Jueves 2 de Septiembre 2010
12:31 hrs
23 de septiembre, 2009

México y Brasil ante la crisis de Honduras

 

los Estados Unidos Mexicanos y el Imperio de Brasil están destinados a ser las primeras naciones de las nuevas del continente americano, ya por su posición geográfica como por el arreglo y economía de la marcha de su administración; que las relaciones que se establezcan consolidarán los intereses recíprocos, y que las dos naciones prestarán en la balanza de la política americana todo el poder necesario para sostener el equilibrio y uniformar las relaciones internacionales.
Visión del gobierno de Anastasio Bustamante en 1831, respecto al establecimiento de relaciones diplomáticas con Brasil

México y Brasil son los dos países más grandes y poblados en América Latina. El territorio mexicano totaliza 1 972 550 kilómetros cuadros, mientras que el de Brasil lo cuadruplica con 8 511 965 kilómetros cuadrados. Existen 108 700 891 mexicanos y 183 888 841 brasileños. En términos del producto interno bruto (PIB), Brasil es la segunda economía más importante del continente americano con 1. 9 billones de dólares (en términos de su poder adquisitivo), sólo superada por Estados Unidos. México tiene un PIB de 1. 5 billones de dólares. Sumando el PIB de México y Brasil, el resultado supera al PIB de Alemania.

Los dos son países en desarrollo. En los índices de desarrollo humano del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), México se encuentra en el 51º lugar, entre los países de alto desarrollo humano, misma categoría en que figura Brasil, aunque en la 70ª posición. Pero estas cifras no dan cuenta de las profundas asimetrías sociales y económicas que enfrentan los dos países, mismos que congregan en sus territorios a la mitad del total de los pobres de América Latina.

Encuentros y desencuentros

Si se caracterizara a las relaciones entre México y Brasil, las palabras más adecuadas serían “encuentros y desencuentros”, en una especie de vinculación pendular. Pese a enfrentar problemáticas afines por su condición de países periféricos, con una pésima distribución de la riqueza y estando fuertemente endeudados, no han logrado cerrar filas para contar con mejores capacidades de negociación frente a los más poderosos. Antes bien, la rivalidad entre México y Brasil ha sido la norma, quizá porque cada uno percibe al otro como un “intruso” en su respectiva región geográfica. Por supuesto que los dos países han tenido importantes coincidencias, por ejemplo, en la década de los 80, ante la crisis del endeudamiento externo, cuya magnitud hermanó a México y Brasil, aunque al final terminaron negociando de manera individual con los acreedores.

 

Cabe destacar que en los libros sobre la historia de la política exterior de México y de Brasil, las referencias a las relaciones mutuas son escasas. Para los dos países, las relaciones con Estados Unidos constituyen una alta prioridad aunque por razones distintas. A México, que comparte una frontera terrestre de 3 326 kilómetros con la Unión Americana, que tiene una enorme diáspora mexicana residente en Estados Unidos, además de estrechas relaciones comerciales y financieras con esa nación, le resulta difícil volver los ojos a otras regiones. Brasil, en contraste, que mantiene fronteras con 10 países –es decir, todo el cono sur salvo Chile y Ecuador- que totalizan 14 691 kilómetros, ciertamente tiende a dirigir su atención a sus vecinos, aunque también a Estados Unidos, Alemania, Japón, y la RP China por la importancia comercial y política que revisten para el gigantesco país. Con todo, Brasil históricamente se ha sensibilizado más acerca de la importancia de sus relaciones con los países latinoamericanos, de lo que lo ha hecho México.

Los datos referidos, son un punto de partida para explicar la histórica rivalidad y los desencuentros entre México y Brasil. Luego de obtener la independencia por canales distintos –la mexicana fue producto de una sangrienta revolución, mientras que la brasileña se obtuvo a través de una negociación con Portugal-, los factores que determinarían el carácter de los vínculos entre las dos naciones, prácticamente estaban definidos, destacando

  • la lejanía geográfica;

  • la interposición de Estados Unidos;

  • el reconocimiento mutuo a un liderazgo regional facilitado por la distancia; y

  • la naturaleza competitiva, no complementaria, de las dos economías.

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