La nueva alfombra mágica

Raúl Trejo Delarbre


Capítulo 1
Globalización por Internet

 

Modernización, pero todavía con rezagos

En ese océano de la globalización que es el ciberespacio, la diversidad de opciones no es, por sí sola, panacea de nada. Allí se reproducen, con formatos, énfasis e intencionalidades peculiares, las ideas, hechos, comportamientos o entretenimientos que ya existen en el que podemos considerar como el mundo real. El ciberespacio es un espejo de él y no hay espejo que no refleje aquello que ya existe en el cosmos, sea cual sea su tamaño, al que retrata.

Así, en el ciberespacio hay opciones y desafíos; existen numerosas expresiones de creatividad y propuesta en todos los campos pero, desde luego, también insidias y provocaciones, basura y delito. Uno de los apologistas --pero con realistas reservas-- del nuevo mundo cibernético, Nicholas Negroponte, quien es director del famoso Media Lab del ITM, ha escrito en la conclusión de un libro sobre la nueva era digital, que la tecnología puede ser entendida como un obsequio de la ciencia pero también tiene su lado oscuro: "La próxima década, vamos a ver casos de propiedad intelectual, abuso e invasión de nuestra privacía. Experimentaremos vandalismo digital, piratería de software y hurto de datos. Lo peor de todo, seremos testigos de la pérdida de muchos empleos debido a la automatización de sistemas, la cual pronto cambiará el lugar de trabajo de los empleados en el mismo grado que ahora está transformando al trabajo en la fábrica. La noción de empleo de por vida en un solo trabajo está destinada a desaparecer".1

Tendremos un mundo diferente, pero no por ello menos inequitativo. Hay una constante aspiración por la modernidad que entiende como plausible el empleo de las nuevas tecnologías y la confección de perfiles más uniformes para el mundo. Pero no sólo por limar sus diferencias la humanidad sería menos rijosa, o más constructiva.

"La 'modernización' --ha podido decirse-- es el proceso de homologación mundial que supone cortar distancias frente a los países más avanzados (en eficiencia e integración social) del mundo. Sin embargo, paradójicamente, para ser 'iguales' es necesario seguir caminos diferentes. La historia de cada país pesa y condiciona inevitablemente sus rumbos. Además, modernizar las estructuras productivas de un país que ha resuelto las necesidades básicas de su población y que se encuentra cercano a las fronteras de la innovación tecnológica y el conocimiento científico universal no puede ser lo mismo que modernizar un país caracterizado por una baja productividad agrícola, la persistencia de elevados márgenes de subempleo y la existencia de graves formas de polarización del ingreso."2

Siempre está el problema de cómo empezar. La sola decisión no basta, cuando no se encuentra acompañada de los recursos que la hagan posible y ese es uno de los grandes dramas de las naciones que no pueden alcanzar el desarrollo que desearían. La carencia de infraestructura tecnológica propicia mayor estancamiento en comparación con el desarrollo del mundo y ese marasmo, a su vez, reproduce el círculo vicioso pobreza-rezagos-pobreza-premodernidad-pobreza... Los expertos del Club de Roma, entre muchos otros, así lo han reconocido, con una mezcla de realismo y desesperación:

"Es generalmente aceptado que una de las principales --quizá la principal-- necesidad en el desarrollo de los países del Sur, es la creación de una capacidad propia en cada nación para investigación y desarrollo. Esa fue la conclusión central de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Ciencia y Tecnología para el desarrollo celebrada en Viena en 1979, en la cual fueron previstos varios mecanismos financieros y de otro tipo que la hicieran posible. Después de más de una década hay poco qué ver. Todavía la necesidad de construir ese recurso, depende de que los países en desarrollo sean capaces para entrar en la economía moderna. Allí hay un círculo vicioso. Si la capacidad productiva es para crecer y en consecuencia si para que ese desarrollo ocurra es necesaria una infraestructura científica y tecnológica, todavía parece imposible construir esa infraestructura a menos en simbiosis con los medios productivos. Encontrar los mecanismos para superar ese estancamiento, es un desafío vital para los países involucrados y para la comunidad internacional."3

El proceso de modernización de un país no puede entenderse de manera lineal ni lograrse simplemente asimilando las costumbres y prioridades de una nación en desarrollo a otra que ya lo esté. Tampoco, copiando mecánicamente los caminos que otra nación ya ha transitado. Cada quien tiene su propia historia y eso pareciera seguir siendo inevitable (quizá plausiblemente inevitable) incluso en estos tiempos de la globalización.

Dicho de otra manera: no se trata de trasplantar técnicas, máquinas y expertos de un sitio a otro, para que por arte de hardware una nación esté de pronto ubicada en la ruta del crecimiento y la modernidad. Las tecnologías, es preciso dominarlas en sus aspectos formales pero, entonces, hace falta que se asienten, se propaguen y se amolden a las circunstancias y necesidades del país a cuyo desarrollo se pretende que sirvan.

El ideal, sería que en lugar de que una comunidad nacional se adapte a las nuevas tecnologías, ocurriera al revés: son éstas las que deben modularse y ajustarse de acuerdo con el entorno adonde llegan. De otra manera, sólo tendríamos técnicas trasplantadas pero no aclimatadas en cada colectividad o cada nación. Las nuevas tecnologías en comunicación pueden servir para mejorar la calidad de vida y la oferta de servicios, para emplear de manera más flexible el tiempo cotidiano, para socializar los conocimientos especialmente en beneficio de grupos de población con dificultades para trasladarse de un sitio a otro (por ejemplo, ancianos o minusválidos), para mejorar la eficiencia en las decisiones públicas comenzando por la informatización de los asuntos y trámites gubernamentales, para descentralizar las decisiones... Suena muy bien. Pero de acuerdo con especialistas como el italiano Giuseppe Richeri, de quien tomamos parte de la anterior enumeración: "Esas potencialidades anotadas, así como otras de importante interés colectivo, no podrán, sin embargo, prevalecer automáticamente, sin que exista una preocupación concreta y una voluntad determinada para orientar el uso de las nuevas tecnologías de comunicación en ese sentido. Para obtenerla, es indispensable aumentar el nivel de conciencia de masa, de la cual pueda surgir una exigencia y un acuerdo social sobre la oportunidad y sobre las formas de empleo de las nuevas tecnologías de comunicación. El peligroso error al que estamos asistiendo hoy en día, incluso en el caso de las grandes iniciativas públicas en este campo, es el de la identificación entre desarrollo tecnológico y progreso social".4

Ese principio vale para cualquier tecnología, por sofisticada o especializada que sea y, aunque con contradicciones, para las que propagan mensajes a través de los medios de comunicación. Una televisora o una estación de radio conectan a una colectividad con el resto del país y del mundo, de tal suerte que sirven antes que nada como enlaces entre el entorno y la sociedad a la cual dirigen sus mensajes. Pero esta sociedad no se identificará con tales contenidos, si no los asume como suyos y para ello es preciso que se interiorice en lo que dicen y, de ser posible, incluso en las formas de producción de tales mensajes.

Hace falta, así, que junto con las condiciones materiales para que una nación tenga acceso a las nuevas tecnologías, además vaya construyendo las facilidades culturales, sociales e incluso políticas que hagan propicia una propagación de esas destrezas y recursos sin imposiciones, pero también sin exclusiones. De otra manera, la innovación tecnológica no contribuiría a la modernidad, entendida, según ya se apuntó, como el proceso en donde cada colectividad, más que asimilarse a un esquema internacional, despliega sus mejores capacidades en circunstancias también más favorables. En palabras del ya citado Pipitone: "El atraso en el terreno tecnológico --uno de los mayores obstáculos al crecimiento económico y la conformación de estructuras productivas al mismo tiempo integradas y dinámicas-- no se subsana simplemente por medio de la transferencia tecnológica. Sin menospreciar este aspecto, el dato central es otro: la remoción de los factores sociales que dificultan la activación de amplios procesos de innovación y experimentación en los terrenos de los procesos productivos y de los nuevos productos".5

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Notas

1Nicholas Negroponte, Being digital, Knopf, NUeva York, 1995, pág. 227. Versión en Castellano: El mundo digital, Ediciones B, Barcelona, 1995.

2Ugo Pipitone, Los laberintos del desarrollo, Triana Editores, México, 1994, pág. 28.

3Alexander King y Bertrand Schneider, The First Global Revolution. A Report by the Council of the Club of Rome. Pantheon Books, NUeva York, 1991, págs. 225-226.

4Giuseppe Richeri, "El mercado de Telecomunicaciones en Europa", en Gabriel Rodríguez, comp., La Era Teleinformática. ILET y Folios Ediciones, Buenos Aires, 1985, págs. 92-93.

5Pipitone, op. cit.

 


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