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Jueves 2 de Septiembre 2010
12:30 hrs
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| día a día |
Crónicas desde Salzburgo
Salzburgo, Austria.- La simple mención de Salzburgo remite a su hijo pródigo, uno de los músicos más extraordinarios que haya conocido al mundo y en torno a quien se han creado numerosos mitos y leyendas: Wolfgang Amadeus Mozart. Efectivamente, Mozart nació en Salzburgo, un 27 de enero de 1756, cuando la ciudad era un arzobispado que formaba parte del Sacro Imperio Romano. Aunque su familia estaba destinada a ser numerosa, puesto que Leopold Mozart y Anna María Mozart (padre y madre de Wolfgang) tuvieron siete hijos, sólo dos sobrevivieron: el niño genio y su hermana, María Anna. Ésta era cinco años mayor que Wolfgang. Ambos, desde pequeños, se distinguieron por sus capacidades artísticas y, de hecho, María Anna llegó a ser reconocida como una pianista virtuosa, aunque nunca obtuvo la fama de su hermano.
Dado que María Anna estudiaba asiduamente con Don Leopoldo el clavicordio, el pequeño Mozart comenzó a interesarse en el instrumento. Mucho se ha escrito acerca del don que poseía el pequeño Wolfgang, situación de la que tomó nota su padre, convirtiéndose en su primer maestro y mentor en las artes musicales durante la infancia de su vástago.

Así, el pequeño Mozart, a la edad de seis años, escribió su primera pieza musical, un opus. Desde entonces y hasta su muerte, trabajaría de manera incansable, escribiendo sin parar, con algunas interrupciones breves, pero incluso, en el año de su muerte (1791) tuvo una productividad extraordinaria, mostrando, para ese momento, una gran madurez y alcanzando, en opinión de los especialistas, la exquisitez plena en su estilo y obra.
Vale la pena destacar que aunque Mozart literalmente se mataba trabajando, siempre tuvo una situación económica precaria. Hubo algún momento en que sus ingresos se elevaron sustancialmente, pero también lo hicieron sus gastos, de manera que le era imposible ahorrar para enfrentar las penurias financieras que lo aquejarían a lo largo de su vida.
Al igual que en la familia que lo vio nacer, Mozart, al contraer nupcias con Constanze Weber, estaba llamado a tener una amplia descendencia. De hecho, con Constanza procreó seis hijos, de los cuales sólo dos, Karl Thomas y Franz Xaver, sobrevivieron.
En la obra de teatro que también fue película, Amadeus, su autor, Peter Shaffer se toma muchas licencias para referirse a la vida de Mozart, presentando situaciones y contextos que nunca existieron. El tema central de Amadeus es la presencia de Mozart en Viena y los celos que, sin sospecharlo, despierta en la persona de Antonio Salieri, a quien Shaffer retrata como un músico mediocre que literalmente conspira para dejar a Mozart “fuera de la jugada.” La versión cinematográfica, dirigida por Milos Forman, es soberbia y siempre es una delicia verla, a pesar de sus terribles imprecisiones con la vida del genial músico de Salzburgo. Por ejemplo, a propósito de la supuesta rivalidad entre Mozart y Salieri, resulta que éste último fue, en la vida real, maestro de Francis Xaver Mozart, de lo que se desprende que aun cuando haya habido una rivalidad, esta no era tan grave como se sugiere en Amadeus. Otra licencia que se toma Shaffer es en torno a la “facilidad” con la que Mozart podía escribir una pieza musical, llegando a afirmar, tanto en la obra como en la película, que Mozart elaboraba todo en su cabecita y sólo lo plasmaba en papel para poder entregarlo a sus mecenas y clientes. Hay una parte memorable en Amadeus en que Salieri recibe de manos de Constanze partituras de Mozart que no tienen un solo tachón ni corrección y la mujer de Wolfgang explica al envidioso Salieri que esos son los originales de las piezas escritas, que no hay borradores ni copias. Salieri se siente tonto y miserable al saber eso, y le reprocha a Dios haber dado a una creatura tan vulgar e infantil como Mozart, un don tan extraordinario.
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