A ver a ver, sugiero que en cuestión de gustos seamos razonables y aceptemos los de todos, pero también convoco a cuestionarlos y a establecer una polémica intensa sobre éstos. Por ejemplo, yo tengo todo el derecho de decir que Nicole Kidman es una de las mejores actrices de todos los tiempos pero tengo la obligación de aceptar que Australia, Reencarnación o Hechizada son tres auténticos bodrios, entre otros en los que la diosa ha participado. Puedo no reconocerlo, cierto, y así sujetarme al escarnio de los otros para lo cual sólo me queda la salida de que los fanáticos, con todo lo que implica el término, me cobijen frente al mundo que no me (nos) comprende. Pero no lo hago e insisto, esas cintas son peores que Amélie, la escuincla metiche que le quiere componer la vida a todos.
Puestas así las cosas y siendo siempre muy respetuoso de la prolífica autora que es María Cristina Rosas, trato de no confundir el respeto con el silencio o la falta de réplica a ella, que considera a Los Simpson entre las mejores películas de la década. No estoy de acuerdo con eso y lo digo desde el soporte de ser alguien que durante 20 años ha disfrutado la serie de televisión. Prosigo.
En principio, ojalá coincidamos en esto: en la definición de gustos siempre hay referentes, cualesquiera que sean, culinarios, artísticos, literarios y cinematográficos, entre todos los demás. Y para evaluar aquel filme estrenado en 2007 el referente es, precisamente, la serie de televisión que lleva el mismo nombre. No podía ser de otra manera y así lo declararon en su momento igual el director, David Silverman, que los productores entre quienes destaca, claro, Matt Groening. Si esto es así, la película se situó muy por debajo de mis expectativas. Por cierto, lo mismo me pasó cuando, siendo también un seguidor de Michael Jackson, en 1988 fui a ver todo ilusionado Moonwalker, lo que para mí significó una de los más fuertes traumas de la juventud perdida. No obstante, comprendí de inmediato que una cosa es un extraordinario cantante y otra el cine, y que por eso ambos espacios de creación merecen todo el respeto y el deslinde. Por eso a fines de 2009 jamás esperé ver desnuda a Marge en Playboy y, en cambio, sigo rezando para que algún día nos muestre Kidman su espléndida naturaleza con todo y arbolitos y ríos en ésa o en cualquier otra revista.
Aunque se enojen todos los fanáticos de Los Simpson, entre ellos la auténtica legión que habita en San Luis Potosí, estoy seguro de que sabrán perdonarme porque a mí también me gustan mucho Los Simpson e incluso la considero como la serie de televisión más creativa e incluso influyente en toda la historia. Pero la película no me gusta, repite lugares comunes que en su momento, cuando en la tele, nos impactaron a todos, el argumento es pueril y sin duda se nota que no daba para que la cinta durara los 88 minutos que dura y por eso a mí me pareció muy cansada. Si del asunto de la contaminación hablamos y nos atenemos a los dibujos animados, coincido con Marco Levario, Wall E es mucho mejor (aunque él sea tan cursi y mencione a Bambi, ¡Dios mío!). Por eso considero que Los Simpson, la película, es una de las mayores decepciones de la década, incluso ni siquiera la puedo ver como un buen extracto de toda la creatividad que para la pantalla chica ha mostrado Matt Groening.