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Martes 9 de Febrero 2010
9:41 hrs
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| día a día |
Una de las frases más recordadas de Don Hewitt es aquella en que sostenía que “la confrontación no es un trabajo sucio… alguna veces constituye la mejor forma de periodismo en la medida en que no confrontes a las personas sólo por confrontar.”
Donald Shepard Hewitt nació el 14 de diciembre de 1922 en la ciudad de Nueva York. Hijo de inmigrantes judíos (de padre ruso y madre alemana), desde temprana edad estuvo en contacto con los medios impresos. De hecho, un poco después de su nacimiento, la familia se mudó a Boston, donde el padre trabajaba como director de anuncios clasificados en el Boston Herald American. La familia también vivió en Milwaukee y en New Rochelle. En ésta última localidad, Don estudió la preparatoria y fue responsable de una columna sobre deportes en el diario de la escuela. Más tarde ingresó a la Universidad de Nueva York y empezó a trabajar en el New York Herald Tribune en 1942. Cuando terminó la segunda guerra mundial, Don consiguió empleo en la Associated Press en Memphis, si bien regresó a Nueva York porque su esposa deseaba residir en la ciudad que nunca duerme.
De vuelta en Nueva York, Don consiguió trabajo en una agencia de fotografía, lo que allanó el camino para su contratación por la CBS, la cual buscaba una persona con experiencia en el terreno fotográfico para su cadena de televisión. Para 1948, ya trabajaba para la CBS News donde se desempeñó como productor y director de noticias.
Con motivo de los comicios presidenciales de 1960 en los que contendían Richard Nixon por el Partido Republicano y John F. Kennedy por el Partido Demócrata, Don Hewitt saltó al estrellato al ser el director y productor ejecutivo del primer debate presidencial televisado en la historia de Estados Unidos (los candidatos acordaron realizar cuatro debates en la televisión, sólo que mientras que el primero se transmitiría en la CBS, los otros tres tendrían lugar en la NBC y en la ABC).
Don comentaría, posteriormente, sus impresiones sobre los dos candidatos. Cada contendiente se preparó de manera distinta para el debate. Nixon reconocería, años más tarde, que tuvo muy poco tiempo para estudiar los aspectos más sobresalientes que serían abordados en el primer round con Kennedy. Éste, en cambio, previo al debate se reunió con Hewitt y se informó debidamente acerca de la logística y la mecánica del evento. Don recuerda que Kennedy le hizo muchas preguntas, todas ellas pertinentes: “Kennedy sabía cuán importante sería esta campaña y no quería dejar nada a la casualidad.” En contraste, Nixon “asumió que era una aparición más en su campaña.” Llegó un día antes a Chicago, cansado, tuvo un encuentro, el día del debate, con el sindicato de carpinteros, y trabajó a solas por horas bajo mucha tensión antes del debate.
Kennedy, en cambio, se rodeó de un equipo de asesores que lo ayudaron a prepararse debidamente. El ambiente a su alrededor era relajado y trabajó, con sus asistentes, vislumbrando todos los escenarios posibles. Momentos antes del debate -Hewitt recuerda-, el primero en llegar a los estudios de la CBS fue Nixon, quien posó para los fotógrafos y conversó con los ejecutivos de la empresa. A continuación hizo su aparición John F. Kennedy, quien, en palabras de Hewitt, lucía como un Adonis, alto, esbelto, bronceado e impecablemente vestido. En el debate, como se recordará, Nixon lucía cansado, con barba de tres días –a Nixon la barba le crecía en cuestión de horas, por lo que debía afeitarse dos o tres veces por día-, adolorido –cuando llegó a la CBS se dio un golpazo en la rodilla- y agobiado frente a los lúcidos embates de Kennedy, quien se veía fresco, joven y propositivo y, naturalmente, ganó un enorme apoyo entre los televidentes –y eventualmente, la elección presidencial. Aspectos como la iluminación, el maquillaje, los ángulos de las tomas de los rostros de los candidatos y el carisma personal, favorecieron a Kennedy y desde entonces se reconoce el papel de la televisión al servicio de la manipulación política –de hecho, quienes siguieron el debate en la radio dieron por vencedor a Nixon sobre Kennedy.
Luego del éxito del primer debate presidencial televisado de la historia, Don Hewitt creó el exitoso programa 60 minutes, mismo que vio la luz en 1968. El programa fue innovador, con un estilo centrado en el periodismo de investigación, transmitido en horario nocturno de alta audiencia. El programa es recordado por el sonido de un reloj Aristo, que es el único fondo sonoro con que cuenta, sin ninguna musicalización. En sus inicios, 60 minutes tuve problemas de audiencia, pero al paso del tiempo se abocó a investigaciones más “duras” y a principios de los 70 abordó temas controvertidos como las municiones de racimo, la guerra de Vietnam, el escándalo de Watergate y la turbulencia en Medio Oriente e Irlanda del Norte, entre otros. Fue de esta manera que empezó a ganar altos niveles de audiencia y se convirtió en el más visto los domingos por la noche. 60 minutes le valió a Don Hewitt ocho premios Emmy, quien se mantuvo como productor ejecutivo del programa hasta 2004. 60 minutes se sigue transmitiendo y tiene el récord de ser el de mayor duración, en su tipo, en horario estelar (lleva 41 años al aire). También existe una versión de 60 minutes en la radio.
El pasado mes de marzo se dio a conocer que Don Hewitt padecía cáncer pancreático, enfermedad contra la que perdería la batalla final el 19 de agosto en la ciudad de Nueva York, la que lo vio acumular tantos éxitos a lo largo de su vida. Descanse en paz Don Hewitt.
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