etcétera. Revista sobre medios de comunicación y periodismo

sábado 19 de abril del 2014 / 23:26 Hrs.

Que vengan los nativos digitales

13 de agosto, 2009
Israel Piña Camacho

 

¿Cómo podemos definir a un nativo digital?
La primera vez que alguien usó el concepto fue Marc Prensky en 2001 y a nadie le llamó la atención. Es uno de esos conceptos que quedan como en estado latente y fue retomado hasta hace muy poco. Paradójicamente, ahora que la palabra aparece todos los días, el mismo Prensky dice “yo no he hablado más de nativos digitales sino que hablo ahora de sabiduría digital”. Él mismo abjuraría de ese concepto que acuñó.
Pero la idea de nativo digital me parece todavía muy rica. Al mismo tiempo aparece en un registro dualista. Si hay nativos digitales, ¿qué hay del otro lado? ¿A qué se oponen los nativos digitales? A los inmigrantes digitales. En ese sentido a mucha gente le cuesta aceptarla porque si en realidad lo único que hay son nativos y del otro lado inmigrantes, parecería que es un concepto que te fuerza a ponerte en una de las opciones. ¿Pero quién es un nativo digital? En principio, alguien que nació después de 1980, de 1990, en la era de las computadoras personales, pero más todavía en la era de las redes, con lo cual esto le da un sesgo generacional porque hay muchísima gente que nació después de 1990 y son excluidos digitales, por ejemplo. ¿Quiénes son éstos? Los jóvenes que no tienen acceso a la tecnología por muchos motivos, fundamentalmente el socioeconómico, pero también pueden ser motivos culturales o vocacionales; hay gente que sigue muy pegada al mundo analógico, ellos se autoexcluyen. ¿Y quiénes sí son nativos digitales en esta especie de tabla de doble entrada donde hay cuatro o cinco categorizaciones? Son no solamente quienes nacieron hace 20 ó 15 años, sino los que se apropiaron de la tecnología, pero no en el sentido espontáneo, sino aquellos que realmente le sacan jugo y la usan en una forma mucho más creativa y emergen nuevas posibilidades de pensamiento, de acción y de involucramiento. Y aún así nos quedan otras categorías; por ejemplo los inmigrantes digitales, quienes nacimos mucho antes de los 80, pero que no tenemos ni acceso ni facilidad ni interés ni capacidad de usar las tecnologías. Y otra categoría somos los que nacimos antes de los 80, pero que sí podemos usar las tecnologías; le podemos llamar colonos digitales a esos. Entonces ya tenemos cuatro categorías y esto sólo contemplaría a la mitad de la población mundial. Hay otra mitad que no tiene acceso a Internet, son los pobres del mundo. Si lo ves en esta ecología de categorías a mí me parece más interesante.
 
¿Cómo se relaciona un nativo digital?
Un verdadero nativo digital no se limita a manejar herramientas o mandar mensajes o a navegar sin ton ni son. Es una persona que tiene criterio, que filtra, que produce y coproduce. Un nativo digital auténtico aprovecha esas herramientas para pasar a un estadio diferente del que teníamos nosotros. Es una persona que básicamente tiene conocimiento en medios (expresión mediática) y que puede producir. Se autodenomina “prosumidor” (productor-consumidor de información). Tenemos que trazar ahora los perfiles de los prosumidores porque son las personas que tienen esas competencias.
 
Producen en red, a diferencia de los analógicos.
Viven en red, son en red. Para ellos no hay ninguna diferencia entre el mundo real y el virtual, cosa que es obvia porque tampoco la hay para nosotros. Este intento de separar lo real de lo virtual es una tontería enorme porque cuando uno lee un libro está en el mundo virtual, cuando uno habla por teléfono está en el ciberespacio; cuando uno desata la imaginación está en el ciberespacio; cuando uno ve una película y suspende la incredulidad está en el ciberespacio. Entonces los nativos digitales te dicen que no usan la red: ellos son la red, viven la red; se conectan. Pensar es estar en red, producir colaborativamente. No es que eso no se pudiera hacer antes; antes se podían hacer la mayoría de las cosas que se hacen ahora pero en otra escala, en otra dimensión con un discriminante socioeconómico mucho más grande. Hora vemos la socialización de los medios de producción y la baja del costo de todo; si antes una película en América Latina costaba 3, 5, 10 millones de dólares, ahora se puede hacer con 100 veces menos. Hay una multiplicación de creadores. Somos pocos Picasso, Leonardo Da Vinci, pero entre éstos y los contempladores, que antes eran casi toda la población, ahora aparecen nuevas categorías. Quienes están ocupando esos nuevos nichos son los nativos digitales.
 
¿Los nativos digitales no enfrentan contradicciones o decepciones cuando salen a la calle?
Nos decepcionamos todos: inmigrantes, colonos, nativos y excluidos. La red no es un nirvana. Es un entramado de voluntades, un espejo deformado y amplificado del mundo real, es el mundo real. Hay esta idea de que los nativos digitales son autistas. Han salido libros a raudales en los últimos dos años (con esta idea); por ejemplo, uno de Mark Bauerlein (The Dumbest Generation) que califica a los nativos digitales como la generación más estúpida de la historia. El año pasado, Nicholas Carr, un economista muy importante, para provocar sacó una nota que tuvo una enorme repercusión en la revista The Atlantic que decía “¿Google nos está estupidizando?”. También salió un libro de un par de autoras que trabajan más el tema de alfabetización tradicional-analógica; dice que como estamos perdiendo los hábitos lectores nos estamos volviendo tontos, y que esta generación de los nativos digitales era la generación de los distraídos, incapaces de concentrarse, comprender, argumentar y, en consecuencia, de ser ciudadanos políticos. Son tesis que están documentadas con investigaciones, con análisis; reportes que, en definitiva, ya decían en los años 90 Karl Popper y, especialmente, Giovanni Sartori en Homo Videns: que la pérdida del homo legens, del lector, estaría estupudizándonos en términos históricos. También a finales de los 90, un lingüista italiano que se llama Raffaele Simone, en su obra La tercera fase, rebatía todas estas cosas diciendo que la mejor forma de pensar y de aprovechar todo esto no es en términos dicotómicos, sino al revés: en términos de síntesis.
Esto no es un conflicto entre pantalla y libro, entre nativos e inmigrantes o colonos. Es un conflicto cultural más de fondo que tiene que ver con cierta analogía gramática: con lo que fue la muerte de los tipógrafos o la de los copistas medievales al aparecer la imprenta. En esa época desaparece una corporación; ahora es mucho más complejo, lo que está desapareciendo es un monopolio del saber, de la palabra escrita y del experto. Un monopolio que se está erosionado no por Internet o por la tecnología, sino por su propia incapacidad de cumplir con lo que prometía, porque a Auschwitz no lo inventó Internet, ni a las dictaduras latinoamericanas, ni a las crisis financieras. Nunca se supo tanto como hoy y, sin embargo, nunca el mundo fue más inseguro, más inestable. No se puede ver esta dialéctica pantalla-papel sólo en términos tecnológicos, hay que verlo en términos de un cambio epocal: están terminando 500 años de hegemonía de la imprenta; están terminando 500 años de economía controlada o de estados nacionales. Todo se erosiona al mismo tiempo, nunca había pasado una cosa así.

 

Hoy hay una destrucción creativa, pero ya ni siquiera del capitalismo, sino de instituciones

 

Hay 1 comentarios en este artículo



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Rosa

2011-08-02 06:18:36

España

Maravilloso artículo y gran verdad, el pesimismo con el que algunos ven la era digital no es más que miedo.