todo el mundo), se convirtieron en parte fundamental de su contenido y se garantizó así, su presencia en la vida cotidiana de las personas. También lo contrario es cierto. Numerosos dibujos animados surgieron cuando ya existía la televisión y de ahí dieron el salto a la pantalla grande, aunque casi sin excepción su mayor éxito fue gracias a la pantalla chica, y en el cine simplemente corroboraron sus altos niveles de audiencia.
De las caricaturas silenciosas a Walt Disney
Ultimadamente el éxito del cine y la televisión frente a la radio estriba en que para los seres humanos importa más lo que ven, que lo que escuchan

(por eso el cine mudo fue tan exitoso, porque reposaba esencialmente en imágenes). A continuación, el tema de los contenidos es fundamental. El cine y la televisión abrieron canales para la venta de entretenimiento a millones de consumidores, por lo que los contenidos efectivamente debían llenar las expectativas de los espectadores.
Los dibujos animados se desarrollaron en Estados Unidos de manera paralela al cine mudo. Es muy difícil entender la evolución de las caricaturas sin analizar el desenvolvimiento del cine pre-sonoro. La primera animación data de 1900 de la mano de J. Stuart Blackton, quien desarrolló un cortometraje a partir de una tira cómica que aparecía en los diarios. Los comics publicados en periódicos y revistas, han sido una fuente inagotable para el desarrollo de los dibujos animados -el mismísimo Matt Groening, a través de su exitosa tira cómica
Life in Hell (
la vida en el infierno) atrajo la atención del cineasta y productor James L. Brooks para desarrollar una serie animada para la televisión, propuesta que derivó en el nacimiento de
Los Simpson-. En las primaras décadas del siglo XX, los padres de los dibujos animados, como Winsor McCay, enfrentaban el reto de convertir a las tiras cómicas de los diarios en exitosos cortometrajes, en un lapso similar al existente en los medios impresos.
[i] Cuentan que McCay consideraba a los pioneros dibujos animados como artistas, y deploraba el mercantilismo que se desarrollaba en torno a ellos. Sin embargo, a menos que esta nueva forma de arte fuera redituable y generara dividendos, no podría haber prosperado. Ya lo decía con bastante desparpajo Andy Warhol: los buenos negocios son la mejor expresión del arte.
[ii]
La animación, como negocio, fue algo que el adolescente Walt Disney entendió perfectamente cuando, en 1919, en la ciudad de Kansas, encontró empleo al lado de otro joven, Ub Iwerks, en la Compañía de Anuncias Fílmicos de la ciudad de Kansas, empresa que producía comerciales animados que se exhibían en los cines de esa urbe. Esta experiencia le permitió a Disney conocer los detalles técnicos de las caricaturas, al igual que el beneficio comercial real y potencial de la animación. Fue así que Disney emigró a Hollywod y desarrolló una serie de cortometrajes basados en el cuento de Lewis Carroll, Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas. Con el éxito que obtuvo con Alicia en la primera mitad de los años 20, Disney se involucró en un nuevo proyecto de animación alrededor de Oswald, el conejo de la suerte, un personaje sumamente parecido al ratón Mickey con la única diferencia de que Oswald tenía las orejas largas, como corresponde a un conejo. Debido a problemas legales con Charles Mintz, quien operaba la compañía distribuidora de sus cortometrajes, Disney hubo de renunciar a sus derechos sobre Oswald y en su lugar diseñó, con la ayuda del fiel Iwerks, al ratón Mickey. Además, con el interés que despertó el arribo del cine sonoro en 1928, Disney visualizó lo que nadie antes había logrado: sincronizar sus dibujos animados con sonidos. Pues bien, en ese año se dio a conocer un cortometraje protagonizado por Mickey, denominado El barco de vapor de Willie, en el que aparece el célebre ratón torturando a un gato (esta escena ha sido parodiada en Los Simpson, cuando el ratón Daly (presentado en blanco y negro, con una cinematografía que emula a la de los primeros cortometrajes de Disney) arroja a patadas a la caldera del barco al atribulado Tomy. Lo más importante del barco de vapor de Willie es que Disney logró esa sincronía tan anhelada entre sus caracteres animados y el sonido.
Sin embargo, en sus orígenes
, Mickey era violento y malvado, y los padres de familia protestaban por lo que percibían como nocivo para sus hijos. Pero los cortometrajes de
Mickey eran muy exitosos. Cada nuevo episodio del irreverente ratón era anunciado en las marquesinas de los cines, al lado del nombre de la película principal. Eran los años de la gran depresión, y Walt Disney lograba hacerse de un nombre y de un premio de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood en 1932. Empero,
Mickey tuvo que evolucionar dado que inicialmente carecía de personalidad: era una caricatura más cuya función consistía en hacer reír, pero Disney visualizó la importancia de dotar a este personaje de
vida propia. Para ello, Disney se rodeó de individuos talentosos a quienes incluso les ofrecía un bono especial si sugerían bromas o situaciones cómicas que pudieran ir llevando al célebre ratón a contar con personalidad definida. Así aparecieron la
ratona Minnie y el
perro Pluto.[iii]
A principios de los 30, Disney enfrentaba una demanda creciente por sus cortometrajes, los cuales, como era de esperarse, incrementaron sus costos. El tema de los costos de producción es importante en Estados Unidos, pero lo es más la distribución. Como se explicó en una entrega precedente (Nollywood: la otra fábrica de sueños en la edición de julio de etcétera), en diversos países del mundo el énfasis está en la producción y el abaratamiento de sus costos, desarrollando una distribución rudimentaria (aunque no en todos los casos). En Hollywood por supuesto que existen costosísimas producciones, cuyos gastos compiten con los de distribución (ahí está el caso de Titanic de James Cameron), pero también hay creaciones con presupuestos más modestos que logran el éxito comercial siempre y cuando aseguren su distribución por parte de alguno de los grandes emporios existentes. Con los dibujos animados ocurre exactamente lo mismo: a principios de los 30, Disney logró un acuerdo con la United Artists para la distribución de sus cortometrajes y, por lo tanto, a partir de ese momento pudo dedicarse a la producción y la aplicación de nuevas tecnologías, como el color. Cuentan que los socios de Disney trataron de disuadirlo de producir caricaturas en Technicolor por los elevados costos que ello implicaría, pero el visionario creador

[i] Leonard Maltin (1987), Of Mice and Magic. A History of American Animated Cartoons, New York, A Plume Book, p. 1.
[ii] Raymond F. Betts (2004), A History of Popular Culture. More of Everything, Faster and Brighter, New York, Routledge, p, 3.
[iii] Leonard Maltin, Op. cit., pp. 37-39.