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La privacidad es un derecho

01 de junio, 2005
José Woldenberg

En los últimos años en México hemos avanzado en algo muy importante. En hacer de lo público algo público. Eso que parece una perogrullada no lo es, porque no fue sino hasta la expedición de la Ley Federal de Transparencia y Acceso a la Información Pública Gubernamental y la creación del IFAI que se estableció con toda claridad que los ciudadanos tienen derecho a preguntar y las autoridades obligación de responder, y que lo público debe ser público. Porque a lo largo de muchos años en México, aunque parezca increíble, lo público fue opaco. Había una tradición de silencio, de opacidad, de discrecionalidad en esa materia. Creo que en este sentido México va bien. Por supuesto que hay problemas. Hay instituciones que no han querido dar la información. Hay incluso temas complejos donde hay valores positivos encontrados: los expedientes médicos en las instituciones públicas. A veces dicen que los documentos no existen y a veces, en realidad, no existen. Hay problemas pero la tendencia es correcta. Es decir, estamos haciendo lo público público.

El problema, creo yo, tendencialmente es que estamos acabando con lo privado. Y lo privado, como su propio nombre lo indica, no debe estar sujeto al escrutinio público. Habría que preguntar en esos asuntos si todo se vale y si la vida privada de las personas va a estar o no protegida, porque yo considero que la privacidad es un derecho. Es una construcción civilizatoria. Nadie soportaría, absolutamente nadie, la exhibición de sus actividades privadas. En un artículo de Reforma decía: pensemos que alguien le expusieran sus conversaciones telefónicas. Precisamente porque son privadas uno se permite hablar con desparpajo, ironizar sobre gente a la que quiere, poner apodos. Pero precisamente lo hace uno porque sabe que es privado.

Creo que en esa dimensión es donde hay que ubicar ese debate. El cuaderno de Ernesto Garzón Valdés, que hace poco publicó el IFAI, nos puede dar luces. Él se pregunta cuándo se puede transgredir lo privado: uno, cuando se cometen daños a terceros; es decir, tú no puedes decirle a nadie que están invadiendo tu privacidad si estás masacrando a tu vecina. Cuando tú cometes un delito la privacidad no te puede proteger. Y la otra, dice Garzón Valdés, es la obligación de contribuir a la creación de bienes públicos. Es decir, tampoco puedes anteponer la privacidad si, por ejemplo, Hacienda te va a hacer una auditoría porque se presume que estás evadiendo impuestos. Pero en principio tus cuentas bancarias están en el ámbito de lo privado, a nadie le incumben.

Creo que ésa es la discusión que tenemos que dar, porque el otro problema es que está muy mal legislado en México. Por ejemplo, el artículo 7 de la Constitución dice con claridad que la libertad de expresión tiene como límite la vida privada, y en el Código Penal los delitos de calumnia y difamación, que pueden tener que ver con esto, y en el Código Civil se encuentra tipificado el daño moral. Pero no es armónico, necesitas un abogado que haga una lectura compleja de todas estas disposiciones para que uno se pueda defender. Falta una legislación clara donde el derecho a la privacidad apareciera desde la Constitución y luego se reglamentara este derecho de manera moderna, es decir, entendido esto como un derecho, como una conquista civilizatoria, como algo al que no puede irrumpir cualquiera porque se le da la gana. Y, por otro lado, estableciendo cuáles son y quiénes tienen derecho a hacer de lo privado público.

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