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Automatización y desempleo tecnológico

José Luis Durán King

17 de septiembre 2013

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Nottingham, Reino Unido, al término de la primera década del siglo XVIII, una de las muchas protestas que hubo en busca de mejores condiciones laborales tomó un sesgo diferente que al parecer sorprendió incluso a los propios descontentos. Los manifestantes, de hecho, exigían trabajo y un salario justo. Nada nuevo, pero aun así ninguna de las dos peticiones fue atendida por las autoridades británicas. En vez de diálogo y reflexión, elementos del ejército arremetieron con lujo de violencia contra los trabajadores, deteniendo a varios de los líderes.

Las protestas no concluyeron con la aprehensión de los obreros. Las acciones se radicalizaron, al grado que un grupo de trabajadores, en una acción consensuada, atacó un taller, provocando un incendio nocturno que destruyó 60 máquinas de tejer medias. Pero ahí no paró la cosa, la destrucción de máquinas se extendió como pólvora, y pronto las zonas industriales de Lancashire y Yorkshire imitaron el ejemplo original, con una nueva variante: los obreros se aglutinaron a la sombra de un personaje imaginario al que llamaron “Capitán Ludd”, quien supuestamente redactaba los mensajes a los patrones industriales.

La idea inicial de trabajo y mejores condiciones salariales fue sustituida por la exigencia del retiro total de las máquinas. Si en una determinada fecha las instrucciones habían sido desatendidas, las piezas industriales serían destruidas, además de que –los mensajes señalaban—, en caso de oponer resistencia los dueños o capataces serían asesinados y sus propiedades quedarían reducidas a metal fundido.

En este último punto, el gobierno británico tomó la delantera y detuvo en 1813 a varios “ludistas”, enviándolos al patíbulo. A la ejecución de los trabajadores siguió una persecución sin tregua que trajo como consecuencia que el movimiento ludista prácticamente se extinguiera en Reino Unido, no obstante que en los años 30 de ese mismo siglo la ideología y la movilización del Capitán Ludd tenía raíces firmes en diferentes enclaves del viejo continente.

El movimiento ludista hibernó históricamente hasta finales del siglo XX, cuando surgió el “neoludismo”, una serie de acciones cuya praxis estaba en franca oposición a cualquier avance científico que tuviera como base la informática. Con aromas claramente identificados con las tesis cyber, para los neoludistas la tecnología aliena por igual a explotados y explotadores, lo que convierte a ambos segmentos en parte del engranaje tecnológico.

La tesis de los neoludistas ha tomado mayor vigencia a la luz del avance tecnológico en lo que va del siglo XXI y la pérdida de empleos, un fenómeno que se observa a escala global, sobre todo en los países altamente industrializados. La premisa en este debate es que “El índice de progreso tecnológico y el efecto que tiene en la productividad y el desempleo estructural ha estado sujeto a opiniones diferentes y contradictorias, en particular con respecto al papel que la automatización computarizada puede tener en el empleo”. (“Technological unemployment”. Wikipedia, the free encyclopedia).

La gran disociación

David Rotman, en su artículo “How Technology Is Destroying Jobs” (MIT Technology Review. Junio 12, 2013), aborda de forma acuciosa la afirmación de Erik Brynjolfsson, profesor de la Sloan School of Management del Instituto Tecnológico de Massachussetts (MIT), y de su colaborador y Andrew McAfee, quienes señalan que los avances en la tecnología de la computación –a los que califican de “impresionantes”— tienen una gran responsabilidad en el lento crecimiento del empleo en los recientes 15 años. Ambos especialistas se refieren lo mismo a la robótica industrial que a los servicios de traducción automática, que han impactado en un amplia gama de profesiones como derecho, educación e incluso medicina.

La premisa en el estudio que desde hace algunos años actualizan Brynjolfsson y McAfee va más allá de la obviedad que indica que la automatización y el software puede sustituir a las personas. Los investigadores más bien abonan la tesis de que el vertiginoso cambio tecnológico ha borrado del mapa laboral puestos de trabajo con mayor rapidez de lo que estos espacios se crean. Para estos investigadores, la ecuación anterior es causante del “estancamiento de los ingresos medios y el crecimiento de la desigualdad en Estados Unidos”.

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