Buenos Aires.- ¿Qué es LT 22 Radio La Colifata? ¿Es sólo un medio de comunicación o es algo más? ¿Qué sustenta 18 años de un trabajo sin interrupciones, cuando pudo haber sido sólo una moda, como lo fueron otros proyectos mediáticos? ¿Por qué sigue convocando a miembros de la comunidad, artistas y terapeutas, al punto de haber inspirado al menos 50 experiencias similares fuera de Argentina y más de 20 en el país? ¿Quiénes hacen La Colifata? ¿Los pacientes psíquicos o los profesionales de la salud mental? ¿Qué papel tiene la comunidad en esta experiencia? ¿Qué dicen los que hablan en La Colifata? ¿Hay un guión o cada uno dice lo que quiere? ¿Es un proyecto terapéutico? ¿Qué lugar ocupa en este espacio la palabra?
De éstas y otras preguntas surgió esta nota que hoy se acomoda en la página como en un cuaderno de apuntes, como instantáneas de todo lo vivido y aprendido en el lapso de dos semanas, durante las visitas a los jardines del Borda, desde donde los sábados se transmite La Colifata, y del extenso diálogo con el fundador del proyecto, el psicólogo Alfredo Olivera. Son apuntes inspirados en la sintaxis de La Colifata, un discurso que se ordena en el tiempo y que sin saber hacia dónde va, genera trama y contenido. Un texto que se teje y desteje en el acontecimiento, que germina en un presente donde la palabra propia y de los otros es protagonista.
Para empezar, es imprescindible informar. La Colifata es conocida en todo el mundo como la radio de los internos del Hospital Municipal José Tiburcio Borda, ubicado en la ciudad de Buenos Aires, y considerado el instituto más importante de Argentina dedicado a atender la salud mental. Unos 800 pacientes viven actualmente en ese hospicio, que ocupa 32 hectáreas y cuyo futuro es incierto desde que el actual alcalde, el dirigente de derecha Mauricio Macri, anunció su cierre y la construcción de un centro cívico en esos terrenos. Sólo algunos internos, unos 54 en el primer semestre de 2008, unos 46 en el primer semestre de 2009, participaron los sábados en el espacio-radio La Colifata. Eso no significa que todos los sábados participen todos, sino que algunos van rotando y otros no faltan. Incluso, al ser dados de alta, un 50% continúa acercándose al Borda para participar todos los sábados. También se involucran en el programa pacientes externados, los profesionales que coordinan La Colifata, y la comunidad, ya que se trata de un dispositivo radiofónico abierto donde todos pueden apropiarse de la palabra.
Para llegar a La Colifata hay que atravesar parte de los jardines del hospital, un conjunto de edificios antiguos y sólidos que salpican el verde. Los árboles y los gatos son el paisaje. Algunos internos caminan por allí, en soledad y rápido, como si llegaran tarde a alguna parte. Van en pijama o sus ropas están desaliñadas. Algunos están muy desabrigados para estar al aire libre los últimos días de invierno en Argentina. Casi todos llevan consigo una bolsa de plástico con sus pertenencias. Fuman y se muestran amigables ante los desconocidos. Es un cuadro familiar para el ojo acostumbrado a asistir a la decadencia de algunas instituciones gestionadas por el Estado en Argentina, pero inédito para alguien que nunca estuvo en un hospital psiquiátrico.
El sol de la tarde, apenas son las 14:30 horas, filtra cualquier atisbo de sensación negativa e ilumina un espacio colorido y variopinto, donde un montón de personas se acomodan en sillas de plástico en una ronda imaginaria que se cierra en torno a una mesa donde, al comenzar la emisión, se ubicarán Olivera y su equipo de trabajo, junto a dos computadoras y una miniconsola para operar la parte técnica del programa. Eso es todo, no hay más equipos, junto a un par de parlantes y unos cuantos micrófonos que pasarán de mano en mano y marcarán los turnos de intervención de cada participante. En una pizarra está escrita con gis la rutina del día.
Los árboles proyectan sus sombras sobre los participantes y sobre el círculo que delimita el espacio radial. También el viento agita sus hojas y ese crepitar junto al trinar de los pájaros es el sonido de fondo de toda la transmisión, hasta entrada la noche.