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Violencia en las redes sociales

14 de enero, 2013
Mireya Maldonado

La violencia, esa conducta socialmente aprendida, se apoderó de todos los colores partidistas, bandos, edades y formaciones académicas. Los dedos sobre los teclados volaron, sin reflexión, mientras las pantallas con tecnología rudimentaria o muy sofisticada escupieron literalmente un lenguaje verbal enconado, insultante y denigrante. La intolerancia en su más clara expresión.

Se incendian las redes

Los momentos previos al primero de julio fueron los del odio a través de los calificativos. Los posteriores parecieron la relativa calma que precede a la tempestad, para finalmente dar el salto de las redes sociales a las calles. Entonces se convirtieron, durante otra fecha claramente anunciada para el primero de diciembre en Facebook y Twitter, en el encuentro frontal que dio la vuelta desde México para el mundo, a través de imágenes de rabia, palos, balas de goma, piedras, toletes, bombas molotov, detenciones arbitrarias, vandalismo y heridos de uno y otro bando. La sociedad se polarizó aún más.

Presenciamos ciclos. Las redes se incendian, recobran una relativa calma y los fuegos se reavivan. Ayer fueron las elecciones, hoy los hechos sin precedentes que ocurrieron en la llamada “Ciudad en movimiento” que lastimaron a todos y mostraron la fragilidad de la convivencia. La tecnología es herramienta. Los seres humanos le damos el tono.

Gracias a la tecnología podemos tener comunicación, información, relacionarnos con personas de las que en otro momento no pudiéramos pensar ni siquiera tener noticia de ellas. Sin embargo, hay fenómenos que van a la par de este avance tecnológico, de este ciberespacio que es mundial: el tono de violencia que vive México y la humanidad entera, comenta la doctora Victoria Adato Green, exprocuradora de Justicia del DF y actual directora del Programa sobre Asuntos de la Niñez y la Familia de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH).

El doctor en ciberperiodismo: José Luis López Aguirre, profesor de la Universidad Panamericana (UP), comenta que antes de las elecciones las redes sociales fueron usadas para acribillar, con argumentos más emotivos que racionales, a usuarios cuyas posiciones ideológicas causaban prurito.

Incluso se suscitaron casos de linchamientos virtuales porque la inmediatez muchas veces no permite la reflexión. “Creo que ese es un síntoma de la inmadurez de los usuarios. Muchos piensan que lo que sucede en lo virtual se queda en el terreno de lo intangible”.

Carlos Marín, director general editorial del Grupo Editorial Milenio, se remite a los males de la intolerancia cuya expresión más evidente se dio con el nazifascismo a mediados del siglo pasado: “No encuentro ninguna diferencia entre esa intolerancia con la del medioevo o cualquier época donde hubiera habido esta cerrazón a la argumentación y al diálogo. Lo novedoso ahora es que por las nuevas tecnologías se multipliquen esas expresiones de virulencia”.

Él cree que esa intolerancia no parte de lo que la gente ve en medios sino de atavismos culturales. “Yo creo que los dos problemas más graves de México son la corrupción y la intolerancia. De ahí se deriva todo lo demás, incluida la narcodelincuencia y la delincuencia común”.

Y porque las palabras también pueden ser armas es válida la pregunta: ¿Las voces, videos, twits, post de Facebook juegan un papel determinante cuando se rebasa lo virtual para instalarse en lo real?

Posiblemente se trata de una pregunta que no tiene una sino muchas respuestas, sobre todo si tomamos en cuenta los fenómenos que han provocado esos medios en las conductas humanas del siglo XXI, desde el sonado caso que casi paralizó al Puerto de Veracruz, cuando se enviaron y reenviaron mensajes que advertían falsamente del ataque de comandos contra la población, hasta los mensajes antisemitas a propósito del conflicto de la Franja de Gaza.

Cifras de la Asociación Mexicana de Internet (AMIPCI) dan una pálida idea del poder que germina y se vierte en esos espacios virtuales: en 2010 el número de internautas en México alcanzó los 34 millones 900 mil. El 61% entran al menos a alguna red social, es decir casi 25 millones en su mayoría mujeres y de esos al menos seis de cada diez acceden diariamente a Facebook, Youtube o Twitter, las más conocidas y utilizadas en nuestro país.

La intolerancia

Rudolf Virchow, uno de los más prominentes patólogos del siglo XIX decía que “la libertad no es poder actuar arbitrariamente sino la capacidad de hacerlo sensatamente”. Surge entonces uno de los quid pro quo que da origen a este trabajo que ha recurrido a varias voces y opiniones distintas en torno al que algunos consideran como ese quinto poder que atisbó sus primeras luces en 2004, en el caso de Facebook y dos años después en el de Twitter ¿la violencia verbal y la intolerancia en las redes son riesgos inherentes de la libertad de expresión?

Ivonne Melgar, reportera en Excélsior-Grupo Imagen- Cadena Tres, dice: “Más que un riesgo para la libertad de expresión es una tendencia que la desvirtúa. Somos una sociedad que pasó de la censura y de la autocensura en los medios de comunicación hegemónicos, tradicionales, a la posibilidad de hablar sin cortapisas en medios alternativos como las redes. En ese tránsito, casi un salto, hemos caído en el exceso de pretender equiparar la libertad de expresión con la posibilidad de difamar, acusar, prejuzgar, insultar. El peligro es irnos con la finta de que ese clima es un ejercicio de la democracia”.

Mientras, el escritor Benito Taibo considera que, efectivamente, intolerancia y violencia verbal son riesgos de la libertad de expresión y agrega “las redes contienen en sí mismas un elemento peligroso y sin embargo necesario: cierto grado de anonimato que permite las más soeces injurias o la intolerancia. Y a pesar de ello, lugar privilegiado donde los que antes no tenían voz, han encontrado un espacio para expresarse. A pesar de que la expresión sea en muchos casos violenta, ha abierto nuevas puertas y ventanas que no existían.

Creo que debemos acostumbrarnos al fenómeno, no tenerle miedo. Generalmente cuando sucede, se hace un vacío alrededor del que injuria, se le condena a un ostracismo cibernético y lentamente, de esa manera se le neutraliza. Además, hay que tomar en cuenta el tema de la “instantaneidad”. En minutos lo escrito en el ciberespacio desaparece para dar paso a un nuevo tema. La rapidez con la que todo sucede hace que la violencia verbal o la intolerancia se desvanezcan. Y se olvide.”

Y Carlos Marín, quien ha sido víctima evidente de la intolerancia y los macanazos verbales, marca su distancia “Yo, quizás por mero instinto, no le he entrado ni pienso entrarle al Facebook o al Twitter”. Narra que de los cientos de correos que recibe diariamente revisa aproximadamente cincuenta “Hay de todo, pero no es raro que me encuentre cuatro o cinco de una virulencia conmovedora. Si lo tomara en serio sería escalofriante porque contienen una virulencia de exterminio, de odio y descalificación” y admite que los contesta con el mismo decibelaje.

Un lenguaje para el desencuentro

Y ya que hablamos de los usuarios sin fama, recordemos también a los que sí la tienen, por ejemplo los líderes de opinión, los políticos, las figuras reconocibles. Para Ivonne Melgar “resulta lamentable que los partidos políticos no frenen el lenguaje violento. ¿Qué más ejemplo de la violencia política que la cumbre de gobernadores y legisladores del PRD para definir en qué grado torpedean la ceremonia del relevo presidencial?

Pero no olvidemos que la comunicación es una expresión de la política y de las relaciones sociales. De modo que los primeros en regular la violencia verbal deberían ser los actores políticos”.

Entonces más que aventurado, resulta descriptivo y poco alentador mirar, leer que la actuación de líderes políticos, sociales o religiosos da pie para que se incremente la violencia verbal y la intolerancia.

Ivonne recuerda que “las recientes declaraciones de Jesús Zambrano, líder del PRD, son ejemplo de ello, cuando afirmó que había “mucha gente enojada” por el resultado electoral y que ello justificaba las protestas en la toma de posesión de Enrique Peña Nieto.

En particular Andrés Manuel López Obrador es un ejemplo claro del aval social que la violencia verbal de los políticos tiene entre la ciudadanía. Felipe Calderón como presidente también ejerció un lenguaje político de choque y con violencia. Sus señalamientos a los críticos carecieron de cortesía y de tolerancia.

Uno de los colaboradores más cercanos a Calderón, el ex secretario del Trabajo, Javier Lozano, es un tuitero que recurre a la violencia verbal con frecuencia.

La jerarquía católica tampoco se salva. Sus dirigentes no propician el entendimiento. Juzgan, proscriben, descalifican.

Pero lamentablemente, también nuestros intelectuales tomaron partido en la polarización que hemos vivido en la última década. Prominentes escritores en algún momento hicieron suyo el término de “Fecal” para asumir una postura política a favor de AMLO”.

Sobre la actuación de los políticos Taibo agrega: “Esos líderes han hablado durante años a un público silencioso y aborregado. Estaban acostumbrados al elogio y a la palmada en el hombro. Creo que lo que está surgiendo es un ejercicio hipercrítico de la nueva sociedad de la comunicación instantánea, y tendrán que pensar mucho y muchas veces lo que digan y lo que escriban. Y esperar la respuesta…”

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