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Miércoles 19 de Junio 2013
20:31 hrs
1 de noviembre, 2002

Web inteligente



Como lleno de utopías ha estado empedrado el camino que ha conducido al desarrollo de Internet en su versión civil, por esa razón no es de extrañarse que el inventor de la Web, Tim Berners Lee, hable de la necesidad de dar paso a herramientas inteligentes que cambien el sentido de la exploración del ciberespacio. Esta idea no data de ahora, pero ha cobrado auge en los últimos tiempos y que, la verdad sea dicha, es necesario implementar para no perder tiempo y extraviarse en el tumulto de datos que anidan en la red.

 

Foto: Time
Desde hace tiempo, Berners Lee trabaja en la construcción de una Web semántica o inteligente (www.se manticweb.org) que le dé un giro sustancial a la forma en que opera la red. Después de más de una década de Web, en la que ha pasado por un torbellino de definiciones, normas y protocolos; de una sui géneris y cuestionada forma de gobierno de Internet, Berners Lee piensa que es necesario dar paso a una nueva era, a una nueva generación de herramientas de navegación. Como sucedió con el lenguaje HTML, la primera versión de la Web semántica reunirá la gestión inteligente de contenidos y una fuerza persuasiva que convenza a los usuarios y profesionales de la red de la necesidad de dar un paso a nuevos esquemas de navegación.

Nadie cuestiona que la Web, tal y como la conocemos, ha significado un gran avance como medio de comunicación, pero es un hecho que no es lo mejor que existe para tener los contenidos que uno requiere: se invierte mucho tiempo para localizar los materiales que se buscan. Esto se debe en gran medida a que el lenguaje usado para la confección de dichos documentos fue diseñado para la lectura humana, y sólo permite escasas especificaciones (color del texto, cabezas, párrafos).

Esa situación tiene efectos concretos al entrar a ciertos sitios. Por ejemplo, al ingresar a una página de turismo, la computadora es incapaz de "comprender" el significado de la información o de procesar los contenidos automáticamente de acuerdo con las necesidades del usuario. Si se requiere planear un viaje, el usuario tiene que hacerlo manualmente en todas las páginas que contienen la información que necesita: debe reservar vuelo, en otra página la habitación del hotel, etcétera. No existe ninguna posibilidad de automatizar dicho proceso. La idea de Berners Lee es que con la Web semántica eso se acabe; el usuario únicamente deberá especificar sus preferencias de viaje a un programa (agente inteligente), el cual llevará a cabo todo el proceso sin su intervención ni la de ningún otro. Así no se perderán horas de navegación al acceder de forma manual a las páginas que necesita.

Por novedoso que esto suene, en realidad la Web fue imaginada en sus inicios por Tim Berners Lee de esa manera. Desde que la concibió en 1989 ya contemplaba la mayoría de aspectos que hoy desea poner en camino con la Web semántica. Sin embargo, las dificultades de ese entonces para desarrollar ideas tan revolucionarias obligaron a concebir la Web de manera más sencilla, basada en documentos y enlaces de hipertexto.

La puesta en marcha de esa Web semántica implicará el uso de lenguajes de marcado (RDF y XML) para crear los documentos, los cuales permitirán que los agentes inteligentes analicen la información y extraigan de ella el significado semántico. El equipo de Berners ha crecido: cuenta con 66 personas que trabajan de tiempo completo en el proyecto y unas 500 organizaciones son miembros. Sin embargo, la tarea que queda por delante no es fácil: si bien las cuestiones tecnológicas son algo que requiere un gran esfuerzo, están pendientes factores no menos importantes que retardan el avance de la idea. Por un lado, convencer a los conservadores que temen que la red actual sea reemplazada, que la nueva Web sea difícil de manejar y que muchos documentos se extravíen o no puedan ser traducidos.

Pero tal vez lo más importante sea convencer a las grandes empresas de tecnología y software que no creen en la Web semántica y que, después del declive de la nueva economía, han terminado por retirar su apoyo al proyecto o que ante la baja del comercio electrónico no le ven sentidoa una Web inteligente. Esta situación no es extraña en Internet, pues sus primeros pasos han estado marcado por fuertes y apasionadas discusiones. Pero a diferencia del pasado ahora se complican mucho más las decisiones por los intereses económicos que están en juego, por lo cual es seguro que la Web semántica se hará realidad mucho más tarde de lo planeado por Berners Lee.

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