Jueves 2 de Septiembre 2010
12:31 hrs
17 de septiembre, 2009

Fantasías animadas

Money, Money, Money. La religión de Hollywood es el dinero. Y los antecesores de Hollywood pensaban igual. Los seres humanos, necesitados de entretenimiento, constituyen un mercado muy lucrativo. Incluso en medio de severas crisis políticas y económicas, el sector del entretenimiento es de los pocos que logra salir adelante. Charles Chaplin saltó a la fama en el marco de la primera guerra mundial, con películas sin sonido, capaces de traspasar las fronteras al superar la barrera del idioma. En el marco de la gran depresión, miles de personas se emocionaban y reían con las irreverencias de ese vagabundo. Con el arribo del cine sonoro, Chaplin produjo una obra maestra: Tiempos modernos, película que data de 1936 y que incluye parlamentos (muy pocos, en realidad), e inclusive una canción interpretada por el propio icono al final de la cinta, con lo que las nuevas generaciones pudieron escuchar por primera vez la voz de su protagonista. Se considera que con Tiempos modernos, Chaplin culminó una exitosa era en la industria del entretenimiento y dio paso a una nueva. Pero para ese tiempo, Chaplin tenía asegurado su futuro financiero.
 
Chaplin ejemplifica muy claramente el sentido de la cultura popular: ésta debe contar con un amplio apoyo de parte de personas comunes y corrientes y ser accesible a éstas. En la época de la gran depresión, los desempleados podían ver los filmes de Chaplin. Sin embargo el altruismo y la cultura popular no van de la mano: quienes crean o divulgan la cultura popular persiguen un beneficio económico, son verdaderos mercaderes de la industria del entretenimiento.[i] En consecuencia, al paso de los años, con el arribo de nuevas tecnologías, el cambio en los valores de las sociedades, las condiciones económicas, los contextos políticos, las expectativas de los consumidores y las transformaciones demográficas, los mercaderes de la industria del entretenimiento han debido evolucionar y modificar los productos que ofrecen y la manera en que los hacen disponibles a los consumidores.[ii] Esto aplica para el cine, y por supuesto (y sobre todo) también para la televisión.
 
Gary Edgerton sugiere en su extenso análisis sobre la historia de la televisión, que si ésta no existiera, alguien la inventaría. Él sostiene que desde el siglo XIX la idea de transmitir imágenes y sonidos a grandes distancias comenzó a materializarse con la invención del telégrafo en 1844.[iii] Por eso el cine fascinó (y lo sigue haciendo) a las sociedades. Pero para disfrutar de un estreno cinematográfico, las personas deben desplazarse físicamente a la sala de cine. En contraste, la radio y sobre todo la televisión posibilitan que desde la comodidad del hogar se tenga acceso a su programación. Quizá por ello la televisión fue incorporada muy rápido a la vida de las sociedades, en particular, de la estadunidense. A la radio le tomó 25 años integrarse a los hogares estadunidenses; a los automóviles, 50; al teléfono 80; y la televisión sólo requirió una década.[iv] De hecho la televisión tiene una enorme audiencia, en Estados Unidos y el mundo, y alrededor de este hecho existen los conocidos estereotipos: en Los Simpson, al inicio de cada episodio, todos los miembros de la familia llegan corriendo (excepto Maggie, claro) para sentarse en el sofá y ver la televisión. En la serie, la televisión es descrita por Homero Simpson como un “miembro de la familia.” En última instancia, para entender a la cultura popular estadunidense hay que estudiar la evolución del cine y la televisión, y para ello, la historia de los dibujos animados requiere un análisis obligado.
 
Los 50 personajes de dibujos animados más famosos
En el año 2002, la revista TVGuide dio a conocer la lista de los personajes animados más famosos de toda la historia. La lista, disponible en http://archives.cnn.com/2002/SHOWBIZ/TV/07/30/cartoon.characters.list/index.html es controvertida porque, como era de esperarse, tiene omisiones fuertemente impugnadas (la Pantera Rosa, por ejemplo, no aparece). El ratón Mickey está en el 19° lugar, en tanto Bart y Lisa Simpson (sí, juntos, lo cual es extraño) ocupan la 11ª posición. La lista la encabeza Bugs Bunny, seguido por Homero Simpson. Debajo de ellos (pero antes de llegar a Bart y Lisa) están, entre otros, Beavis y Butt-head, Pedro Picapiedra y Pablo Mármol, Charlie Brown y Snoopy, el insoportable Bob Esponja (sí, increíble), y por debajo de los niños Simpson destacan el pato Lucas, Pikachu, Betty Boop, Don Gato, Popeye, Scooby Doo, el gato Félix, Piolín y Silvestre, el oso Yogi y Boo Boo, el Súper Ratón, el pato Donald, el Pájaro Loco, Porky y Tom y Jerry. Prevalecen los caracteres masculinos sobre los femeninos (según esa lista sólo Angélica Pickles, de la serie Rugrats, Lisa Simpson y Betty Boop están en los 20 primeros lugares).
 
Amén de las omisiones y de los desacuerdos que puedan existir en torno a esta clasificación, a todas luces subjetiva, hay algo rescatable: se incluyen personajes de dibujos animados de distintas épocas que en muchos casos han logrado superar el irremediable olvido a que el paso del tiempo condena tantas cosas.
 
Cada uno de estos personajes tiene personalidad propia y es fácilmente distinguible (bueno, aquellos que son conocidos, porque varias personas preguntaron a quien esto escribe al ver la lista: “¿quién rayos es Pikachu?”). En algunos casos hay frases inolvidables de estos personajes (“¿Qué hay de nuevo viejo?”; “D’oh!”, “¡Ay caramba!”, “Eso es to… eso es to… eso es todo amigos”, “Me pareció ver un lindo gatito”), y/o temas musicales pegajosos y distintivos. Bugs Bunny es el símbolo/mascota de la Warner Brothers, algo parecido a lo que ocurre con Los Simpson en la cadena Fox, o Beavis y Butt-head en MTV.
 
Los dibujos animados ligados a las grandes empresas del entretenimiento, han contribuido a incrementar las utilidades de las mismas. Que un ciudadano de calle pueda nombrar con fluidez los nombres de los miembros de la familia Simpson y que, en cambio, no pueda recordar los nombres de los principales funcionarios de su gobierno, ratifica la importancia de la industria del entretenimiento, y del cine y la televisión, como medios de comunicación de masas, y del enorme mercado que existe para ambos.
 

¿A qué obedece la fama de los personajes animados? Muchos de ellos ya eran estrellas de cine antes de que surgiera la televisión. Pero una vez que ésta apareció en los hogares de los estadunidenses (y de millones de televidentes en

 


[i]           Leroy Ashby (2006), With Amusement for All. A History of American Popular Culture Since 1830, Kentucky, The University of Kentucky Press, p. vii.
[ii]           Ibid.
[iii]          Gary R. Edgerton (2007), The Columbia History of American Television, New York, Columbia University Press, p. xi.
[iv]          Ibid.
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