![]() |
el país | el mundo | dinero | nuevo etcétera |
| columnas | ciberia | medios | gente | |
| recuento etcétera 1993-2000 |
espejos | espectáculos | página principal |
|
dinero |
||||
|
cuentas claras
|
Despedida
Ricardo Becerra
La hospitalidad de etcétera alojó a esta columna todas las semanas desde hace más de un año. La idea era doble: hacer un seguimiento de las noticias económicas más importantes y tratar de explicarlas con claridad (sin petulancia) a un público vasto, es decir, a uno más amplio que el circuito impenetrable de los economistas. No sé si lo logré. Pero al terminar el experimento debo confesar que había otro objetivo subyacente: tratar de explicarme a mí mismo los complejos fenómenos de la economía actual; hacer esta columna semanal, me obligaba a hacerme de la información, de todos los datos disponibles y una vez que pudiera ordenarla y entenderla con alguna claridad, entonces sí, arrojarla a la botella marítima de cuentas claras, rumbo a los lectores de etcétera. Los temas recurrentes fueron éstos: la pobreza y la desigualdad en primer lugar; el empleo y el salario; la reforma fiscal inevitablemente recaudadora; cómo evitar la crisis de fin de sexenio; tratar de entender las razones de esa bestia negra que es el neoliberalismo; seguirle la pista a las discusiones coyunturales de política económica, a la economía de Estados Unidos. En cada uno de ellos, constantemente, traté de seguir el consejo de mi maestro en estos temas, Rolando Cordera: ver en cada coyuntura y en cada decisión las otras opciones disponibles, averiguar las razones que llevaron a tal o cual política económica, desconfiando siempre de la divisa totalitaria (muy marxista o muy neoliberal), según la cual en economía no hay más que una sola ruta. Esta columna tuvo una sola ambición que es pedagógica: proporcionar datos, evidencias, hechos, y a partir de ahí tejer una o dos ideas, uno o dos argumentos, pero nunca al revés. No sé si tuve éxito, o si alcancé a tener más de tres o cuatro queridos lectores. Pero la intención era explicar antes que denunciar, insultar o abjurar. Lo que intenté sobre cualquier otra cosa es llamar la atención acerca de una de nuestras tragedias culturales: la izquierda suele quedarse rezagada en la discusión económica. Ante cada problema y cada decisión de política económica, la izquierda suele llegar tarde, suele quedarse en la denuncia, suele no presentar opciones practicables, y en parte por eso, los neoliberales siguen llevando la mano. Quería mostrar que no hay una política redistributiva consistente en México, una política para la equidad, para remover pobreza y desigualdad. Por supuesto que yo no tengo la respuesta, aunque quiero creer que sé cuáles son sus condiciones más elementales. Creo que se puede diseñar y sostener una agresiva redistribución de la riqueza en las condiciones de una sociedad democrática y de mercado si: 1. No se arriesga la tasa de crecimiento a mediano plazo. 2. No se reduce el ahorro. 3. No se reduce la inversión. Es decir, México podrá practicar una política para la equidad si los costos de las transferencias de recursos no alteran significativamente la cadena ahorro, inversión y crecimiento. Dicho en otras palabras: necesitamos altas tasas de productividad para sostener un gasto público alto; necesitamos más impuestos y más recursos del Estado, suficiente para atender de veras las exigencias de la población más pobre. Esa sería la base, la condición a respetar siempre por una política socialdemócrata. Espero que se cultive y llegue pronto. Mientras tanto, no me queda sino agradecer a Raúl Trejo, a Marco Levario y a Julio Chávez por su sistemática paciencia y hospitalidad. No estoy seguro de haberla merecido. Ahora puedo decirle a ellos y a los lectores, por supuesto, muchas gracias Ricardo Becerra estudió Economía en la UNAM. |
|||
|
|