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El discurso improvisado

08 de mayo, 2013
Rubén Aguilar Valenzuela

El discurso improvisado es apreciado y está bien valorado entre los políticos y también los funcionarios de los distintos órdenes de gobierno. La improvisación, desde tiempos inmemoriales, forma parte de los usos y costumbres de la cultura política nacional.

Estos no distinguen lo que es un discurso improvisado, que no se prepara, y lo que es un discurso no leído, pero que sí se prepara. Así, pues, lo primero que debe quedar claro es que no es lo mismo un discurso improvisado que uno no leído, aunque con mucha frecuencia se les identifica y confunde.

Una práctica frecuente

La práctica consolidada es la improvisación y lo común es ver a los políticos y funcionarios subir al atril o tomar el micrófono, en los distintos eventos donde participan, sin preparación alguna y por lo mismo sin tener claridad sobre las ideas que pretende posicionar en el auditorio. Al final, sin tener ningún parámetro de medición, suelen sentirse satisfechos con su propio discurso. Ellos, no las audiencias son el criterio de evaluación.

De parte de quienes improvisan algunos de los argumentos o justificaciones más socorridas para hacerlo son: que se es un buen orador y no es necesario ningún tipo de preparación previa; que la gente se aburre con los discursos leídos; que ellos manejan bien el tema y también que tienen poco tiempo y no lo pueden perder en preparar discursos. Es también frecuente oír que no les “gusta” los discursos que les preparan sus equipos y por lo mismo la más de las veces los tiene que dejar de lado.

La improvisación, tal como se ha descrito, implica por la vía de los hechos, de parte de los políticos y funcionarios públicos, una clara falta de respeto a las audiencias a las que se dirigen. En la práctica se asume que los que están ahí presentes, a veces acarreados, van a aceptar, sin más, lo que se les diga. Las audiencias, pues, no cuentan y deben conformarse con cualquier cosa.

Esta práctica también muestra, de parte del político o funcionario público, falta de respeto a su propio trabajo. Si para hablar no se requiere pensar previamente lo que se va a decir y no es necesario tener claro el mensaje que se quiere dejar o posicionar, pues la tarea de hacerse presente ante las audiencias es irrelevante y si lo es, que es una actividad que lleva una buena parte de su tiempo, la misma es intrascendente.

Prepara el discurso

La confusión entre el discurso improvisado y no leído debe ser superada para siempre. No deben, pues, considerarse como sinónimos. En la cultura política debe erradicarse la práctica de la improvisación a la hora de que los políticos y funcionarios públicos pronuncian discursos o hacen cualquier tipo de intervención.

El no leer discursos es una práctica válida y muchas veces, tal vez la mayoría, resulta la más adecuada, pero siempre que el político o funcionario público los preparen. La preparación mínima exige que se tenga muy claro las tres o cuatro ideas, no más, que se pretenden comunicar.

Es cierto que la gran mayoría de quienes asisten a los mítines o eventos públicos van, sobre todo, a ver y estar en contacto con los políticos o funcionarios públicos y no les importa gran cosa lo que estos digan. En esta lógica se justificaría, pues, el no preparar lo que se va a decir.

Los políticos y funcionarios públicos con su actitud han contribuido, no son los únicos responsables, a que para las audiencias resulte intrascendente lo que estos digan o dejen de decir. Ellos están obligados, es parte de su tarea, a tratar de “empatar” con sus audiencias. No lo hacen.

El discurso político, leído o no, tiene que articularse como texto educativo y por lo mismo plantearse en forma atractiva y didáctica. Debe, por lo mismo, adecuarse, cada vez, a las condiciones específicas de las audiencias, pero lo común es oír que el político o funcionario público dicen lo mismo en todos lados.

El otro sector que asiste a los eventos son los periodistas y es a estos a los que se les debe ofrecer ideas o datos, para eso van. Los políticos y funcionarios públicos se dirigen a las grandes audiencias mediados por los medios de comunicación. Su discurso debe ser, pues, atractivo a los medios, para que estos los recojan. Si los medios no “retoman” las ideas que plantearon los políticos y funcionarios públicos estas no van a llegar a las grandes audiencias. Los eventos organizados por estos pierden en buena medida su sentido.

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