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Jueves 2 de Septiembre 2010
12:24 hrs
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El 26 de noviembre de 2003, el avión supersónico Concorde despegó por última vez. Habían transcurrido 34 años desde su primer vuelo (1969), y 27 años desde que inició operaciones comerciales (1976). Considerado como un prodigio de la tecnología, el Concorde fue creado a iniciativa de Francia y la Gran Bretaña, combinando los esfuerzos manufactureros de las corporaciones Aéroespatial y British Aircraft Corporation –hoy British Aerospace-.
La idea data de los años 50, cuando las dos naciones europeas más Estados Unidos y la Unión Soviética analizaron la posibilidad de desarrollar vuelos supersónicos. Sin embargo, fueron Francia y la Gran Bretaña quienes se adentraron en el proceso de diseño y los prototipos correspondientes. En el caso británico, el desarrollo del prototipo era tan costoso que el gobierno empujó a British Aircraft Corporation a buscar un socio en el exterior y aunque se recurrió a diversos países, sólo Francia respondió afirmativamente. La creación del avión llevó a la firma de un tratado internacional entre las dos naciones en 1962, en el cual se dispuso que si el proyecto era cancelado, se impondrían fuertes multas a quien se retractara.
La idea original era producir aviones de largo y corto alcance. Sin embargo, los clientes potenciales no mostraron interés en vuelos supersónicos para distancias cortas, por lo que se prosiguió con la producción de aviones de largo alcance para vuelos intercontinentales. Así, en la segunda mitad de los 60, Francia y la Gran Bretaña dieron a conocer sus respectivos prototipos por separado. Esto llevó a que se produjeran pedidos de unos 70 aviones. Ello auguraba un éxito económico para el nuevo avión. Sin embargo, la década de los 70 fue particularmente adversa para el avión supersónico: la crisis económica llevó a que varios países y empresas originalmente interesados en el proyecto se echaran para atrás. Asimismo, la preocupación por la contaminación por ruido, en particular con la propulsión requerida para el despegue, fue otro factor que influyó en la decisión de cancelar pedidos.
Así, al final sólo se fabricaron 20 aviones, de los cuales seis eran independientes de los destinados a las dos aerolíneas comerciales que los operarían, a saber, British Airways y Air France. Esta limitada cantidad de aviones repercutió en sus costos de producción, estimados en 23 millones de libras esterlinas por unidad, o bien, seis veces más que la cifra originalmente prevista. Asimismo implicó que el avión operara en números rojos y jamás habría sido rentable de no ser por los fuertes subsidios gubernamentales otorgados por Francia y Gran Bretaña.
El 21 de enero de 1976, el Concorde inició vuelos comerciales cubriendo las rutas London-Bahréin y París-Rio de Janeiro (vía Dakar, Senegal). Posteriormente se inició la ruta París-Caracas (vía las islas Azores). Estados Unidos originalmente prohibió el arribo o despegue de la aeronave en atención al ruido que generaba. Sin embargo, el hecho de que el avión presidencial de ese tiempo, el Air Force One era más ruidoso que el Concorde, se le otorgó el permiso correspondiente. Así, el Concorde cubrió las rutas de Londres a Nueva York y de París a Nueva York y viceversa a partir del 22 de noviembre de 1977. El tiempo del viaje se redujo a la mitad de lo que normalmente le toma a un avión convencional cubrir esas rutas transatlánticas. En los tiempos del auge petrolero, el Concorde llegó a cubrir la ruta París-México (vía Nueva York o Washington DC) dos veces por semana entre 1978 y 1982.
El 25 de julio del año 2000 el Concorde se estrelló en Gonesse, Francia, muriendo todos sus pasajeros y miembros de la tripulación. El accidente no se produjo por fallas en el avión, sino por un fragmento de metal de un avión de Continental Airlines que había despegado cuatro minutos antes. El fragmento se incrustó en una de las llantas del Concorde, la cual explotó, y una parte de la llanta golpeó un tanque de combustible y rompió un cable eléctrico. Previo al accidente –el único en su historia de operaciones-, el Concorde tenía la reputación de ser el avión de pasajeros más seguro.
Ciertamente el accidente llevó a hacer adecuaciones para proteger los sistemas eléctricos del avión, el cual reanudó operaciones el 17 de julio de 2001. Cuando tuvieron lugar los ataques terroristas del 11 de septiembre, un Concorde que cubría la ruta Londres-Nueva York se encontraba en pleno vuelo, aunque sólo con empleados de la empresa. Dos años después, las autoridades de Francia y la Gran Bretaña anunciaron, por separado, que el avión cesaría sus operaciones en los siguientes meses debido a la mala imagen que se generó a raíz del accidente del 2000, al declive en el número de pasajeros, y el impacto de los ataques terroristas del 11 de septiembre en la industria de la aviación comercial.
Desde que el Concorde cesó operaciones, el consorcio europeo EADS anunció que estaba trabajando con Japón para desarrollar un nuevo avión supersónico más sofisticado que aquél. De hecho ambos destinan un millón de dólares anuales a estudios para la nueva aeronave, pero ciertamente se requieren muchos más recursos para hacerla una realidad. Al día de hoy, la investigación en torno a nuevos aviones supersónicos continúa y tal vez en un futuro cercano, se desarrolle el nuevo avión al que Frank Pourcel le pueda dedicar un tema musical.
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