La nueva alfombra mágica Raúl Trejo Delarbre
Capítulo 1
Globalización por Internet
Otra mirada posible: el
pragmatismo propositivoOtra, muy distinta, es la actitud analítica, y así política, de quienes reconocen que la propagación de los recursos de comunicación cibernética, igual que la internacionalización de las economías, son realidades con las que hay que vivir y, más que eso, tratar de con-vivir. El concepto mismo de sociedades de la información tiende a conferirle una connotación menos fatal y, acaso, más humanista a ese nuevo entorno. Señalar tales hechos, no conduce necesariamente a quedarse en la apología de ellos, ni de sus consecuencias.
Al respecto, el investigador Francisco Ortiz Chaparro, en las conclusiones de su estudio publicado por la Fundación para el Desarrollo de la Función Social de las Comunicaciones (Fundesco), de España, apunta:
"A. La sociedad de la información ha triunfado, en el sentido de que ya nadie discute que la información sea el factor dominante en nuestra sociedad. Es la materia prima, el bien esencial, la que en el futuro va a diferenciar a ricos y pobres y marcar las pautas de la evolución social y cultural.
"B. Pero, reconocido este hecho, nadie sabe con certeza cómo va a contribuir la información, per se, a la solución de los problemas de la sociedad actual: explosión demográfica, caída del empleo, ensanchamiento de las diferencias ricos-pobres, deterioro del medio ambiente, pérdida de valores, etc."1
Un reconocimiento como ése, da cuenta de la enorme importancia que se le comienza a conferir al ingrediente social en el desarrollo de las modernas fuentes de información. Tanto, que el autor antes citado considera que la información misma será la pauta con la que puedan definirse las diferencias entre ricos y pobres y la evolución de las sociedades.
Quizá haya algo de exageración en consideraciones como esa. Puede decirse que los pobres de todos modos pobres son y que sus miserias no se atenúan con el hecho de tener acceso o no a las superautopistas de la información o, para ser más modestos, a la radio o la televisión. Desde luego, la capacidad para asomarse a cualquiera de los modernos medios de comunicación es un indicador del desarrollo de una sociedad, pero no el único y dista de ser el principal. Inicialmente, podría suponerse que en la medida en que una colectividad tenga facilidades técnicas para recibir mensajes por medios electrónicos, casi puede considerarse que sus requerimientos básicos están siendo satisfechos. Pero la realidad de numerosos sitios no desarrollados en el mundo, en donde junto a condiciones nutricionales, de salud y vivienda paupérrimas la gente tiene modestos pero funcionales aparatos de televisión, indica que el acceso a las comunicaciones dista de ser un buen indicador de la evolución integral de una sociedad.
No queremos desvirtuar la preocupación central del autor español que hemos citado --y a quien tomamos como ejemplo de tendencias ampliamente asentadas en el análisis que en los países desarrollados comienza a hacerse sobre los modernos medios de transmisión de mensajes--. Lo que nos interesa es destacar de qué manera la irrupción de la nueva realidad que conforman tales medios, especialmente los de formato cibernético y transmisión digitalizada, no solamente tiende a transformar el ejercicio del poder, la concentración económica y la propagación de la cultura sino, también, las vías que desde el análisis social existen para acercarse a la condición material de las naciones contemporáneas. Al menos desde ese punto de vista, puede asegurarse que, en efecto, la llamada sociedad de la información ha triunfado.
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Nota1Francisco Ortiz Chaparro, "Conclusiones" al ensayo "La sociedad de la información", en Julio Linares y Francisco Ortiz Chaparro, Autopistas inteligentes. Fundesco, Madrid, 1995, pág. 149.
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