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jueves 24 de abril del 2014 / 21:05 Hrs.

Los huesos de Morelos

15 de septiembre, 2010
María Cristina Rosas

“La historia oficial” –escribe Alejandro Rosas– “ha transitado de lugares sombríos a sitios luminosos, gravitando en la mayoría de los casos entre ambos. Ni Judas ni Jesucristo. Y sin embargo, el sistema político mexicano, por medio de su particular concepción de la historia, durante el siglo XX fragmentó la verdad, se encargó de crear bandos irreconciliables y negó la naturaleza humana de los protagonistas de la historia nacional (…) A los ojos de la historia oficial, los héroes de bronce eran prácticamente hombres predestinados para cumplir una gran misión por la redención de su patria. Desde esta perspectiva, era posible imaginar a Hidalgo de niño jugando al libertador con sus amigos y tocando campanas para invitarlos a rebelarse contra sus padres”.1

A propósito de José María Morelos, también conocido como El siervo de la nación, la historia oficial le atribuye la frase “Morir es nada cuando por la patria se muere”. Se trata, sin duda, de una expresión conmovedora que denota el sacrificio personal en aras de un bien superior, en este caso, la emancipación de la nación. Con esta frase, además, Morelos prácticamente se convierte en una deidad, sugiriendo una situación análoga a la de Hidalgo, en la que, desde temprana edad, el pequeño José María seguramente jugaba a la guerra de independencia y a salir avante tras romper el sitio de una ciudad llamada Cuautla.

En una sociedad democrática, la historia oficial, esto es, la que promueven las autoridades, puede derivar en un obstáculo para el progreso y el desarrollo. Asumir a Hidalgo y/o Morelos, por citar sólo dos casos, como seres cuyo destino ya estaba predeterminado desde que nacieron, evita ponderar las circunstancias y los contextos en que se desenvolvieron ambas -y otras- figuras, tergiversando los hechos. La sociedad mexicana de hoy, tiene derecho a conocer otras versiones distintas de la historia oficial, porque gran parte de los desafíos que encara en el momento actual, sólo se pueden entender a partir de una valoración más objetiva de su pasado. Pedro Ángel Palou lo dice muy bien: “los héroes son héroes porque la historia los hace héroes, pero antes que eso fueron seres humanos: sufrieron, amaron, fueron traicionados, fueron queridos, y por eso hay que humanizarlos”.2 Justamente Palou titula “Morelos. Morir es nada”, uno de sus libros más comentados, donde presenta de manera novelada, más terrenal y humanizada, al responsable de la segunda etapa de la lucha por la independencia, contada por una de sus mujeres.3 Con todo, hay que decir que aun despojando a El siervo de la nación del halo divino con el que tradicionalmente se le presenta, se trata de una de las figuras más importantes en la lucha por la emancipación mexicana, la que, aun ahora en pleno siglo XXI, no termina.

Infancia y juventud de privaciones

El ideario político de Morelos difícilmente se podría entender si se obviaran las dificultades que vivió en el seno familiar en su infancia, adolescencia y juventud, antes de involucrarse en la revolución de independencia. José María Teclo Morelos Pérez y Pavón nació el 30 de septiembre de 1765, en Valladolid, en la meseta del valle de Guayangareo. Era el segundo hijo de José Manuel Morelos Robles, carpintero de profesión, y Juana María Guadalupe Pérez y Pavón. Se dice que el apellido familiar era originalmente Sandoval, pero que en el Siglo XVII se modificó debido a que sus ancestros paternos vendían moras, por lo que se les denominaba “moreros”, de manera que “Morelos” vendría siendo una derivación de ese oficio. José María tenía un hermano mayor, Nicolás, quien vino al mundo en 1763. Diéz años después del nacimiento de José María, vería la luz su hermana María Antonia.

El hogar en que Morelos vivió sus primeros años era pobre. José Manuel era muy amante de las copas y apostador, por lo que dilapidaba los escasos recursos. La casa en que vivía la familia en el barrio de San Agustín, en Valladolid, propiedad de Juana María –quien la había recibido como dote de parte de su padre– tuvo que ser vendida. Las riñas entre los progenitores de Morelos eran frecuentes hasta que José Manuel abandonó el hogar, llevándose al mayor de los hijos rumbo a San Luis Potosí en 1784. El escenario familiar se complicó sobre manera para la afligida madre y sus dos pequeños. Pese a ello, Juana María se preocupó por inculcar una instrucción elemental en Morelos –de quien se dice, gustaba del estudio de la gramática–, quien además había aprendido cuestiones básicas de carpintería, su única herencia paterna.4

En su adolescencia-juventud se trasladó a Apatzingán para trabajar a las órdenes de un tío paterno a lo largo de 10 años, desarrollando oficios diversos como el de herrero, agricultor y arriero. Este último, le permitió trasladar en mula diversos productos a Acapulco, famoso en aquellos tiempos porque a sus costas venía el Galeón de Manila, mejor conocido como la Nao de China. Esos ires y venires de Morelos, posibilitaron que conociera las regiones en las que, más adelante, desarrollaría célebres campañas militares. Hacia 1789 regresó a Valladolid. Su madre insistió en que Morelos abrazara la carrera eclesiástica, la que presumiblemente le haría subir peldaños a nivel social, y si lograba la capellanía, conseguir algunos ingresos extra que la familia necesitaba.5 Fue así que ingresó al Colegio de San Nicolás Obispo, cuyo director era Miguel Hidalgo y Costilla y a cuyas cátedras asistía el joven Morelos. En diciembre de 1797 fue ordenado sacerdote y designado cura interino un año después en Churumuco, un lugar marginado a donde llegó con su madre y hermana. Empero, dadas las pauperizadas condiciones del lugar, tanto la madre como la hermana enfermaron, por lo que Morelos decidió mandarlas de vuelta a Valladolid, donde finalmente Juana María fallecería en 1799.6

Los biógrafos de Morelos lo describen como terco, rudo, poco amable y sin sentido del humor, todo ello consecuencia de la compleja infancia y juventud que tuvo. Con todo, esa experiencia, sumada a los curatos a su cargo en zonas marginadas, le dieron una perspectiva social y agrarista única de la que carecían otros próceres de la independencia.7

En los billetes de 50 pesos, ilustrados con la efigie de Morelos, no se pueden apreciar con claridad algunas de sus características físicas. Era un individuo de 1. 62 metros de estatura, gordito y con una cicatriz de nariz rota que data de sus años mozos, producto de la persecución a caballo de un toro, al que no le dio alcance porque el corcel tropezó con una rama y él cayó llevándose tremendo golpazo en el rostro, en la época en que trabajaba para su tío.

Sobre el paliacate blanco tan característico, hay dos hipótesis: la más conocida, es la que refiere que por padecer fuertes migrañas desde temprana edad, apretaba con el citado paliacate su cabeza para mitigar el dolor. La segunda, referida por Palou, es que, por su origen mulato, que no era tan notorio en su piel, pero sí en su cabello rizado, usaba el paliacate que le permitía parecer más mestizo de lo que era,8 algo que probó ser fundamental al momento de buscar adeptos en estratos sociales más acaudalados, para la causa independentista.

Morelos, además, tuvo varios hijos, producto de sus relaciones sentimentales con diversas mujeres. La más conocida es María Brígida Almonte, una mujer entre 16 y 18 años –Morelos tenía 37– con quien procreó a su primogénito, Juan Nepomuceno.9 El siervo de la nación no pudo dar su apellido al recién nacido debido a su condición sacerdotal, pero el pequeño Nepomuceno estuvo presente en algunas de las batallas de su padre, incluido el célebre sitio de Cuautla, con lo cual queda de manifiesto que Morelos no se desentendió de su vástago. Se cuenta que Almonte incluso ayudó a su padre como artillero y que comandó a un grupo de niños durante la contienda.10 En junio de 1815, cuando la lucha por la independencia se encontraba en crisis, Juan Nepomuceno fue enviado a Nueva Orleáns, Estados Unidos, donde aprendió inglés y permaneció hasta 1821, cuando se consumó la independencia de México.11

Se afirma que a los 43 años Morelos se involucró sentimentalmente con otra mujer, cuyo nombre se desconoce, con quien procrearía una hija nacida en 1809. Asimismo, entre 1812 y 1813, en el auge de sus campañas militares, Morelos, ya de 48 años, conoció en Oaxaca a Francisca Ortíz o “Pachita”, con quien tendría otro hijo, bautizado como José Ortíz. Todos estos datos los reveló el propio Morelos en el juicio inquisitorio tras su captura en 1815. Cabe destacar, sin embargo, que en Puebla, el 13 de febrero de 1813, una mujer llamada Ramona Galván declaró que el 5 de septiembre de 1808 había tenido un hijo de Morelos al que llamó José Victoriano. De ser cierto, no habría tenido porqué ocultarlo, considerando que habló sobre sus mujeres e hijos ante los inquisidores sin ningún reparo.  

 

Hay 12 comentarios en este artículo



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Clara Spencer

2011-09-13 19:32:24

Baja California, México

Yo te pongo un 11 María Cristina! Yo creo que la grandeza de Morelos siempre ha sido un tema incluso hasta para los más obtusos.¿Te acuerdas de que los primeros satélites que tuvo México fueron creados bajo el \"sistema Morelos\"? Lástima lo de los restos mortales y tanta estupidez de LUjambio, la SEP y Calderón. Y lo de Villalpando no tiene madre.

Yoda

2010-09-19 19:04:44

México

Pues esto es suficiente para la renuncia de Lujambio por mentiroso. Ya bastantes osos hizo la SEP con los festejos del bicenteneraio, incluyendo el Coloso Benjamín Argumedo, y el pésimo inglés del señor Secretario de Educación durante el desfile del 16 de septiembre

Marichu

2010-09-18 07:40:30

méxico

qué agradable es leer un artículo que no cae en lugares comunes y que pide cosas que son justas y que es lo menos que las autoridades debieron darnos en el bicentenario,en lugar de bvailables ridículos y una estatuta cuya razón de ser nadie entendió:como mexicana que ama a este bello país exijo saber qué pasó con los restos mortales de morelos!!!!!!!!!

Gabriel Mendoza

2010-09-16 20:39:55

Argentina

Pero qué buen artículo es este.¿Saben que en el obelisco de nuestra capital honramos a México con luces que dicen \'México 2010\'?Se que en México piensan que somos unos pesados los argentinos,pero eso es cierto para unos pocos argentinos,porque la mayoría admiramos y queremos a México y nos alegra que todos los festejos pasaron sin novedad ah y qué bella forma en la que termina el artículo.¡Muchas felicidades a la autora y muchas felicidades a todos los hermanos mexicanos!

Pekka

2010-09-16 20:30:43

finlandia

amigos mexicanos os escribo desde finlandia tras leer este articulo que me gusto mucho porque hace algunos anos hice una estancia en vuestro pais y lo recuerdo con mucho carino y creo que este articulo es novedoso y distinto de lo que se dice del senor morelos y los felicito por vuestra revista completa y variada y con temas importantes y os felicito por vuestros 200 anos aunque me parece que seria mejor celebrar en 2021 que seran los 200 anos de que se concreto la independencia mexicana verdad?

Linda Zacal

2010-09-15 20:29:49

México

Queridos amigos: quisiera saber si la revista se vende en algún lugar de Morelia porque pienso que este artículo es muy importante para el Museo Casa de Morelos,a cuyo director conozco.De todas maneras los felicito por un espléndido artículo sobre uno de los grandes protagonistas de la historia de nuestro país.

Teresa Encarnacion

2010-09-15 20:21:47

MEXICO

abajo la historia oficial!viva mexico!viva morelos!abajo el mal gobierno!abajo los mentirosos!

mireya

2010-09-15 20:10:22

mexico

enhorabuena y es la primera vez en lo que va del año que leo algo que no es la aburrida y mentirosa historia oficial y me da mucha tristeza que los restos de uno de los grandes próceres en toda la extensión de la palabra, estén perdidos y quiero agradecer a maría cristina porque yo siempre pensé que es horripilante que la embajada gringa esté casi a los pies del altar de la patria, con todo lo que eso significa por lo que felicito tu valor para denunciarlo con todas sus letras y ¡que viva méxico! y ¡que viva morelos!

Jimmy

2010-09-15 20:00:36

mexico

estoy muy consternado por lo que leo porque si mal no recuerdo el srio de educacion dijo una y otra vez que los huesos de morelos estan entre los huesos de otros heroes de la independencia que exhiben o van a exhibir en palacio nacional y me da mucha tristeza que las autoridades nos quieran engañar y nos mientan como hacen siempre aunque en este caso es muy lamentable porque gastan y gastan en tonterias y no en documentar nuestra historia

Dr Antonio Lozano

2010-09-15 19:50:14

México

Después de leer este artículo y mirar el insulzo \"desfile\" para conmemorar el tan cacareado bicentenario, me doy cuenta de que las prioridades de las autoridades están muy mal.¿Por qué no invertir algunos recursos en documentar la suerte de los huesos de Morelos? Recuerdo aquello de que un pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla y sobre el gran Morelos sabemos muy poco. Villalpando es una vergüenza para los historiadores de esta gran nación.

Mariane Estefan

2010-09-15 19:12:15

mx

este es el tipo de reflexiones que deberian estar en los libros de texto y no la basura que hasta tiene faltas de ortografia y que es con lo que se adoctrina estupidamente a las nuevas generaciones

Nacho

2010-09-15 16:36:32

mex

caray el final del artículo me conmovió hasta las lágrimas y en cuanto regrese a méxico buscaré la revista porque estas cosas no se leen ni escriben todos los días y propongo un brindis a la salud de la memoria del gran morelos!!!! saludos desde san antonio!!!!