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Martes 9 de Febrero 2010
10:38 hrs
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| día a día |
En esta era en que las personas están obsesionadas con la esbeltez, provocando, por tanto, la proliferación de bulímico (a) s y anoréxico (a) s, ¿es necesario que lo (a) s cantantes de ópera luzcan como modelos de Giorgio Armani? Antes decían que “la gordura da hermosura.” Pero como diversos estudios coinciden en que la obesidad está asociada a numerosas enfermedades, muchos individuos han tomado conciencia de los riesgos de las “llantitas” y las “panzas de menudero” y cuidan su peso. Hasta aquí todo está muy bien. El problema viene cuando la esbeltez se convierte en un estilo de vida con el subsecuente mensaje: “los gordos son fracasados.” Según esto, sólo los (as) esbeltos son exitosos, ricos y famosos. La salud, por supuesto, pasa a un segundo plano de importancia: el objetivo es ser delgado (a), no importa el costo.
En el caso de los (las) cantantes de ópera, evidentemente su masa corporal es importante para sostener el esfuerzo vocal que realizan. Existen casos ampliamente documentados de celebridades de la ópera que en aras de perder peso, experimentaron problemas con su voz, como, por ejemplo, María Callas. Se cuenta que en los inicios de su carrera, Callas era “chonchita” y que pesaba unos 100 kilos. A pesar de ello, quienes la conocieron en esa época afirmaban que era una mujer hermosa. Pero ella no estaba conforme con su figura, porque según su testimonio, no había correspondencia entre los papeles que interpretaba y su figura. Entonces, decidió bajar de peso y entre 1953 y 1954 perdió 36 kilos. Su reducción de peso, explicaba ella, la logró con una dieta a base de verduras y pollo. Y ciertamente su aspecto cambió: se veía esbelta. Pero este cambio en su apariencia tuvo un costo: para finales de los 50 todos destacaban la pérdida de feminidad y suavidad en su voz.
En sus inicios, Callas era una poderosa soprano y cantó óperas que tenían un enorme grado de dificultad. Algunos de sus biógrafos refieren que esto probablemente contribuyó, al igual que su pérdida de peso, al declive posterior de su voz, dado que se esforzó demasiado con melodías que requerían tiempo y una preparación especial a lo largo de su vida. Personas cercanas a ella dicen que se ha puesto demasiado énfasis en estos aspectos –su obsesión por ser delgada y su esfuerzo vocal muy temprano en su carrera-, y que el problema real que tenía María Callas era de autoestima.
En cualquier caso, hay de sopranos a sopranos y María Callas logró contar, en sus mejores momentos, con un amplio repertorio que iba desde óperas clásicas hasta óperas del bel canto, utilizando en este último caso una técnica que le imprimía gran dramatismo a sus interpretaciones y por eso se le considera, debates aparte, la mejor soprano del siglo XX.
¿Qué hay del siglo XXI? Aun cuando una parte muy importante de su carrera la realizó en el siglo XX, Montserrat Caballé todavía emociona a los fans del bel canto, en particular con sus interpretaciones de las obras de Rossini, Bellini, Donizettu y Verdi –todavía en 2007 se le pudo escuchar en la Ópera Estatal de Viena. Su presentación en el Carnegie Hall de Nueva York en 1965, que le valió una ovación de pie por parte de la audiencia a lo largo de 25 minutos, fue la que posibilitó su salto a la fama –ella ya había cantado en México, en el Palacio de Bellas Artes en 1962, y ya era muy reconocida.
Sin embargo la mención de Caballé, más allá de que se trata de una de las mejores sopranos vivas (nació en 1933), es importante por esa recordada incursión en la música pop que hizo al lado de Freddie Mercury del grupo Queen en 1988, grabando el disco “Barcelona”, el cual alcanzó gran notoriedad con motivo de los Juegos Olímpicos de 1992 celebrados en la ciudad natal de Caballé. Este álbum causó grandes controversias, situación parecida a la que enfrentó Plácido Domingo cuando grabó, al lado de John Denver Perhaps Love. Pero tanto Caballé como Domingo sentaron las bases para lo que ahora muchos llaman classical crossover. El crossover, hablando de música, consiste en mezclar dos o más géneros. El término también posee connotaciones peyorativas, en el sentido de que puede sugerir la “degradación” de un género musical específico para acomodarlo al gusto de las masas.

La cantante de ópera María Callas
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