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Martes 18 de Junio 2013
1:37 hrs
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Las encuestas entraron al escenario electoral mexicano en 1994. A 12 años de distancia su credibilidad está crisis luego del desastre que significaron para las casas encuestadoras las cifras, todavía no consolidadas, de la elección dominical: prácticamente todas las mediciones dieron a Peña Nieto una ventaja de dos dígitos sobre López Obrador, cálculo desmentido por el PREP y el conteo rápido del IFE.
NOVEDAD ELECTORAL
Aunque en 1988 se realizaron encuestas sobre preferencias electorales, fue hasta 1994 cuando éstas comenzaron a proliferar. Ese año publicaciones como Etcétera, Voz y Voto, Este País oReforma, por sí mismas o asociadas a encuestadoras profesionales, realizaron mediciones. Sin embargo, las más notorias por su presencia en medios electrónicos fueron las patrocinadas por la Cámara Nacional de la Industria de Radio y Televisión (CIRT), que encargó encuestas y un conteo rápido a Louis Harris Internacional, Bimsa y Mitofsky International.
La noche del 21 de agosto de 1994, fecha de la jornada electoral, la CIRT recomendó a sus agremiados no dar a conocer ningún “conteo rápido” o “encuesta de salida” hasta que esa cámara anunciara, a las 22.15 horas, los resultados de la medición encargada por ella (solo TV Azteca desobedeció la instrucción y a las 10 de la noche hizo públicos los resultados de un “conteo rápido” patrocinado por ella).
CONTROL INFORMATIVO
La actitud de la CIRT provocó fuertes críticas. Se le acusó de no permitir que en los medios electrónicos fluyera la información; internet apenas comenzaba en México, los medios escritos no tenían aún portales y la naturaleza de su proceso de producción dejaba a la radio y la televisión como única opción para conocer los primeros resultados electorales. Una opción, sin embargo, centralmente controlada.
Quizá por esas críticas, la CIRT no participó en las elecciones de 2000 y 2006 en el campo de las encuestas y conteos rápidos, el cual quedó abierto a la proliferación de casas encuestadoras mexicanas que encontraron en él un importante espacio profesional y de negocio. Los medios, electrónicos o impresos, encontraron también en el ámbito de las encuestas un recurso para nutrir su oferta dentro de la incesante disputa por el mercado informativo; con sus propios recursos o en asociación con empresas especializadas publicaron mediciones. A partir de entonces se volvieron familiares nombres como Consulta Mitofsky, Parametría, GEA/ISA, Demotecnia, Buendía & Laredo, Covarrubias, Ipsos-Bimsa.
COMPETENCIA ENTRE MEDIOS
El papel relevante de las encuestas en la oferta de los medios y en la competencia informativa pudo apreciarse en el reciente periodo de campañas. MILENIO en asociación con GEA/ISA publicó diariamente una medición que se convirtió en referente informativo, lo que obligó a otras empresas a reducir la periodicidad en la publicación de sus encuestas: Consulta Mitofsky, cuyos resultados se daban a conocer regularmente en Radio Fórmula, tuvo que dar a conocer encuestas cada semana, y Parametría, asociada a El Sol de México, cada dos.
La enorme ventaja que la mayoría de las encuestas otorgó durante todo el periodo de campañas al candidato del PRI —que hoy las propias encuestadoras han reconocido como “sobreestimación”— provocó que desde partidos contendientes y un sector de analistas se formularan críticas en el sentido de que esas mediciones estarían contribuyendo a generar percepciones adelantadas sobre los resultados de las votaciones, lo cual habría tenido consecuencias favorables para la candidatura de Peña Nieto.
CERTEZA E INCERTIDUMBRE
La utilidad de las encuestas está hoy en tela de juicio. Sus partidarios consideran que su contribución consiste en disminuir la “incertidumbre social” que se genera en los casos de elecciones competitivas. Según esta postura, conocer al ganador de los comicios el mismo día de la jornada electoral, aunque sea de manera “extraoficial” —gracias a las encuestas—, da “tranquilidad a la población” y atempera el ánimo de conflicto. Por ello la reiterada exigencia a López Obrador para que “reconozca a Peña Nieto como ganador”.
El problema es que en 2006 y en 2012 las encuestas publicadas en la semana previa a la jornada electoral, lejos de contribuir a “disminuir la incertidumbre”, ayudaron a incrementarla. En 2006 todas, a excepción de GEA/ISA, daban ventaja a López Obrador, y en 2012 concedieron a Peña Nieto una ventaja que al no corresponder con los resultados del IFE fortaleció entre el sector favorable a AMLO la percepción de que se ayudaba al PRI.
Las encuestadoras en crisis de credibilidad. Les será difícil remontarla.
Este artículo fue publicado en Milenio el 5 de julio de 2012, agradecemos al autor su autorización para publicarlo en nuestra página web.
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