La nueva alfombra mágica Raúl Trejo Delarbre
Capítulo II
Nuevas realidades.
Un perfil del poliédrico ciberespacio
Aladino, en la película de ese nombre y en una actualización con ligeras licencias respecto de la historia clásica, encuentra la alfombra que, mágicamente, lo transporta a cualquier lugar que desee ir, de manera instantánea y sin esfuerzo. Adónde viajar, y para qué, se convierten en nuevos dilemas, secundarios ante la posibilidad que le ofrece el genial vehículo. Así también, el moderno equivalente de la alfombra de Aladino puede ser la mezcla de recursos que convergen en la nueva comunicación electrónica. Hoy en día, podemos transportarnos por el mundo sin salir de nuestra ciudad e, incluso, sin dejar nuestra casa. La computadora se ha convertido en el genio, el tapete y a veces incluso, en el destino mismo de los nuevos viajes cibernéticos.1
La información magnética, junto con los recursos de la telefonía, el video, las fibras y los lectores ópticos, el módem y los satélites, está propagando lo que se ha convertido, al mismo tiempo, en el acontecimiento cultural y en la industria de mayor expansión en el mundo, al filo del siglo. La información electrónica no es únicamente recurso de apoyo, sino una nueva forma de quehacer cultural en sí misma. Bancos de datos y foros de discusión sobre cualquier tema imaginable --o casi--, transacciones financieras y consultas educativas en donde las lejanías geográficas son sólo un dato estadístico, ejercicios del ocio y opciones laborales a distancia, películas a domicilio, videoconferencias trasatlánticas, compraventa de los más variados servicios y posibilidad de interactividad entre el usuario individual y la red a la que se encuentre conectado, complementan el panorama de una colección de opciones que trasciende ramas industriales, experiencias profesionales y fronteras nacionales. La telefonía, en simbiosis con la computación, lleva a cualquier sitio la presencia contemporánea de la información a raudales. Tecnología, negocios y cultura se articulan hoy en la construcción, aún incipiente, de la que ha sido considerada como la superautopista de la información.
Como Aladino, cuando nos conectamos al sistema de redes de información electrónica podemos divagar fascinados en nuestra alfombra mágica, pero corremos el riesgo de perder el rumbo, o de no entender para qué nos sirve tanta maravilla. También es posible que nos limitemos a navegar en la alfombra electrónica sin reparar en costos, o suponiendo casi que las bondades de la tecnología nos resultan accesibles por arte de magia.
Las nuevas tecnologías, en este caso autopropagadas por las redes cibernéticas y los medios de comunicación convencionales, se vuelven necesarias no sólo en virtud de sus utilidades peculiares sino también a partir de requerimientos específicos que ellas mismas crean, difunden y establecen. Aunque sea un lugar común vale decir (porque a veces no lo es tanto) que las tecnologías no son inocuas: tienen usos y llegan a ser vehículos de abusos. Son instrumentos de extensión y dominación, de civilidad y dilemas para cada nación y cada cultura, como hemos querido enfatizar en el capítulo anterior. Al filo del final del siglo, el empleo de las redes de información se está volviendo una necesidad --o al menos hay la tendencia a pensarlo así-- para que las naciones, las empresas y los individuos estén sintonizados con la modernidad, o con las imágenes que de ella se tienen con más frecuencia. Las nuevas tecnologías son parte del proceso de dominación-apropiación que suele existir en las relaciones económicas (y políticas incluso) en el entorno internacional que tenemos en esta era de la globalización. Sirven para usos específicos, de la misma forma que a partir de tales usos se les propaga como indispensables, aunque en ocasiones no tengan la misma utilidad práctica para todos los países o en todas las circunstancias. En los países en desarrollo es preciso tener en cuenta saber para qué sirven y para qué no esas nuevas tecnologías. Pero también, es necesario no quedarse en el discurso --catártico, más que crítico-- que al insistir en el reforzamiento de la dependencia y la imposición de criterios no necesariamente identificados con las prioridades sociales de cada nación, llega a ser paralizante al proponer una suerte de autismo tecnológico. En el caso de las redes de comunicación cibernética, en América Latina esa parálisis ya no es posible por la sencilla circunstancia de que ya se encuentran entre nosotros y, en ocasiones constituyen poderosas fuentes de atracción financiera, cultural, profesional e incluso política. En estas páginas exploramos algunas de las implicaciones que para la cultura latinoamericana puede tener el desarrollo de la información electrónica, así como varios de los muchos retos --habitualmente no atendidos-- que supone para las políticas nacionales y de eventual cooperación entre sociedades y gobiernos.
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Notas1El símil entre la alfombra de Aladino y los nuevos recursos de información electrónica, es de Vinod K. Jain en su artículo "The multimedia magic carpet", para The World and I, Washington, noviembre 1994.
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