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100 goyas para la UNAM

22 de septiembre, 2010
María Cristina Rosas

El 22 de septiembre de 1910, siendo Presidente Porfirio Díaz, se inauguró la Universidad Nacional de México, luego de que Justo Sierra Méndez, presentara la ley constitutiva de la flamante institución. La nueva Universidad aglutinaba a las escuelas Nacional Preparatoria, de Jurisprudencia, de Medicina, de Ingenieros, de Bellas Artes -en lo concerniente a la enseñanza de la arquitectura- y de Altos Estudios. Como "madrinas de bautismo” de la Universidad figuraron sus homólogas de Salamanca, París y Berkeley. El primer Rector de la Universidad Nacional fue el abogado Joaquín Eguía Lis, quien permaneció al frente de la misma hasta 1913, en una época de enorme turbulencia política. 

Los primeros años de la Universidad fueron difíciles de cara al contexto revolucionario. Entre 1910 y 1920 se sucedieron los rectorados del positivista y abogado Ezequiel A. Chávez; del ingeniero Valentín Gama y Cruz; del abogado José Natividad Macías; del escultor Miguel E. Schultz; y del filósofo y humanista Antonio Caso, quien, por cierto en su primer rectorado apenas permaneció cuatro días al frente de la Universidad (aunque su siguiente gestión fue más prolongada, de diciembre de 1921 a agosto de 1923). A Caso le siguió el jurista y diplomático Balbino Dávalos Balkim, quien, al igual que aquel tuvo un rectorado breve y permaneció en el cargo del 11 de mayo al 2 de junio de 1920, debido a la disputa por el poder que se desató en el país cuando el Presidente Venustiano Carranza fue asesinado (el 21 de mayo).

Es aquí donde apareció la figura del insigne filósofo, abogado y político José Vasconcelos, quien, desde la proclamación del Plan de Aguaprieta, se había alineado con Álvaro Obregón contra Carranza, de manera que, a la muerte de éste, el Presidente interino Adolfo de la Huerta dio a Vasconcelos la titularidad del Departamento Universitario y de Bellas Artes, el cual incluía la rectoría de la Universidad Nacional de México. Su estancia como rector fue breve (del 9 de junio de 1920 al 12 de octubre de 1921), pese a lo cual el apóstol de la educación dio a la institución el escudo que hoy ostenta. El escudo, considerado uno de los emblemas más bellos de la Universidad, presenta el mapa de América Latina, sostenido por un águila –símbolo nacional- y un cóndor –símbolo sudamericano-, descansando en volcanes sobre unas pencas de nopal, con la leyenda “Por mi raza hablará el espíritu”. Eran los años de las reformas universitarias en América Latina, y en el caso mexicano, tras la revolución, había la esperanza de un verdadero cambio social. Cuando Vasconcelos asumió la rectoría y dijo “yo no vengo a trabajar por la Universidad, sino a pedirle a la Universidad que trabaje por el pueblo”, claramente expresaba el sentir del papel que debería tener la educación en el progreso social, político y económico de México.

En 1929, durante la presidencia de Emilio Portes Gil, la Universidad obtuvo su autonomía e igualmente se autorizó la construcción de una nueva sede, la Ciudad Universitaria, que sería inaugurada en 1954 durante el gobierno de Miguel Alemán Valdés -y que en 2007 quedó inscrita por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), en el patrimonio cultural de la humanidad. La autonomía implica el autogobierno, y la no intervención del poder político en la elección de las autoridades universitarias, dotando asimismo a la institución de la capacidad decisoria sobre sus estatutos y programas de estudio. Un tema no menos importante es que la autonomía también involucra la inviolabilidad de las instalaciones universitarias por parte de las fuerzas de seguridad, tema espinoso a propósito de los lamentables sucesos de 1968, incluyendo asimismo el sitio de Ciudad Universitaria por parte de las fuerzas armadas en la inauguración de los Juegos Olímpicos.

Los antecedentes de la Universidad se remontan a la Real y Pontificia Universidad de México, creada el 21 de septiembre de 1551 y que empezó a impartir cursos el 25 de enero de 1553. Claro que el perfil de la Universidad Pontificia era completamente distinto del que posee la UNAM en la actualidad. En los tiempos coloniales, la idea de contar con una institución de nivel superior, era, presumiblemente, la de educar a los recién “convertidos”, cosa que no se logró dado que la Real y Pontificia Universidad se enfocaba, sobre todo, en las clases privilegiadas. A lo largo del siglo XIX, una vez consumada la independencia nacional, la Universidad Pontificia fue cerrada varias veces, en 1833, 1857, 1861 y finalmente en 1865. Para ese momento, los liberales consideraban que la Universidad simbolizaba el retroceso y que no estaba a la altura de las necesidades del país. 

Otro hecho que es por demás interesante, es que a la Universidad Pontificia sólo tenían acceso los hombres, porque se pensaba que la educación de las mujeres no requería grandes conocimientos, por lo cual ellas –muy pocas, claro está- eran enviadas a “educarse” sobre todo en los conventos. El caso de la décima musa, Juana Inés de Asbaje, mejor conocida como Sor Juana Inés de la Cruz, es muy ilustrativo: sus biógrafos señalan que la pasión de Juana Inés por el conocimiento, la llevó a pedirle permiso a su madre para disfrazarse de hombre y poder ir a la Universidad, dado que su condición de mujer se lo impedía –no obtuvo el permiso, por supuesto, pero tomó los hábitos para dedicarse a escribir y leer, contando con el apoyo de los virreyes. 

Hoy la equidad de género en la UNAM, es una realidad –y si viviera Juana Inés, estaría muy complacida. Según el Programa Universitario de Estudios de Género (PUEG), hacia 2009 de los casi 308 mil alumnos inscritos en la Universidad en todos los niveles, el 51. 5 por ciento son mujeres. Inclusive a nivel postgrado, por primera vez la matrícula femenina superó a la masculina con un 50. 2 por ciento. En el nivel bachillerato, del total de inscritos, el 51 por ciento son mujeres. En la licenciatura, la cifra es del 51. 9 por ciento. Sólo en el caso del personal académico todavía se observa una preponderancia masculina, dado que de los más de 34 mil 212 profesores e investigadores, únicamente el 42. 2 por ciento son mujeres. 

En otro orden de ideas, la UNAM posee una extensión total (sumando la Ciudad Universitaria y todos los demás campus e instalaciones bajo su tutela) de seis kilómetros cuadrados, misma que supera el tamaño de diversas ciudades e inclusive el del Vaticano, Tuvalú y Mónaco. El campus principal es, en los hechos, una verdadera ciudad, dado que en su seno alberga una tienda de autoservicio, una central eléctrica, sistema de transporte, servicios de correo y telégrafo, ciclopistas, un centro médico, estación de bomberos, comedores, museos, granjas, un zoológico, un estadio olímpico, dos helipuertos, una playa artificial, auditorios, teatros, centros de cómputo, la biblioteca central, un arboretum, un jardín botánico, TV UNAM, etcétera. 

Hay que adicionar a ello la existencia (dentro o fuera de la Ciudad Universitaria) de 13 facultades, 5 unidades multidisciplinarias,  y 4 escuelas a nivel licenciatura; más 9 planteles de preparatoria y 5 del Colegio de Ciencias y Humanidades a nivel bachillerato. Cuenta además con 29 institutos, 16 centros y 8 programas universitarios de investigación. Su presencia es nacional porque posee una estación de Radio, e instalaciones y programas en 24 entidades federativas, más escuelas de extensión en Estados Unidos, Canadá y España. Proporciona servicios a nivel nacional a través del sistema sismológico nacional, del observatorio astronómico nacional, de la red mareográfica nacional y también efectúa el monitoreo del volcán Popocatépetl. Cuenta con buques para la investigación oceanográfica y el próximo año pondrá en órbita el UNAMSAT-III, tercer satélite artificial de la institución, elaborado en su totalidad con recursos humanos y materiales mexicanos.

El 91 por ciento de las 85 carreras a nivel licenciatura que ofrece, se encuentran acreditadas, en tanto el 86 por ciento de sus posgrados forman parte del padrón de excelencia. El Sistema Nacional de Investigadores alberga a 3 442 académicos universitarios. Asimismo, el 35 por ciento de los artículos científicos  publicados por académicos mexicanos, son de investigadores de la UNAM. Todos los Premios Nobel y Premios Cervantes otorgados a mexicanos, corresponden a egresados de la UNAM. El año pasado, además, la institución fue galardonada con el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades.

Cierto, la Universidad ha experimentado múltiples desafíos, pero sus logros son inobjetables. A manera de comparación, recordando que en unas semanas más se conmemorarán los 100 años del inicio de la Revolución Mexicana, la promesa de bienestar y cambio social que se esperaba que emanara de esa sangrienta lucha, no se ha cumplido. En contraste, la UNAM ha aportado a la sociedad mexicana, valiosos recursos humanos, los que a través de la investigación, el desarrollo científico y tecnológico y la reflexión, incidieron y lo siguen haciendo, en el progreso nacional. ¡Felicidades a la UNAM y a todos los universitarios, en su primer centenario!

Hay 1 comentarios en este artículo



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Gabriel Mendoza

2010-09-22 20:46:24

Argentina

La UNAM,gran universidad hermana de la UBA,es un ejemplo a seguir.¿De verdad tiene un zoológico y un arboretum?Y lo del tercer satélite:que increible.Felicito a los hermanos mexicanos por su gran universidad y que cumplan muchos cientos y miles de años más.¡Feliz cumple UNAM!