La nueva alfombra mágica Raúl Trejo Delarbre
Capítulo II
Nuevas realidades.
Un perfil del poliédrico ciberespacio
10. Prensa en línea Para fines de 1996, según estimaciones, habrán aproximadamente 2 mil diarios, de todo el mundo, con presencia en la Internet.60 En 1995 había más de 120 diarios de Estados Unidos con alguna presencia en la red, o con planes para tenerla de manera inminente. A comienzos del 96 eran aproximadamente 450, la mitad de todos los periódicos, de diferentes países, presentes en el ciberespacio.
De los 900 diarios que ya tenían páginas propias o alguna forma de ser consultados desde la Internet, 200 eran europeos y 38 de América Latina.61 The New York Times, con un espacio fijo en America On Line y después en la WWW, fue uno de los primeros con una modalidad: ofrece un resumen diario por fax (mediante una cuota) o que puede ser bajado en red para después ser leído en un programa especial para decodificar textos. Más adelante, ese periódico comenzó a cobrar una cuota mensual para los usuarios que quisieran tener acceso a su página en el Web.
Centenares de revistas, comenzando por Time, Newsweek, US News and World Report, Rolling Stone y People, también ofrecían fragmentos de sus próximas ediciones, incluyendo fotografías. Una investigación de la Asociación de Periódicos de América realizada entre 650 publicaciones, indicaba en marzo de 1995 que 12% ya se encontraba "en línea" y que 40 más esperaban hacerlo pronto. Se calculaba que, hasta entonces, la inversión en tales proyectos se acercaba a los 100 millones de dólares anuales.62 En Europa, diarios como Le Monde, Il Manifesto y ABC fueron de los primeros en tener presencias propias en la Internet, como parte de un proceso que se intensificaría entre 1995 y 1996. Más allá de filiaciones y corrientes ideológicas, en el mundo de la prensa ha existido un interés extendido para formar parte de esa nueva experiencia de comunicación.
Pero, ¿de qué les sirve a las publicaciones impresas entrar en línea? Quizá no hay una idea muy clara al respecto, aunque los editores que han colocado a sus diarios o revistas en el ciberespacio llegan a reaccionar con un entusiasmo más cercano a la aventura que al mercantilismo. Un ejemplo de estas experiencias es la del Irish Times, que tiene un tiraje de 90 mil ejemplares y que en 1994 entró a Internet. Sus editores encontraron, entonces, que nadie se iba a hacer rico con facilidad, pero que todo el mundo estaba participando. Pocos meses más tarde, la edición electrónica de esa publicación estaba recibiendo 95 mil accesos por semana. "No hay cargos (financieros) y no hay manera de saber quién está consultando el servicio", decía el editor Joe Breen, "pero, ¿alguien piensa que podría ser la misma persona, 95 mil veces?".63
Sin embargo, la presencia de la prensa en la red no dejaba de ser simbólica, más para ganar o consolidar un perfil de modernización que en busca de sustituir al papel por el módem. Cuando una publicación entra a Internet, gana lectores adicionales pero también puede perder a los que solían comprar la edición en papel y tinta. Si el diario o la revista se encuentran en un servicio comercial, como Compuserve o America on Line, sus editores pueden esperar alguna remuneración económica, pero siempre muy pequeña, a menos que vendan sus servicios en paquete. La tarifa que un usuario ordinario paga a estos servicios es de entre 3 y 15 dólares la hora, pero en el curso de una sesión cibernética suele divagar de un espacio a otro, deteniéndose poco en el foro, o la página, del Time o de People, por ejemplo. Sin embargo, los servicios comerciales en línea pensaban pagar, en 1995, entre medio millón y un millón de dólares a los principales diarios estadounidenses por tener su presencia exclusiva, con materiales de sus ediciones del día siguiente.
Por ello, una manera de financiar estas experiencias es la colocación de anuncios publicitarios, que sin embargo las compañías comerciales de comunicación electrónica se resisten a admitir, porque los suscriptores pensarían entonces que están pagando por comprar propaganda y no servicios que valga la pena sufragar. Y si no es negocio, es posible que la novedad del ciberespacio pronto deje de interesar a las empresas periodísticas, a menos que el volumen de usuarios sea tan grande que les lleve a pensar que, si bien no quieran o no puedan sustituir con ellos a los lectores convencionales, entonces quizá valdría la pensa ofrecer en línea servicios informativos distintos a los destinados para la publicación impresa.
Mientras tanto, la lentitud de los sistemas de comunicación que tiene la mayoría de los usuarios significa un problema para que el acceso a una publicación en línea tenga en atractivo y la versatilidad incluso, que significa hojear un diario o una revista. La información gráfica (fotografías, cuadros, mapas, etc.) suele tardar mucho más que el texto en su transmisión desde el servidor comercial hasta la computadora personal del ciber-lector. Junto a ello, una ventaja es la posibilidad de transmisión de textos más largos que los que suelen aparecer en la comprimida y ascéptica prensa elaborada según el estilo periodístico estadounidense. Las notas cada vez más breves, la información directa, incluso el comentario político sintetizado en pocas frases, suelen inundar las páginas de los diarios y revistas, en un afán de parquedad que busca competir con el estilo todavía más simplificador y breve que tienen la televisión y la radio. En cambio, en el ciber-periodismo hay la posibilidad de que el lector interesado en textos largos pueda bajarlos a su computadora en pocos segundos, o pocos minutos, para leerlos e incluso trabajar sobre ellos con su procesador de palabras. Pero no está claro que el periodismo de reflexión en extenso y de mayor aliento discursivo, sea el que se vaya a beneficiar de la expansión de las letras a través de las redes electrónicas. Sobre todo porque a la mayoría de los usuarios, les cautiva más la instantaneidad y la simplificación que las formas tradicionales, más pausadas y dilatadas, del periodismo o de la discusión de ideas.
Hay otros problemas. Si un diario coloca en línea su primera plana de la mañana siguiente, lo más natural será que las publicaciones rivales la revisen para encontrar de qué noticias o asuntos se han perdido. Así que las primicias respecto de la edición impresa, estarían canceladas en la ciber-prensa. Ya se ha sabido, por ejemplo, que "el editor de The Washington Post, Donald Graham, analiza la revista Time en America on Line Inc., los domingos, para buscar artículos que el Post pudiera haber omitido".64
Quizá a largo plazo, lo que ocurra es una simbiosis, o una mutación en los formatos tradicionales de la prensa, aunque esta posibilidad tiene sus bemoles, como se dice más adelante. Todavía parece faltar largo rato para que la información electrónica sustituya a la impresa, pero sí tiende a ocurrir una convivencia que se consolida con mucha mayor velocidad de lo que a menudo suponen, o quisieran, quienes prefieren quedarse con los recursos tradicionales para el intercambio del conocimiento y de la información. De hecho, más allá de la retórica trascendentalista con la que sus promotores suelen querer elogiar a cualquier innovación tecnológica, pareciera claro que la comunicación electrónica establece una etapa nueva en la historia mundial de los medios. No sólo significa nuevas opciones, con todo y las desigualdades que ello implica, para que las sociedades y sus integrantes logren acceso a inusitadas cantidades de información. Además, la comunicación electrónica implica lenguajes, pautas e incluso pausas diferentes. De esta manera, ha podido decirse que: "Algunos expertos consideran que el plan on-line representa el cambio más grande en la industria editorial desde la invención, en el siglo XV, del tipo movible. Esto alterará la mera naturaleza del medio en formas que aún no se entienden por completo. Ya que muchos periódicos electrónicos que se actualizarán durante el día, corren el riesgo de parecerse a las estaciones de radio que transmiten todo el día noticias, donde la inmediatez se valora por encima de la profundidad y el contexto. Y ya que las ediciones electrónicas pueden ofrecer noticias específicas, los lectores podrían encerrarse en sus propios intereses estrechos, acelerando lo que algunos consideran como un descenso en el discurso público".65
En esa línea de innovación, que es al mismo tiempo nueva restricción de opciones, existe software que permite preparar periódicos al gusto. El usuario programa a su computadora para indicarle a su servicio en línea cuáles son los temas que le interesan. Si a un corredor de bolsa únicamente le atraen las noticias relacionadas con su ocupación profesional, puede tener cada mañana, confeccionada con formato de periódico, una primera plana en cuyos titulares se lean los indicadores financieros y las consecuencias de los mercados de Tokio, Londres, Wall Street o cualquier asunto relacionado con ellos. Un ama de casa que sólo tenga interés en recetas de cocina y en chismes de personajes famosos, puede ordenar su edición de periódico personal, en donde aparezcan las desventuras de la familia real británica junto con las recomendaciones de los chefs prestigiados que colaboran con los servicios en línea. Periódicos al gusto, que inclusive se obtienen sin tener que salir de casa: cada mañana, el software para el diario personal elige, de entre decenas de miles de archivos, aquellos que se ajusten a las preferencias que le hemos indicado. Cada uno de nosotros tendría, así, su periódico propio (que inclusive se puede imprimir, si es que experimentamos alguna nostalgia por el papel y la tinta) pero es difícil creer que esa sea la función de la prensa.
Hay discrepancias, y temores, al respecto. Cuando nos enfrentamos a las páginas de un periódico tradicional, allí tenemos un mosaico de las realidades recientes de nuestra localidad, nuestro país y el mundo. La economía y los deportes, el clima y la cultura, Asia y Africa, se encuentran cada uno en su espacio peculiar pero como parte de un poliedro armónico. En cambio, los periódicos por encargo que ya se ofrecen a través de los servicios en línea, presentan únicamente los fragmentos de realidad que deseamos ver. Puede decirse que siempre, de todos modos, existe el filtro de alguien: en el caso de la prensa convencional, el criterio que se expresa en las decisiones editoriales del director o el jefe de redacción de un diario. En el periódico electrónico personalizado, el cernidor es la suma de parámetros que hemos establecido. De esta manera, habrá usuarios que solamente quieran recibir noticias, por ejemplo, del Medio Oriente, sin que les importe nada de lo que suceda en otros sitios del mundo. Otros, elegirán únicamente asuntos deportivos (o, peor aún, habrá quien solicite que le envíen solamente informaciones metereológicas, recetas de cocina y los marcadores del hockey sobre hielo).
En países tradicionalmente encerrados en sus propios asuntos como, a pesar de la abundancia de medios de comunicación, ocurre en Estados Unidos, el efecto que pueden tener esos diarios personalizados sería la profundización de aislamiento y, vale decirlo, de la ignorancia en que una gran cantidad de ciudadanos de ese país viven respecto de lo que ocurre en su entorno mundial. De por sí, en esas naciones hay una perspectiva que puede ser considerada como aldeana, capaz de reconocer problemas en su propia comunidad o en una tragedia que la televisión le comunica a una distancia de varias decenas de miles de kilómetros, sin jerarquizar ni ubicar cada acontecimiento. La selección automatizada de "campos" de acontecimientos para confeccionar el diario que cada quien quiere recibir cada mañana, eliminaría la perspectiva y se convertiría en un amasijo de datos. Más que tener un diario personalizado, los usuarios de ese servicio reproducirían no sólo sus preferencias sino sus limitaciones propias.
El asunto apenas suscita discusiones. Por su instructiva claridad, reproducimos íntegra la opinión, sobre este asunto, de David Weinberger, presidente de Evident Marketing, una empresa de Massachusetts:
"La información, por naturaleza, siempre es adecuada y preparada en diversos grados. Por ejemplo, The New York Times es confeccionado de acuerdo con una serie de intereses, en tanto que The Wall Street Journal de acuerdo con otros. El seguimiento lógico de esta observación debería ser que cada persona debiera ser mejor atendida por un periódico confeccionado de acuerdo con sus peculiares intereses. Pero cada micro-confección privaría a los periódicos y otros documentos de una de sus fortalezas principales: ayudar a establecer el sentido de comunidad en un grupo.
"Después de todo, una de las razones para que leamos un periódico es para ver qué es lo que se está diciendo. El hecho de que un artículo aparezca en la página 15 en lugar de la página 1, nos dice algo acerca de cómo una comunidad (o al menos su periódico) está evaluando la importancia del artículo. Si yo fuera a indicar a mi servicio de periódico computarizado y personal que mi interés principal son las noticias acerca de Malasia, la primera plana de mi periódico personalizado estaría lleno de ellas, y entonces yo me perdería de un importante indicador de cómo mi comunidad juzga el significado de esa nación.
"Publicaciones como los periódicos y las revistas, entonces, son una importante vía que una comunidad descubre y construye en su sentido de preocupaciones compartidas.
"El hecho de que el documento que estoy viendo sea el mismo para todos los que lo reciben, tiene otros importantes efectos. Establece una base común de expectativas acerca de lo que nosotros, como comunidad, se supone que sabemos. Si, en el clímax de la Guerra del Golfo Pérsico, hubiéramos encontrado a un americano que dijera que nunca había oído hablar de la Tormenta del Desierto, deberíamos haber aprendido algo importante acerca de esa persona.
"En breve, el acto de publicar --que, en sus raíces, significa 'hacer público'-- ayuda a establecer un público, en primer lugar. Un público, una comunidad, se cohesiona en gran medida a partir de lo que se supone que sabe, y cómo evalúa el significado de los asuntos actuales. Empezamos a perder ese sentido de comunidad cuando las expresiones que compartimos de manera pública, son confeccionadas por computadoras de acuerdo a las necesidades y deseos de los individuos."66
Ese reconocimiento del papel de la prensa como cemento de las relaciones sociales es útil para, en contrapartida, pensar en la cibercomunicación no sólo como un maravilloso puente a la información en cantidades opíparas, sino además como obstáculo a las formas de socialización tradicionales. Salvo excepciones, la recepción de la información cibernética ocurre en un acto solitario. Nadie más: el usuario frente a su pantalla puede tener la sensación de que navega por el mundo, y en algún sentido así estará ocurriendo, pero ello podría ocurrir en el aislamiento personal más absoluto, con tal de que se cuente con el equipo de cómputo pertinente y una línea telefónica. Desde luego la información y las experiencias así adquiridas pueden ser compartidas, inclusive a través del mismo ciberespacio, pero esa ya es una decisión del beneficiario inicial de ellas. Después de todo, la gran mayoría de quienes navegan y consumen mensajes en la superautopista de la información reciben, contemplan y usufructúan lo que otros han confeccionado. Esto sucede especialmente en las páginas de la WWW, en donde si bien existe posibilidad de interactuación, enviando comentarios por e-mail, el atractivo --y la oferta-- principales son la variedad de mensajes, icónicos, textuales o fónicos que puede ser recuperados por los usuarios. Es decir, si bien técnicamente es posible que cada quien incorpore sus mensajes en los diversos espacios de las redes electrónicas, lo más frecuente es que quienes navegan por ellas sean consumidores, más que contribuyentes con sus propias aportaciones. En la WWW y los espacios comerciales en red, el atractivo principal consiste en tener acceso a la información allí disponible y no la contribución de los usuarios, como en los tiempos en que Internet era una colección de foros de discusión a través del intercambio de textos.
Por otro lado, la parcialización informativa es inevitable cuando se está ante tal cantidad de datos. Un amigo, recién cibernauta, nos decía entre exhausto y harto: "Lo malo en Internet es que nunca acabas. Cuando crees que ya recorriste los espacios más importantes, resulta que hay otros nuevos. Ni el tiempo ni la vida alcanzan". Quizá el error está en ese sentido de omni-apropiación, que sería ridículo en otros casos pero que en la cibernavegación resulta frecuente. Si entramos a una biblioteca importante, jamás se nos ocurriría angustiarnos por el hecho de que no tendremos años suficientes para leer todo lo que allí se encuentra. Además, es difícil que todo eso realmente nos interese, por muy abierta que sea nuestra disposición al conocimiento. Pero en la cibernavegación suele manifestarse una predisposición a la avidez, porque si no es en el contenido, al menos en la forma llega a haber algo que nos interese: la definición de una fotografía, el tipo de letra de los textos, la calidad del sonido... Quizá no hay medio de comunicación más seductor que la red de redes. Antes que nada, su capacidad de atracción comienza por el hecho mismo de que nos encontramos frente a frente con el mensaje, que viene a nosotros como resultado de nuestro llamado. Hemos tenido que solicitar un archivo específico, o una página de WWW con una dirección precisa, para que aparezca ante nosotros. Hay una respuesta específica a una acción nuestra. A menudo nuestra posibilidad de iniciativa allí termina, porque una vez que aparece el archivo debemos seguir instrucciones que no dejan lugar a un nuevo albedrío.
Los medios de comunicación convencionales son una ventana al mundo y a nuestro entorno más inmediato, a través de la cual podemos enfocar la mirada a uno u otro asunto. De por sí, esos medios pueden ser cuestionados, como ocurre frecuentemente, por su parcialidad y unilateralidad. En la comunicación cibernética, cuando es matizada por un filtro prestablecido, se acentúa esa tendencia a mirar unos cuantos árboles y no el bosque. No importa que hayamos sido nosotros quienes establecimos las pautas de ese cernidor: al pedir específicamente información sobre unos cuantos temas, nos cerramos la puerta a la actualidad en otros más. Así, a propósito de la prensa electrónica diseñada según el interés de cada cibernauta, el escritor Umberto Eco ha considerado: "Podrían morir los diarios, no los editores de diarios que venderían informaciones con costos reducidos. Sin embargo, el periódico hecho en casa podría decir solamente aquello en lo que el usuario está ya interesado de antemano y lo alejaría de un flujo de informaciones, juicios y alarmas que habrían podido reclamar su atención; le quitaría la posibilidad de atrapar, hojeando el resto del periódico, la noticia inesperada y no deseada. Tendríamos por tanto una élite de usuarios informadísimos, que saben dónde y cuándo buscar la noticia y una masa de subproletarios de la información, satisfechos con saber solamente que en los alrededores nació un becerro con dos cabezas: es lo que ya sucede en los diarios del midle west estadounidense".67
En México, en la primavera de 1995 dos diarios entraron en la WWW y al menos otro se disponía a hacer lo mismo. Desde el 6 de febrero, La Jornada colocó una página electrónica que renueva cada día, con las noticias principales de primera plana, una selección de textos de opinión y las caricaturas más populares de ese periódico. El alcance que buscó, ha sido sobre todo internacional. "La operación se hace entre las 3 y las 4 de la madrugada, lo cual significa que un lector que encienda su computadora al mediodía en París o en Madrid, podrá leer las principales noticias y opiniones antes de que el diario llegue a los puestos de periódicos de la ciudad de México".68
Los responsables de esa nueva área en La Jornada, relataron que la demanda fue tal que el servidor de la Universidad de Pennsylvannia, a través del cual se propagaba la página electrónica, se saturó rápidamente "y el 30 de marzo se hizo un convenio con una institución canadiense". De hecho, el sitio desde donde la página electrónica se ponga en la WWW no es tan irrelevante para el usuario por lo que llama la atención que los encargados de ese servicio en el diario mencionado pensaran que cambiando de servidor resolverían un problema de tránsito que no depende sólo de la fuente originaria desde donde la página se transmite, sino además de los puentes, o compuertas electrónicas, que cada posible lector emplea para tener acceso a la World Wide Web.
El mérito de ser el primer diario de la ciudad de México presente en la red electrónica, se lo quiso apropiar otra publicación, Reforma. El 6 de abril, ese diario se ufanaba, en su primera plana, no sólo de tener su propia página en la red de redes sino, incluso, de ser "el primer periódico a nivel mundial en ofrecer una versión electrónica en el formato original, incluyendo imágenes, fotografías y gráficas".69 La publicación de esa nota motivó la tácita respuesta de La Jornada, cuatro días después, con lo cual quedó claro de quién había sido la primicia para estar presente en Internet. Además, mucho antes que los diarios mexicanos otros, en Estados Unidos y Europa, deambulan por el ciberespacio. Más allá de tales detalles, durante los primeros días después de su anuncio, la página de Reforma no pudo estar presente en Internet debido a problemas técnicos, de la misma manera que la página de La Jornada con frecuencia sufría desperfectos que la sacaban del aire.
Para los diarios mexicanos, así como, eventualmente, de otros sitios de Latinoamérica, podría decirse lo mismo que respecto de la presencia de publicaciones estadounidenses en la red: por lo pronto, las posibilidades comerciales de esas experiencias son mínimas; lo más importante es el hecho mismo de que el diario pueda ufanarse de estar en la SAI. Ya se verá, luego, de qué sirve. Por supuesto, hay una utilidad clara en términos de divulgación, sobre todo para los interesados, en este caso, en las noticias mexicanas y que radican en el extranjero. Dos cotidianos de Monterrey, El Norte --socio de Reforma-- y El Diario de esa ciudad, tenían sendas páginas en la WWW. Luego, Excélsior abrió su espacios en esa pista de Internet y otros diarios, como El Economista, lo hicieron a través del servidor de la UNAM. En julio de ese año, el semanario de política y cultura etcétera abrió una página en la triple W, con lo que se convirtió en la primera publicación mexicana, en su género, en estar en el ciberespacio.
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Notas60"En Internet, dos mil diarios a finales de 1996", cable EFE en Excélsior, 24 de febrero de 1996.
61Ibid.
62Bart Ziegler, "Revolucionan a periódicos los sistemas en línea". Servicio de AP-Dow Jones, en Excélsior, México, 27 de abril de 1995.
63Peter Hulm, art. cit.
64Ziegler art. Cit.
65Ibidem.
66David Weinberger, "The Daily Me? No, The Daily Us", en Wired, San Francisco, abril de 1995.
67Umberto Eco, "Crítica del periodismo", traducción de Adriana Guadarrama, en semanario de política y cultura etcétera, No. 123, México, 8 de junio de 1995.
68Pedro Enrique Armendares, "Cumplió La Jornada 60 días de transmitirse vía Internet", La Jornada, México, 10 de abril de 1995.
69"Entra Reforma a Internet", en Reforma, México, 6 de abril de 1995. <
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