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18 de junio, 1998

Geopolítica del futbol

Al futbol se le considera el deporte más popular del mundo. Se calcula que unos 200 millones de personas lo practican en todas las latitudes. La Copa del Mundo es, a excepción de los Juegos Olímpicos, el suceso deportivo más importante del orbe, con la peculiaridad de que mientras en las Olimpiadas existen justas en diversas disciplinas, el Mundial se aboca únicamente a la pasión futbolera. Francia 98 es seguido atentamente por dos mil 500 millones de espectadores (casi la mitad de la población del planeta) en los estadios y en la televisión. En Brasil, por ejemplo, los dueños de fábricas y empresas han estado de acuerdo con permitir que sus trabajadores sigan paso a paso el desenvolvimiento de su selección nacional y que, una vez terminados los partidos correspondientes, los empleados ya no regresen a laborar sino que se vayan a festejar (si los verde-amarillos ganan) o a deprimirse (si pierden). En México se calcula que la industria del país dejará de percibir 14 mil millones de pesos, debido a la virtual paralización de las actividades laborales por los aficionados que preferirán quedarse en casa a ver los partidos por televisión o que acudirán a bares y restaurantes a presenciarlo.1

Sí, el futbol es entretenimiento, diversión y pasión, pero también es una actividad muy lucrativa tanto para las federaciones nacionales como para la máxima autoridad que las aglutina: la Federación Internacional de futbol Asociación (FIFA). Asimismo, el futbol tiene implicaciones políticas, sociales y culturales muy amplias que serán revisadas a continuación.

futbol, sociedad y poder

Los analistas coinciden en definir al futbol como un fenómeno político y social que entre otras funciones:

  1. Opera como un mecanismo de identidad nacional;

  2. Posibilita la manipulación de la sociedad en aras de afianzar el status quo, disuadiendo el cambio social; y

  3. Ha fungido como instrumento de ciertas élites con el fin de mitigar el descontento popular.

Respecto a la identidad nacional, el hecho de que hayan más selecciones nacionales en el seno de la FIFA que países en los organismos internacionales corrobora que el futbol es la continuación de la política por otros medios. Baste recordar que en la Copa del Mundo de Francia 98 están representados Inglaterra y Escocia, y que entre los socios de la FIFA figuran también Palestina (recientemente admitido) y Gales. No está lejano el día en que los kurdos integren un equipo de futbol y busquen su incorporación al organismo de referencia.

Claro que el nacionalismo futbolero puede tener derivaciones bélicas, como se desprende de la experiencia vivida por Honduras y El Salvador en 1969, cuando un partido de futbol fue la gota que derramó el vaso en las tensiones existentes entre las dos naciones, desencadenando un conflicto armado.

El futbol también es percibido como un instrumento de identidad que posibilita integrar símbolos nacionales a partir, por ejemplo, del estilo de juego, el ritmo y los movimientos, que en última instancia reafirman el carácter nacional incluso en situaciones difíciles. Ahí está el caso de Costa Rica, país de tres millones de habitantes que, sin embargo, llegó a octavos de final en la Copa del Mundo de Italia 90, o bien Bolivia, considerado como un nación futbolísticamente débil y que a pesar de ello calificó para la Copa del Mundo de EEUU 94. En el caso de potencias futboleras como Brasil o Argentina, tradicionalmente se han exaltado las virtudes comparativas, la disciplina y la capacidad de adaptación de esas naciones.

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1 La Asociación Mexicana de Estudios para la Defensa del Consumidor (AMEDEC) estima que en México se gastarán alrededor de 18 mil millones de pesos en bebidas alcohólicas, refrescos y fritangas por parte de los fanáticos futboleros mexicanos. Véase “Perderá la industria del país 14 mil millones de pesos por el ausentismo que causará el Mundial”, en unomásuno, 9 de junio, 1998, p. 44.

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