Jueves 2 de Septiembre 2010
12:29 hrs
14 de septiembre, 2009

"La gente no acepta que mira porquerías"

 

“Llegué muerto del trabajo y me puse a ver televisión hasta que me quedé dormido”, “Me pasé todo el fin de semana viendo series”, “No tenía ganas de salir y me quedé en casa viendo la tele”. Esta clase de confesiones son habituales y, de transcribirlas, la lista de frases casi idénticas sería interminable. Cuando la idea es tomarse un respiro, la televisión se presenta como una de las alternativas al alcance de la mano y más económicas para poner la mente en blanco. Incluso para muchos televidentes, cuanto más superficial es un programa y menos esfuerzo demanda verlo, mejor.

Los que hacen televisión y los que ganan dinero con ella conocen al dedillo la fórmula del entretenimiento. No es casual que en la grilla de programación de los canales argentinos abunden los programas de chismeríos del mundo del espectáculo, las competencias de talentos y los juegos para ganarse un premio en efectivo. Mientras se multiplica la oferta de este tipo de programas, cada año hay menos teleteatros, tiras y unitarios hechos en el país. A tal punto escasean las propuestas de ficción que muchos actores denunciaron la falta y los perjuicios que les ocasiona esta tendencia. También los programas periodísticos, sobre todo los dedicados a la agenda política, tienen cada vez menos aire y, lentamente, fueron desplazados a las señales de cable o a horarios en los que casi todos duermen.

En ese escenario, los contenidos culturales están presentes de soslayo en entrevistas que se realizan dentro de otros formatos o en canales que tienen una impronta pública, como la TV Pública (antes Canal 7) o Encuentro, o el canal del Ministerio de Educación, rara avis, creado en mayo de 2005 con contenidos educativos y culturales producidos especialmente en Argentina o comprados a prestigiosas productoras de América Latina y el mundo.

Una de las pocas novedades que incorporó la televisión argentina en la última década es la autoreferencialidad como formato, ya que en el discurso siempre ha estado presente. Perdona nuestros pecados, también conocido por sus siglas “PNP”, fue el primer programa de televisión sobre la televisión que se hizo en Argentina. Producido por GP Producciones, salió al aire entre 1994 y 2002 y fue un éxito. El programa basaba su propuesta en encontrar los errores que se cometían en otros programas, apuntaba al humor y recurría a la riqueza oculta en el material de archivo.

Luego, otros programas como Televisión Registrada (TVR), El ojo crítico y Zapping retomaron la idea pionera de PNP y sobrevivieron en la pantalla añadiendo un resumen de lo que se vio en la semana. La moda de hablar de la TV en la TV se impuso a tal punto que hoy lo invade casi todo. Los programas de chismes, los noticieros y hasta los “clásicos” –como el programa de Susana Giménez y Almorzando con Mirtha Legrand– también recurren al archivo de imágenes del canal para “enriquecer” su propuesta.

El periodista argentino Carlos Ulanovsky, autor de Tv Argentina 25 años después y co-autor de Estamos en el aire, entre otros textos dedicados a los medios de comunicación, está convencido de que el principal aporte de la televisión es el entretenimiento. En entrevista con etcétera, el analista de medios destacó también el rol preponderante que cumple la TV en la formación de las nuevas generaciones y hasta rescató el valor educativo de algunas publicidades.

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