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La decisión de Televisa y Punto de partida

30 de julio, 2010
Marco Levario Turcott

El jueves 29 de julio, alrededor de las 23:30 horas en el canal 2 de Televisa, Denisse Maerker informó a la audiencia que el programa Punto de Partida no sería trasmitido; la señal se suspendió durante una hora.

La razón que adujo Maerker fue por el secuestro de periodistas y reporteros de Televisa y de otros medios: “emitir un programa en estas condiciones es imposible y un riesgo, no sólo para los que permanecen retenidos”, sino también, continuó, “para todos aquellos que nos dedicamos al ejercicio periodístico”.

Esa determinación comprende que “un periodista no es más importante que cualquier otro ciudadano” pero agrega que éste cumple con la misión de informar, “que es vital para un buen funcionamiento de una democracia y para la construcción de una sociedad participativa y crítica”. Televisa y la conductora saben que “muchos periodistas han sido secuestrados y asesinados en los últimos años” y advierten que “no estamos dispuestos a salir esta noche a fingir que no está pasando nada. Sí está pasando”.

Así concluye la conductora del programa: “los periodistas de este medio y de todos los otros corren enormes peligros para cumplir con su tarea, y la sociedad, de sumergirse en el silencio y la desinformación, por eso el secuestro de nuestros compañeros y colegas representa el secuestro de todo el periodismo”. (...) Corresponde a los órganos del Estado mexicano garantizar la seguridad de los individuos y el ejercicio de las libertades y las profesiones. Desde donde estamos sólo nos queda exigir, demandar que esas garantías vuelvan a ser efectivas para todos”.

Es difícil opinar al respecto, más aún cuando la periodista advierte que “no es mucho lo que le puedo adelantar de las circunstancias que nos llevan a cancelar el programa de hoy”. Por eso, lo primero que debe decirse, es que nada más los directivos del consorcio y la periodista conocen la situación que los condujo a tomar esa decisión, cuyo impacto político y social es evidente. Para decirlo de otro modo, sería irresponsable criticar sin más elementos de juicio que los que conocimos de parte de una profesional seria como lo es la conductora de Punto de partida con quien, además, coincidimos en demandar que las órganos correspondientes de procuración de justicia garanticen la seguridad en el desempeño informativo.

Entonces, con la información disponible nada más puede comentarse que 1) si en efecto un periodista no es más importante que cualquier otro ciudadano, como no lo es, pensemos en lo que sucedería si amplias capas de la población interrumpieran su labor porque no hay condiciones para ello: el país caería en la parálisis y estaría sujeto al arbitrio del crimen organizado y, 2) que al interrumpirse el desempeño informativo se corta uno de los vasos comunicantes esenciales para la democracia, como los que hay entre los medios y sus audiencias, y se favorece a las actividades delictivas. Sin dejar de tener en cuenta, en ningún momento, la gravedad de lo expuesto por Denisse Maerker, la pregunta inevitable es si el país se encuentra en esa situación o si estamos en el principio de un espiral de amago al ejercicio periodístico y si la respuesta de los medios podría abarcar otras variables o recursos para continuar con su desempeño. Asuma o no el gobierno federal su responsabilidad, esa es una pregunta que los medios tendrán que responder.

El 30 de julio Milenio registró así el tema en la portada: “Televisa no cede a otro chantaje y suspende la señal de Punto de partida en Canal 2”. Los editores del rotativo saben de lo que hablan pues uno de los reporteros que trabaja ahí también fue secuestrado. Si asistimos a un “chantaje” de los agentes del narcotráfico, como todo parece indicar, la pregunta, cuya respuesta es muy complicada, es si la omisión informativa favorece o no a los criminales (y quien esto escribe tiende a pensar que sí). Pero aunque ello favorezca al narcotráfico, la vida de los periodistas está por encima de lo que sea, por lo que, en efecto, regresamos al punto de partida en favor de la demanda porque el gobierno federal actúe de inmediato para enfrentar la espiral de violencia que vive el país.

Ante esta situación caben otras preguntas que requieren una reflexión exhaustiva de parte de los medios ante esta situación inédita en la que se ponen en riesgo algunas libertades, como la de informar. Qué hacer en esta situación: ¿dar cuenta de las tropelías de la delincuencia organizada con excepción de cuando las víctimas no resulten ser periodistas? ¿Y por qué no hacer lo mismo cuando las probables víctimas sean políticos o funcionarios o cualesquier otro ciudadano? Dado que las víctimas de la escalada de violencia son vidas humanas, ¿eso significaría, entonces, dejar de informar?

 

Como sea, el impacto de esa decisión es indudable. Más aún cuando a ésta se le acompaña de un diagnóstico contundente que, al menos el autor de estas líneas, no comparte del todo: “El periodismo está secuestrado”, afirmó Denisse Maerker. La pregunta inicial es por qué antes no significaron un secuestro del periodismo los ataques que durante años han perpetrado los agentes del narcotráfico en contra de los profesionales de la información de varios estados de la República. Y la otra pregunta es si el país vive una situación tan dramática como para considerar que no hay condiciones para el ejercicio del trabajo informativo. En mi opinión no sucede ello aun cuando, en efecto, la ola de violencia producto del crimen organizado es cada vez mayor. De cualquier modo, junto con ese diagnóstico de Televisa, en los próximos días veremos cuál es la reacción de los demás medios.

Sin duda, son conmovedoras las palabras de una periodista tan respetable como Dennise Maerker. Aun cuando ella misma reconoce que todo esto, el secuestro y la muerte de los periodistas tiene años ocurriendo, no deja de inquietar el mirar una de las estelas de la desolación que arroja el crimen organizado, como justamente lo es la interrupción de un programa informativo y de análisis. Citamos de nuevo a la periodista, “no estamos dispuestos a salir esta noche a fingir que no está pasando nada. Sí está pasando”. Claro que está pasando. Desde hace años, como en su momento denunció ella misma y los periodistas de distintos estados, así como los organismos defensores de los derechos humanos regionales, la Comisión Nacional y otras instituciones internacionales.

Eso sucede aunque el gobierno federal en innumerables ocasiones con la complicidad de los medios, advierta que lo que pasa es sólo una percepción equivocada de la sociedad. En realidad, como escribió Pablo Hiriart en el periódico La Razón, “el caso de los rehenes en La Laguna confirma que la violencia criminal le gana espacios a las libertades democráticas”. Este contexto urge a los directivos y a los reporteros de los medios a reflexionar sobre la función que tendrán y las bases éticas y profesionales en que la desempeñarán.

Hay 1 comentarios en este artículo



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Alejandro Salaña

2010-08-02 14:15:34

México

Pues ahora más que nunca es necesaria esa reflexión, como lo propones. Aunque desde mi punto de vista con desempolvar y hacer cumplir sus propios códigos de ética los medios tendrían un gran avance. Saludos cordiales.