplica que bien podría traducirse como no me quites mi virginidad. Cuando la rescatan, canta No, he couldnt take my boop-oop-a-doop away, o bien, él no me pudo quitar la virginidad.

 

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Los dibujos animados también suelen ser vistos como protagonistas de historias fantásticas e inocentes, muy lejos de los vicios de la vida real. Sin embargo, en los primeros episodios de Los Picapiedra, Pedro y Vilma aparecían fumando cigarros Winston, porque esta marca patrocinaba el programa. Más controvertida fue la serie de Popeye el marino. Como se recordará, cada vez que Popeye estaba en problemas, tomaba una lata de espinacas, la abría y la consumía, muchas veces absorbiendo las espinacas a través de su infaltable pipa. Pues bien, espinaca es una de las múltiples denominaciones de la mariguana. Puesto que cada vez que Popeye comía espinacas, adquiría una gran vitalidad para enfrentar a los malosos, se especula que lo que realmente consumía era mariguana y como la ingería a través de su pipa, no falta quien diga que los guionistas de la serie no dejaban nada a la imaginación.

Un tema no menos importante es la relación entre la política y la cultura popular. Es claro que una serie como 24 se ha beneficiado del estado de ánimo que impera en la sociedad estadounidense tras los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, lo que favoreció la percepción de que el mundo es muy peligroso y que Estados Unidos se encuentra, como reza la publicidad para la actual temporada, bajo amenaza.

A diferencia de 24, los dibujos animados estarían llamados a ser más relajados, alejándose de la política, aunque, como bien lo refiere Joseph J. Foy, a propósito de Los Simpson, la cultura popular está llamada a interesar a los miembros de la sociedad, a los que tanto necesita el sistema político: Si la política es algo familiar [común], y comenzamos a tomar conciencia de su presencia cotidiana a nuestro alrededor, podríamos percibirla como la causa y la solución a los problemas que enfrentamos.1

Cuando George H. Bush afirmó que deseaba que los estadounidenses fueran más como Los Walton y menos como Los Simpson, la respuesta de Bart fue demoledora: nosotros también rezamos para que termine la recesión. Para los televidentes, muchos de ellos enfrentando problemas de desempleo, es natural que las palabras de Bart tuvieran tanta resonancia. Si un dibujo animado repite las frases que el obrero, el oficinista, etcétera, comenta con sus amigos, entonces, como expresión de la cultura popular que es capaz de convocar a los televidentes, conminándolos a interesarse en el sistema político.

En el inicio de la actual temporada, en el especial de noche de brujas, Homero Simpson acude a votar en los comicios presidenciales. La secuencia es divertida, porque cuando Homero presiona el nombre de Obama en la pantalla, su voto es acreditado a McCain. Homero repite esta operación varias veces, hasta que la máquina le agradece haber votado por el Presidente McCain. Este segmento fue transmitido por primera vez el domingo anterior a los comicios presidenciales de EU. Aun cuando la audiencia de Los Simpson no es tan alta en estos momentos como sí ocurrió en sus primeras temporadas, la serie todavía es vista por muchos millones de personas dentro y fuera de la Unión Americana. Al presentar a los republicanos como tramposos en el citado episodio, Los Simpson asumen una postura favorable a los demócratas y contribuyen a que el televidente tome cartas en el asunto, o por lo menos, que vaya a las urnas.

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