En un lúcido análisis acerca de Estados Unidos y la globalización, Lane Crothers sostiene que aun cuando la cultura popular del vecino país del norte seguirá siendo dominante por mucho tiempo gracias a sus industrias del entretenimiento a nivel mundial, también tenderá a integrarse en las culturas locales de diversas formas. Las posibilidades de “adaptación” de los diversos productos de la cultura popular de EU en otros países y comunidades son infinitas, aunque no siempre con éxito. Por ejemplo, en los países árabes se intentó hacer una versión particular de Los Simpson con Al Shamshoon, si bien existen quejas recurrentes de numerosos televidentes por considerar que esta “adaptación” dista mucho de ser graciosa.
Crothers también explica que hay numerosos intentos por contrarrestar la clara influencia de la cultura popular estadunidense por numerosos gobiernos. Es el caso de la República Popular China, la cual modificó el horario de transmisión de Los Simpson para propiciar que los televidentes consumieran las series animadas locales. De nuevo, las quejas afloraron, argumentando sobre todo la baja calidad de éstas.
Especialistas sobre la cultura popular japonesa explican por qué en el país del sol naciente Los Simpson no han logrado la resonancia que se observa en otras latitudes: todo parece indicar que ello obedece al hecho de que el humor y el sarcasmo de la familia favorita de Springfield se pierden en gran medida por problemas de traducción –aunque parece que hay algo más profundo vinculado a la cultura y el nacionalismo nipones, que merecen un análisis más cuidadoso.
En India, The Singhsons, una parodia muy breve que recupera la parte inicial de Los Simpson, con los miembros de la familia desplazándose rápidamente desde diversos lugares para llegar a casa y sentarse frente al televisor, es una de esas pocas oportunidades en que se puede observar a los protagonistas de la serie con características indias. Pero se trata de una versión “pirata.”
Posiblemente, esta parodia motivó a desarrollar una campaña poco usual encaminada a introducir a la familia amarilla a las audiencias africanas. Así, Los Simpson ya son africanos: su color amarillo fue sustituido por uno más oscuro, amén del atuendo y peinados que lucen en la propaganda para invitar a los televidentes de Angola a disfrutar de las peripecias de los irreverentes nativos de Springfield.
Será muy interesante observar, en las siguientes semanas, cómo reciben los angoleños a Los Simpson. Angola, país lusoparlante que tras décadas de guerra civil ha vivido importantes transformaciones políticoeconómicas y que actualmente es la segunda economía de más alto crecimiento en África (al menos hasta antes de la recesión global), basa su prosperidad en la venta de petróleo, en especial a la República Popular China. Con una población de 17 millones de habitantes y un ingreso per cápita de seis mil 331 dólares, tiende a convertirse en un mercado atractivo para las industrias culturales de Estados Unidos. De manera coincidente, el anuncio de que Los Simpson serán transmitidos en Angola a través de la cadena sudafricana DSTV se produjo tan sólo una semana después de que la Secretaria de Estado de la Unión Americana, Hillary Clinton, visitara el país africano. ¿Simple coincidencia?
Lo que es más interesante es que aun no se inician las transmisiones y la polémica ya circunda a este suceso. Ocurre que los productores de la serie no son quienes “broncearon” a la familia amarilla de Springfield, sino que fue una agencia de publicidad angoleña la que hizo tal cosa, muy posiblemente sin la autorización de Matt Groening (la firma del creador de Los Simpson suele aparecer en todos los productos y memorabilia “legales” de la serie y, si se observa con cuidado la imagen publicitada, la famosa firma no figura en ninguna parte). Sin embargo, el año pasado en una conversación con quien esto escribe, Matt Groening confirmó que su mayor afición es coleccionar memorabilia y productos “pirata” de Los Simpson. Entonces ¿cuál es el problema?