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Kant y la Era de la Información

20 de julio, 2012
Sergio Octavio Contreras

En una época llena de conceptos empíricos y avances tecnológicos que son precipitados por el paradigma de la llamada Sociedad de la Información y el Conocimiento, Era de la Información o Sociedad de la Comunicación, las ideas sobre autonomía, libertad e independencia cobran vigencia. El ideal de una sociedad cosmopolita y de la razón como forma de liberación, fueron propuestas desde el Siglo XVIII por Immanuel Kant, uno de los filósofos más influyentes en el pensamiento occidental moderno.

En esta reflexión intentaré rescatar algunos conceptos representativos de la filosofía de Kant, su desarrollo histórico y las principales críticas de algunos pensadores contemporáneos para intentar ubicarlos dentro de la época informacional, movida a partir del cambio tecnológico de un cambio de sistemas análogos a renovadas fuentes digitales.

En medio de utopías y futurismos sobre la sociedad actual la posibilidad de cambiar las estructuras de poder a partir de los cambios políticos de los últimos años, ¿cómo ubicamos el ideal de la ilustración kantiana para transformar y mejorar a la humanidad mediante el desarrollo de su propia naturaleza racional? ¿El paradigma de la Sociedad de la Información y el Conocimiento es un escalón más hacia el ideal de la Ilustración? ¿Las nuevas tecnologías son un avance del pensamiento humano para su liberación racional?

Immanuel Kant fue un filósofo prusiano que nació en 1724 en el poblado de Königsberg. Se distinguió desde muy joven por ser un estudiante ejemplar y muy disciplinado. Su padre fue artesano comunitario y su madre fue hija de un fabricante de sillas para montar caballos. Kant fue formado dentro del movimiento luterano de Philipp Jakob Spener, por lo que su formación durante su infancia y adolescencia fue más religiosa que científica. Estudió filosofía en Wolff y en Leibniz, donde tuvo su primer acercamiento a la física de Newton, al idealismo y al racionalismo. Fue profesor de filosofía y muy joven escribió sus primeros textos sobre ciencia y metafísica, la cual llegó a rechazar en su edad madura. A partir de 1960 comenzó a escribir tratados filosóficos pero fue hasta 1781 cuando salió a la luz pública Crítica de la Razón Pura, considerada una de las obras más importantes de la historia de la filosofía. El libro abrió un nuevo horizonte para esta ciencia al profundizar las formas de conocimiento del ser humano.

La obra no fue popular en sus primeros años. En el siglo XIX fue clasificada por la Iglesia Católica como un tratado que atentaba contra la fe. El Papa Pío VIII prohibió su lectura bajo amenaza de excomunión a todo aquel que la leyera.

En este texto, Kant considera que el fundamento del conocimiento está dado a través de la estética (intuición), lo analítico (conceptos) y lo dialéctico (trascendental). Para que un objeto pueda ser “conocido”, debe estar situado en el tiempo y el espacio, pero si el objeto no está en el tiempo y en el espacio, no significa que no exista, simplemente no se puede conocer. 

El filósofo prusiano se distanció de la ontología y de las explicaciones ideales sobre cuestiones humanas, pues consideraba que la ontología no aporta nada del objeto, el ser no es “propiedad” y los tratados filosóficos sobre dios sólo existen en la razón. A diferencia del filósofo y matemático alemán Gottfried Leibniz, Kant estableció que los sentidos son la única base del conocimiento: es verdadero y válido porque corresponde con una representación general que todos conocen.

A partir de que un objeto es sensible por la experiencia e inteligible mediante el pensamiento (todo aquello que vive en la razón, como dios, el alma, etcétera) la verdad es alcanzada por el hombre cuando la representación (idea) corresponde a la realidad (noúmeno).

Al separar la filosofía que abordaba lo inmaterial y acercarla a los objetos reales, Kant logra un avance hacia la libertad: a partir de que dios ya no es el fundamento del mundo, el hombre debe de encontrar el conocimiento. Al establecer que el conocimiento es dado por la experiencia con el mundo, las ideas kantianas encallan en el puerto del empirismo pero al establecer que no todo el conocimiento puede ser empírico, la filosofía gira hacia el racionalismo.

Para 1788, Kant publica la segunda obra que da continuidad al argumento epistémico pero desde otra perspectiva: Crítica de la Razón Práctica. El trabajo filosófico aborda puntos vinculados a la moral y a la ética. La moralidad está determinada por dos principios: ideal o naturista, referente a la búsqueda de la felicidad; y legal o deontológica, fundamentada en el deber ser. Mientras que dios construye dogmas, ahora corresponde al hombre crear leyes.

Entonces, la libertad kantiana está limitada por la propia razón: el sujeto que busque ser libre debe ser moral, es decir, trascender las leyes de la naturaleza, como los instintos o los sentimientos. El sujeto debe determinar sus fines y no ser sometido por fines externos, como las pasiones o la irracionalidad. Mientras que para Aristóteles la causalidad última era dios, o para el utilitarismo de que todo medio es algo por un fin, en el kantismo el sujeto no sólo es medio, sino también su propio fin.

A diferencia de Jean Paul Sartre, que considera a partir del existencialismo ateo, que la libertad es absoluta y por lo tanto el hombre no debe someterse ni siquiera a su propia ley (moral y razón), para Kant el hombre no es libre debido a la naturaleza, sólo lo es a través de la razón: la voluntad está restringida al ámbito humano.

En el campo moral, Kant establece que se encuentra la libertad a partir de la razón y de un imperativo (obligación): la universalidad limitada por la ley moral. Define que la razón proporciona al individuo las leyes para pensar (ética) y autonomía de acción (razón práctica). En las acciones humanas el bien no tiene significado moral pero trasciende al hombre; lo malo es natural e impide a la voluntad identificarse con lo moral; lo bueno no trasciende la voluntad ya que no se es bueno por naturaleza sino por deber; los sentimientos no son buenos ni malos y la naturaleza siempre juega un papel neutral. El hombre es el único ser en el universo que puede apartarse de la naturaleza.

Por lo tanto el sujeto puede ser empírico, es decir, aquel que es movido por los sentimientos y el conocimiento; o moral el que no sólo es pensante sino que llega a la acción. A partir de la razón y de una acción humana que trascienda la naturaleza, es aquí donde Kant establece el núcleo de su filosofía y construye una hipótesis cosmopolita: la Ilustración.

La ilustración para Kant es “la liberación del hombre de su autoculpable minoría de edad. La minoría de edad significa la incapacidad de servirse de su propio entendimiento sin la guía del otro. Uno mismo es culpable de esta minoría de edad cuando la causa de ella no reside en la carencia de entendimiento, sino en la falta de decisión y valor para servirse por sí mismo de él sin la guía de otro”. Dentro del contexto histórico en el que vivió el filósofo, la minoría de edad representa una mutilación racional y de acción a causa de la pereza y la cobardía.

La Ilustración es racionalista y empirista, como una herencia del pensamiento de Descartes y Locke. Aborda tres ideas fundamentales: autonomía del hombre, la finalidad de los actos y la universalidad. El tema que tiene más debates que consensos, en Ensayos sobre la Paz es el progreso y el ideal cosmopolita de 1784, Kant asegura: “Por todas partes encontramos limitaciones de la libertad. Pero ¿qué limitaciones impide la Ilustración?, y por el contrario, ¿cuál la fomenta? Mi respuesta es la siguiente: el uso público de la razón debe ser siempre libre; sólo este uso puede traer Ilustración entre los hombres. En cambio, el uso privado de la misma, debe ser a menudo estrechamente limitado, sin que ello obstaculice, especialmente, el progreso de la Ilustración”.

La tesis de la Ilustración puede llegar a compararse con la idea de una sociedad justa e igualitaria que planteaba Carlos Marx. Sin embargo con una diferencia de fondo del idealismo kantiano: el materialismo. Marx llegó a considerar que la razón ilustrada a través de la emancipación del hombre no garantiza un mundo mejor en tanto no sean resueltas y atendidas las desigualdades materiales que genera el sistema de explotación y acumulación de capital.

Para el filósofo e historiador francés Michel Foucault el tema de la Ilustración no debe de ser un concepto definido a partir de Kant, sino que se debe volver a preguntar: Was ist Aufklärung? Según Foucault la Ilustración es un periodo histórico que no ha madurado y que desde su planteamiento en el siglo XVIII no ha llevado a la humanidad a nada. Y cuestiona la propuesta kantiana: “¿Cuál es mi actualidad? ¿Cuál es el sentido de esta actualidad? En esto consiste, a mi parecer, esta interrogante nueva sobre la modernidad”.

Para Foucault es necesario mirar al pasado y comprender la realidad del momento histórico, pues el presente tiende a falsificar el tiempo. Además, la racionalidad no puede enmarcarse sólo a partir de una perspectiva kantiana, ya que existen diversas formas de racionalidad, y no sólo una que pudiera encabezar un proyecto como es la Ilustración, por lo tanto hasta que el ser humano no pueda darle sentido al presente no se puede afirmar que llegó a una mayoría de edad.

Ju%u0308rgen Habermas, uno de los herederos del pensamiento de la Escuela de Frankfurt considera a la Ilustración un proyecto inacabado que no se ha cumplido como se había pensado después de la Revolución Francesa, pues es necesario fundamentar las bases de la razón, del ser humano y de la sociedad. Coincide con Kant en el sentido de que la razón pública debe de usarse no sólo para la vida sino para los demás. Critica la racionalidad como concepto científico al establecer que la racionalidad va más allá de la ciencia y hay aspectos como las conductas de las personas donde la ciencia no puede normarlas.

El ideal democrático habermasiano es kantiano, pero sustituye el paradigma de la subjetividad por el paradigma de lo que llama intersubjetividad, es decir, comunicación: se necesita recuperar la posibilidad de una razón práctica. Su tesis que es difícilmente realizable, consiste en que los valores pueden legitimarse a partir de la acción comunicativa: discusión racional o argumentativa. Para Habermas todos los fines humanos deben ser llevados al debate.

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