La nueva alfombra mágica Raúl Trejo Delarbre
Capítulo V
Qué hacer con las redes
Un eclecticismo incómodo Dos concepciones: una destaca los riesgos en la incorporación de tecnologías nuevas como la de comunicaciones por módem; otra, los sustituye por oportunidades históricas. Ni tanto que mitifique al imperialismo tecnológico, financiero y cultural ni tanto que lo descuide. Las redes pueden ser opciones de crecimiento en varios sentidos, pero no lo resuelven todo. Ni demonios ni panaceas.
En los países latinoamericanos no podemos quedarnos con una apreciación superficial, o utilitaria, que desconociera las múltiples consecuencias que la supremacía tecnológica de los países más desarrollados tiene respecto de aquellos que están llegando tarde, o de los que ni siquiera inician el camino, a la modernidad de las redes de información. Las posibilidades de pérdida de soberanía cultural han sido reconocidas como el inconveniente central --pero no es el único-- en esa relación desigual. Un resumen de los debates en un reciente encuentro internacional sobre el futuro de las comunicaciones describía las siguientes preocupaciones:
"Las consecuencias problemáticas siguen vigentes en las sociedades del mundo, presionando para apartar a una multitud de sociedades y eliminar las tradicionales diferencias culturales. Se espera, por ejemplo, que los nuevos canales y servicios de comunicación aumentarán la dominación de las naciones industrializadas con la consiguiente pérdida de soberanía cultural para los países en desarrollo. De manera similar se ha sostenido que va a ser fabricada una clase de usuarios de computadora, adicta a sus máquinas, comenzando a aislarse de las familias y del contacto interpersonal. Subsecuentemente, la existencia de las comunidades tradicionales sería puesta en riesgo."8
Los temores de imposición cultural disimulada en la atractiva envoltura de la comunicación electrónica están sustentados en hechos reales. Sin embargo, toda forma de propagación de ideas y conocimientos puede ser útil para la solidificación y no la devastación, de las culturas nacionales. También es preciso reconocer que todo desarrollo tecnológico, más aún cuando tiene implicaciones culturales tan drásticas, causa incertidumbres y hasta miedos. Hay que recordar las predicciones cataclísmicas que se hacían en el advenimiento de la imprenta o, de manera más cercana, cuando la televisión apenas comenzaba a ser un acontecimiento cultural de masas. Hoy en día, a pesar de las diferencias entre ambas la cultura impresa convive con la televisiva y todavía hay sitio para otra cultura, simbiosis de aquellas dos, que podamos obtener, generar y propagar a través de las computadoras sintonizadas con grandes redes de información e intercambio.
Estas redes se han mostrado como espacios receptivos a la diversidad cultural. Suman millares los foros de discusión, en Internet, sobre peculiaridades étnicas, políticas y culturales, habitualmente de los países del llamado Tercer Mundo. El ya citado especialista Tom McQuaide ha señalado que "los esfuerzos para levantar barreras contra (e incluso parodiando) la existencia de una presencia cultural de occidente, pueden ser un desperdicio de creatividad. La gente y las naciones del mundo en desarrollo pueden usar la tecnología en comunicación para apoyar y compartir con el resto del mundo sus identidades culturales peculiares".9 Las redes pueden ser canales para construir un mundo nuevo, como sugiere ese especialista, pero no deja de reconocerse que no se encuentran al margen de este mundo viejo que seguimos teniendo. Es decir, sus posibilidades se encuentran balanceadas por las limitaciones y éstas ocurren en un contexto de numerosas desigualdades, entre ellas las que resultan de las peculiaridades --a veces incluso traducidas en rivalidades-- entre unas naciones y otras. Las nuevas tecnologías de comunicación sirven para propagar y compartir de manera más directa (más involucradora y comprometedora, incluso, en ocasiones) las identidades culturales de cada comunidad. Pero también, por lo general, sirven como vehículos de las concepciones predominantes del mundo y del orden entre las naciones.
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Notas8Tom McQuaide, "Digital communications: channels to new worlds, not a collapse of culture", texto en torno a la Conferencia Anual del Instituto Internacional de Comunicaciones en Tampere, Finlandia, en Intermedia, London, octubre/noviembre de 1994.
9Ibidem.
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