Jueves 9 de Septiembre 2010
16:19 hrs
3 de noviembre, 2009

Barack Obama: a un año de su elección

Washington D. C., EU.- No cabe duda que Barack Obama es profundamente mediático. Tiene un buen manejo de imagen, pese a que ha debido hacer frente a una calamidad tras otra desde que arribó al poder. La única buena noticia para él, más que para el pueblo estadounidense, es que se le designó como ganador del Premio Nobel de la Paz, pero este hecho, per se, le crea más dificultades porque podría dar la impresión de que hace demasiado por la paz mundial en contraste con la solución de los problemas internos del país, que no son pocos.

Muchos se preguntan si Obama puede realmente lidiar con tantas crisis: si fuere médico, es como si recibiera a un paciente que es internado por una dolencia y luego todos sus órganos vitales empezaran a fallar. La lista de males que enfrenta Estados Unidos es larga: crisis financiera, el problema de las hipotecas, el colapso del sector automotriz, el aumento exponencial del desempleo, los piratas somalíes que tomaron como rehén a un ciudadano estadounidense, la persistente amenaza terrorista, más, por supuesto, las guerras en Afganistán e Irak, y el deterioro de la situación en Pakistán.

En contra de Obama operan, su falta de experiencia en la toma de decisiones, su perfil profesional –como trabajador comunitario en Chicago-, como legislador estatal, y por muy poco tiempo, como senador. A su favor tiene cierta capacidad de liderazgo, toda vez que ha mostrado por lo menos la voluntad para actuar rápido y ha dado la cara ante cada infortunio que agobia a la nación.

A muchos –sobre todo los republicanos y conservadores en general- les preocupa la cantidad de recursos económicos que Obama está gastando para estimular la economía y dar vigor a los programas correspondientes. En el fondo se trata de que el gobierno haga lo posible por estimular la economía, idea que le agrada a todo el mundo, no así algunas agendas relacionadas. Por ejemplo, la principal prioridad del Presidente es la reforma al sistema de salud y la ha estado impulsando de manera decisiva, pero es claro que un sistema de salud como el que propone Obama no es gratuito y que demandará recursos cuantiosos. Además no todo depende de lo que decida el Presidente. Al día de hoy, de todo lo que ha pedido al Congreso, sólo le han autorizado 787 mil millones de dólares como parte del paquete de estímulos económicos.

Y la población, mientras tanto, ya se empezó a desesperar. A un año de la elección de Obama, la otra pregunta importante es ¿qué tan pacientes son los estadounidenses? Una encuesta publicada en el diario USA Today el pasado 28 de octubre revela que aunque hay preocupación en la sociedad, aún se percibe a Obama como líder, además de que se observa un relativo optimismo, si bien en declive, en torno a su estilo de gobierno y las prioridades que tiene.

Así, ante la pregunta de qué tan satisfecha está (ba) la población con la forma en que se hacen las cosas en Estados Unidos, el 26% dice estar de acuerdo, contra un 13% hace un año (noviembre de 2008). ¿Qué tan liberal perciben a su Presidente los estadounidenses? Hace un año sólo el 24% veía a Obama “muy liberal”. En la actualidad la cifra se ubica en el 34%.

De cara a la pregunta de cuáles deben ser las prioridades de Obama, hoy el 41% de los interrogados afirma que debe ser la economía (hace un año el porcentaje era de 64%), el 18% dicen que Irak y Afganistán (frente al 11% un año atrás), el 17% dice que el sistema de salud (hace un año sólo 5% le daba importancia a este tema), y el 14%  se preocupa por el déficit presupuestal a nivel federal (frente al 7% hace un año).

Otras consideraciones interesantes incluyen que el 60% de quienes participaron en la encuesta piensan que Obama mejorará el respeto de Estados Unidos en el exterior (frente a un 76% el año pasado); un 57% considera que será capaz de mantener seguro al país frente a la amenaza terrorista (hace un año la cifra era de 62%); el 56% piensa que será capaz de repatriar a las tropas que se encuentran en Irak sin dañar los intereses de la nación (frente al 66%); el 51% está de acuerdo en que reducirá el desempleo (frente al 67%); el 46% afirma que repatriará a las tropas que se encuentran en Afganistán sin dañar los intereses de la nación (frente al 58%); el 46% dice que mejorará el sistema de salud (frente al 64%); el 31% dice que podrá controlar el gasto federal (hace un año el 52% así lo creía); y quizá el rubro donde más problemas percibe la ciudadanía es el de su capacidad para sanar las divisiones políticas, apartado en el que sólo el 28% de los interrogados le dan un voto de confianza (frente al 54% hace un año).

En suma, a un año de su elección, Obama atestigua la caída de sus números “buenos” y van creciendo las opiniones desfavorables, aunque dicen, quienes saben de esto, que no hay por qué alarmarse, toda vez que siempre que se produce un cambio de gobierno suelen crecer las expectativas, y que estas bajan conforme pasa el tiempo. Pero ¿hasta dónde pueden reducirse los números “buenos” de Obama? Sumando los porcentajes referidos en los párrafos anteriores, en política exterior crece la opinión de quienes piensan que las cosas no se hacen como se debiera, y que Estados Unidos está perdiendo espacios e influencia en el mundo (claro, siempre se le podrá echar la culpa a Hillary Clinton, responsable de la Secretaría de Estado, pero es obvio que aunque a ella no le guste, la política exterior la tiene que consensar con Obama. Pero aun cuando se dejara fuera la temática relacionada con política exterior, las expectativas en torno al Presidente han bajado, en particular, respecto al sistema de salud (que, como ya se dijo, es su principal prioridad), la disminución del desempleo y el gasto del gobierno federal.

Claro que como se insistía en el inicio de la presente reflexión, Obama tiene buen manejo de relaciones públicas, buena prensa, buena imagen pues, y por lo tanto, los números arriba expuestos, aunque preocupantes, no son ponderados por los analistas políticos –todavía- como preocupantes. Aunque claro, el Presidente Obama no podrá sobrevivir a base de imagen: en su película/documental más reciente, Capitalismo, una historia de amor, Michael Moore reitera hasta el cansancio la situación tan lamentable en que se encuentra Detroit, otrora centro industrial automotriz de primer orden a nivel mundial. El mismo Moore no logra controlar sus simpatías por Obama, pero pone el dedo en la llaga acerca de los problemas de la nación que son muy graves, lo suficiente como para empezar a trabajar más en torno a soluciones reales, que en la imagen del Presidente.

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