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Censo 2010: su importancia y el desdén del gobierno

26 de enero, 2010
María Cristina Rosas

En México está creciendo la polémica provocada por la noticia de que el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), por falta de recursos, reducirá las preguntas base del censo de población 2010, amén de que hará una especie de “sondeos” para recopilar “tendencias”, en lugar de contar cuidadosamente a cada persona que habita en la República Mexicana. Asimismo, la publicidad del censo en México, a diferencia de lo que se observa en Estados Unidos, brilla por su ausencia. Es muy desafortunado que se asuma al censo en México como un tedioso conteo, considerando todas las aplicaciones sociales, económicas y políticas que posibilita. Además, todavía no es demasiado tarde para replantear el apoyo gubernamental al INEGI, a fin de que cumpla con una tarea harto importante.

¿Pero, para qué sirve un censo de población? La pregunta parece ociosa, pero no lo es. La información que se genera tras un censo de población, tiene múltiples aplicaciones, desde las más loables, hasta las más siniestras. En el primer caso, se puede identificar, gracias a la información recopilada, a los sectores vulnerables de la población, a los más marginados y su ubicación geográfica, lo que, al menos en teoría, ayudaría a desarrollar políticas públicas para mejorar su calidad de vida. Otro fin loable, aunque, en principio, menos humanitario, es el que tienen los censos de población en Estados Unidos, claramente diseñados para apoyar las estrategias de comercialización de las grandes corporaciones. Empero, los censos pueden ayudar a identificar las características étnicas y socio-económicas de la población, con fines de represión, e inclusive, exterminio. A continuación, se analizarán, por un lado, las acciones de IBM que facilitaron el desarrollo de censos en Alemania para identificar a la población de origen judío, lo que ayudó a la dirigencia nazi a perpetrar el genocidio con notable precisión. En la segunda parte del artículo, se analizarán las aplicaciones comerciales y mercadotécnicas que tienen los censos en Estados Unidos.

 

IBM y el holocausto

A pesar de que muchas personas tienen conocimiento del genocidio perpetrado por los alemanes en la segunda guerra mundial, pocas veces se piensa en la manera en que se documentó la identificación de las comunidades judías y otras minorías entre 1933 y 1945 en Alemania y sus vecinos. ¿Cómo explicar, por ejemplo, la precisión con la que los escuadrones de la GESTAPO irrumpían en cualquier momento en determinadas localidades con una lista de nombres a quienes se exigía identificarse, a fin de ser enviados a la estación del tren al día siguiente para su deportación y eventual exterminio?

Es aquí donde la empresa IBM con su filial en Alemania, denominada en ese tiempo Deutsche Hollerith Maschinen Gesellschaft o Dehomag fue particularmente útil, dado que proporcionó las máquinas que servirían para procesar la información en detalle de los habitantes de Alemania. La labor de la empresa consistió, esencialmente, en censar a la población. Pero el trabajo de Dehomag no terminó ahí. Apoyándose en su sede en Nueva York, IBM apoyó con entusiasmo los requerimientos del régimen de Adolfo Hitler para diseñar artefactos cada vez más complejos, capaces de llevar a cabo las tareas de conteo más sofisticadas, superando las expectativas. Es decir, IBM sabía lo que hacía y no tuvo reparo alguno en cerrar tratos con las más altas esferas políticas y empresariales alemanas, estando al tanto del uso que se le daba a la información procesada. Eso es quizá lo más dramático del libro que Edwin Black puso a disposición de la opinión pública internacional en 2001 con el título IBM and the Holocaust. The Strategic Alliance Between Nazi Germany and America’s Most Powerful Corporation (IBM y el holocausto. La alianza estratégica entre la Alemania nazi y la corporación más poderosa de Estados Unidos) y en el que documenta, con lujo de detalles, la manera en que la tecnología, que al menos en teoría, debería servir para garantizar el bienestar de la población, puede ser empleada para ejecutar crímenes de lesa humanidad.

Cuando Adolfo Hitler llegó al poder, uno de los objetivos del Partido Nacionalsocialista era la identificación y la ulterior destrucción de los 600 mil judíos que vivían en Alemania. Ahora bien: es importante enfatizar que para el régimen hitleriano, los judíos no eran solamente quienes practicaban el judaísmo, sino todos aquellos por cuyas venas corría “sangre judía” independientemente de su asimilación, parentesco, actividad religiosa o inclusive de su conversión a otra fe. La identificación de todas estas personas posibilitaría la confiscación de sus bienes, su confinamiento en guetos, su deportación y, eventualmente, su aniquilación. Pero esa identificación requería un trabajo monumental que implicaría revisar registros gubernamentales, comunales, e iglesias. Y como explica Black en el inicio del libro referido, el principal problema es que hacia 1933 no había computadora alguna, si bien existían las tarjetas perforadas de IBM, así como un sistema lector de las perforaciones, mismos que fueron los precursores de las computadoras. La empresa despachó alrededor de 2 000 máquinas perforadoras y lectoras a Alemania, y otras miles más a los países ocupados por los alemanes en el continente europeo. En cada campo de concentración existía también un artefacto de este tipo a fin de documentar el exterminio de las personas. En pocas palabras, la automatización de la muerte fue lograda gracias a IBM.

Demohag y otras subsidiarias diseñaron las aplicaciones a ser empleadas en las  faenas de la Alemania nazi. A la usanza de la tan llevada y traída especialización flexible de la que tanto se habla hoy en día, en la década de los 30 del siglo XX las tarjetas perforadas fueron elaboradas al gusto y atendiendo a las necesidades del cliente (el gobierno alemán). Dichas tarjetas, por supuesto, sólo podían ser proporcionadas por IBM. Asimismo, la empresa estadunidense, no sólo vendía las máquinas, sino que las arrendaba, les daba mantenimiento y las actualizaba. Por otra parte, los oficiales alemanes fueron capacitados por el consorcio citado en toda Europa, a fin de propiciar el cabal cumplimiento de sus tareas. Edwin Black encontró en su investigación, que la producción de tarjetas llegó a ser de millón y medio anualmente tan sólo en Alemania. Lo que es más: todas las máquinas recibían mantenimiento, al menos una vez al mes, sin importar qué tan remoto era el lugar en el que se encontraban (y ello incluía, por supuesto, a los campos de concentración).

El empleo de la información recopilada gracias a la tecnología proporcionada por IBM, tuvo, además, otras aristas. La distribución de los alimentos, por ejemplo, fue organizada también conforme a las bases de datos, posibilitando que el gobierno alemán indujera hambrunas contra las comunidades judías. El trabajo forzado que muchos judíos y otras minorías fueron obligados a realizar, era “programado” con las tarjetas. De hecho fueron esas tarjetas las que garantizaban que los trenes llegaran a tiempo, a la vez que se pudo documentar con exactitud el cargamento que transportaban (human cargo).

Es importante aclarar que el libro de Edwin Black es realista en torno al desarrollo del Holocausto. Es decir, si IBM y su subsidiaria Dehomag no hubiesen existido, el genocidio de todas maneras se habría producido, porque, como afirma el autor: “el Holocausto se habría llevado a cabo –y a menudo se perpetró- con balas, marchas de la muerte y masacres basadas en la persecución con papel y lápiz. Pero existen razones para examinar las extraordinarias cifras alcanzadas por Hitler en el asesinato de tantos millones de personas”.

 

Estados Unidos, el censo y los intereses corporativos

En Estados Unidos, la responsabilidad de llevar a cabo el censo recae en la Oficina del Censo (United States Bureau of Census) que depende directamente del Departamento de Comercio. En el artículo primero de la Constitución estadunidense está previsto que se haga el conteo de la población del país por lo menos una vez cada 10 años. Aunque entre 1790 y 1840 se llevaron a cabo censos de la población, no fue sino hasta 1840, mediante el Acta del Censo, que se estableció una oficina central, misma que desarrolló el conteo demográfico en las décadas restantes del siglo XIX. Ya en los primeros años del siglo XX, la oficina central quedó bajo la jurisdicción temporal del Departamento del Interior, hasta que en 1903 nació el nuevo Departamento de Comercio y del Interior dentro del cual se creó la Oficina del Censo, tal y como se reconoce al día de hoy. Así, para este año, por ley, la Oficina del Censo debe contar a cada uno de los habitantes de la Unión Americana y entregar los resultados al Presidente Obama, a más tardar, el 31 de diciembre. Una vez cumplida esta tarea, la información será enviada a cada estado de la Unión en la primavera de 2011.

El censo posibilita determinar la asignación de escaños en el Congreso; influye en la decisión de crear infraestructura en determinadas localidades; reporta las características demográficas de cada condado y estado del país; ayuda a planear la construcción de carreteras y otras vías de comunicación; determina el número de efectivos policiales que se deben asignar a cada municipio y/o estado; y ayuda a identificar áreas necesitadas de escuelas, o también de los lugares en que se llevarán a cabo elecciones, etcétera. Como se ve, se trata de una actividad extremadamente importante que ayuda a la planeación y a la construcción de un mejor país.

Pero el censo es algo más: debido a la rigurosidad y seriedad con que se realiza, es, de hecho, una elaborada y fidedigna investigación de mercado que le permite a las empresas planear sus estrategias en función de las características y necesidades de la población. Las preguntas del censo en Estados Unidos, hay que decirlo, no son nada fuera de lo común. A los residentes en los hogares se les pregunta cuántas personas viven ahí, su raza, sexo, edad y si son propietarios o pagan renta. Con esta información, las empresas toman decisiones importantes: definen dónde abrir tiendas y centros de distribución. El semanario The Economist, en su edición del 9 del enero, destaca el caso de Target, una tienda departamental que opera a nivel nacional y que confiesa que gracias a los datos del censo del año 2000, tomó la decisión de ofrecer más productos para los afro-estadunidenses y los hispanoparlantes en sus tiendas localizadas en la capital nacional.

La utilidad de la información del censo es igualmente válida para los oferentes de servicios, como las cadenas de restaurantes. De hecho, el censo de 2010 ha despertado un interés mucho más fuerte que antaño en las empresas, debido a que con la recesión, no quieren tomar decisiones ni arriesgar en sus proyectos de inversión, a menos que cuenten con información fehaciente. Y el censo cumple esa función, porque encima de todo, les ahorra millones de dólares en investigación de mercado.

Por esta razón, la Oficina del Censo cuenta con el apoyo que le brindan unas 47 mil empresas, las cuales están apoyando la intensa labor de difusión entre la población. Baste mencionar que en el año 2000, la Oficina del Censo contó con el apoyo de menos de la mitad de las corporaciones que hoy la respaldan. El censo, en sí, es visto por todos los sectores involucrados, como un juego ganar-ganar. Tan sólo la campaña para publicitarlo, se estima en 300 millones de dólares y los alcaldes y gobernadores cooperan con gusto ante la expectativa de que el conteo de la población les reditúe en jugosos subsidios gubernamentales.

Un hecho a destacar es que la Oficina del Censo está añadiendo algunas preguntas que a las empresas les permitirán apoyarse menos en grandes campañas de publicidad a nivel nacional, centrándose, en cambio, en los hogares de un municipio o barrio determinados a partir de los gustos y necesidades identificados en el conteo.

Los lectores dirán: bueno, pero Estados Unidos es un país desarrollado y por eso puede hacer un censo con esas características. El hecho es que, cuando las cosas se planean correctamente, son muy pocos los márgenes para cometer errores. Se puede cuestionar que la información recabada se utilice con fines mercantiles. Pero, como se explicaba con anterioridad, esa es sólo una de las múltiples aplicaciones que puede tener cualquier conteo de población.

Volviendo al caso de México, no sólo se trata de saber cuántos habitantes tiene el país, sino saber más sobre su calidad de vida. Ciertamente, y a diferencia de lo ocurrido con IBM y Alemania en los años 20 y 30 del siglo pasado, no se vislumbra que en el censo que está por desarrollar México, los resultados se utilicen para actuar en contra de la población –aunque se podría especular que el abandono en que se encuentran millones de comunidades en todo el país, en particular las indígenas, es resultado, justamente, de la subvaloración en que se tiene al conteo de la población. Las dos experiencias aquí reseñadas dan mucho en qué pensar, pero sobre todo revelan lo importante que es un censo.

Hay 6 comentarios en este artículo



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Lic Adriana Barraza

2010-01-27 23:42:49

México

¡Qué nota más triste!Es decir que cuando nos dicen que somos 106 millones de mexicanos ¿el dato es una \"aproximación\"?¿Cómo se pueden solucionar los problemas del país si no contamos con información fidedigna y veraz?Es como si quisiéramos entrar a una mina muy oscura sin linternas,sólo podríamos avanzar a tientas.

Mariane Estefan

2010-01-26 23:12:04

mex

caray el tema es tan interesante que ya suspendí la lectura de noticias del imperio,que esta muy padre,pero con tantas noticias y chismes tan interesantes en esta revista!!!!!!!!lo de ibm no tiene nombre!!!!!saben si va a indemnizar a las victimas o mas bien a los dsecendientes de las victimas del holocausto como hizo la volkswagen y otras empresas que usaron mano de obra judia=esclava durante la guerra?

Teresa Encarnacion

2010-01-26 19:54:53

méxico

abajo ibm!!!!!! y fuera dante lopez de los pumas!!!!!!!!!!

Erika Moreno

2010-01-26 18:53:15

México

Buenas tardes. Yo soy investigadora jubilada del Instituto de Geografía de la UNAM y trabajé también en algún momento para el INEGI. La problemática reseñada en el artículo no es nueva: nuestros censos siempre son \"aproximaciones\". Hay muchas regiones del país que no entran en el conteo porque los censores no pueden llegar hasta lugares tan recónditos. Esa es la historia nuestra con los censos. Los americanos son empresarios y a todo le ven una utilidad, hasta en las cosas que nosotros nunca imaginamos. Lo de IBM sí me sorprendió mucho pero es un dato revelador: ¿cómo sabían Hitler y los nazis con tanta exactitud quiénes eran judíos y quiénes no?¡Muy impresionante!

Gabriel Mendoza

2010-01-26 18:39:08

Argentina

Qué tema tán interesante.¿Saben que en mi país los censos son cada 10 años pero que por la crisis económica los de 1990 y 2000 se efectuaron un año más tarde?En mi país el censo lo hace el INDEC y justo ahora hay una gran polémica porque según algunos legisladores,el INDEC no tiene la capacidad para manejar apropiadamente tanta información ni garantizar que el proceso sea unm fraude.¿Ven como no sólo México tiene problemas?

Marichu

2010-01-26 17:59:35

MEX

Primero de la UNESCO y ahora esto. Qué pasa? Qué cosa se metieron nuestros funcionarios? Los censos son una cosa seria y los americanos por eso son potencia mundial porque todo lo hacen con seriedad y por cierto qué historia la de IBM y qué poca,por eso hay que usar Mac o como yo, HP