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primera plana

etcétera, tan lejos tan cerca

Marco Levario Turcott

Foto: Francisco Mata Rosas

El estado de ánimo tiene sus propias manecillas para medir el tiempo. Por eso siete años, siete meses y 24 días pueden ser lo que se sienta y, entonces, ya desde ahora, etcétera esté tan lejos tan cerca. Lejos porque a eso remite hablar del número 400 sin pensar en el otro y cerca porque en cualquier momento podemos hojear sus ediciones. Lejos porque ya pasó, uno lo ve así para pensar en lo que sigue y cerca porque no se puede pensar en lo que sigue sin valorar lo que pasó. Tan lejos tan cerca. El sentimiento diluye la distancia y deshace al referente que es el tiempo. Por eso es mejor invertir los términos: para poner en orden los sentimientos hay que tomar distancia. Y para eso hace falta tiempo.

Cuando este columnista cumplió 30 años el director de etcétera acertó en que al cumpleañero le hacía falta un alto para revisar la vida y proyectar lo que siguiera. No es casual, su regalo fue un reloj y eso me recordó que aunque el estado de ánimo tenga sus propias manecillas, esa fecha dejó la impronta que ahora narro cuando hablo del tiempo y la distancia. Así, tiempo es el espacio dedicado a construir una amistad con Raúl Trejo Delarbre de la que me siento orgulloso y agradecido. Y distancia es algo así como la que él exige para evitar, digamos, el recurso fácil de la complacencia o la adulación. Tomar distancia, dice el prólogo de una novela que él me obsequió también, no es sólo una cuestión estética o literaria, sino ética también.

Tomar distancia, dijo él cuando cualquier cosa se le vino encima a México, mirar a la distancia también, para acompañar a las tendencias probables de lo que ocurriría. Cerca del acontecimiento y lejos de la opinión que sólo se expresa emocionada. Y entonces, no puede uno tomar distancia de eso cuando al paso del tiempo hay que hablar de etcétera, no sería ético ni estético ni literario: etcétera es lo que fue y siga siendo, eso lo veremos al paso del tiempo, gracias a la distancia con la que Raúl miró y condujo el proyecto. Eso explica, aunque sea en parte, que dentro de estos años, en la labor periodística, el director hubiera estado tan lejos y tan cerca de nosotros. Cerca, porque ante muchas cosas que ocurrieron en el país compartía enojo, desazón, sorpresas, alegrías y tristezas. Lejos, porque su ya clásico "¿y qué más?" frente a (casi) cualquier cosa, no siempre obtenía respuesta en sus interlocutores y entonces él quedaba solo, frente al diagrama de la edición siguiente. Nada me apena tanto como aquellos momentos, pero la distancia ayuda: para eso es el director y por eso estamos orgullosos.

Ante todo, uno de los mayores logros del director de etcétera es haber hecho de esta aventura un esfuerzo colectivo.

Naturalmente, no siempre hubo coincidencias. Pero lo que importa es lo impreso y la solidez del equipo que hizo posible estos números, lo que interesa es que ni siquiera se hubieran dado las diferencias si un buen día a Raúl no se le ocurre preguntarnos "¿y qué más?" luego de que había renunciado a El Nacional e interrumpido el suplemento "Política", él contestó solo otra vez. Al paso de estos años, cuando, afortunado, cualquiera del equipo tenía una respuesta, podía decir que estaba esperando alguna plana de publicidad o algún cobro por ese concepto o un nuevo ensayo y una entrevista, que tenía un cuento, algún reportaje o poema o surgiera cualquiera de esos géneros como una propuesta para la edición siguiente. Y cuando no hay respuesta, él deja pasar el tiempo y espera a que uno cobre distancia y regrese. Al revés también, cuando no hay modo de convencerlo de lo que sea, mejor hay que ir a hacerse cómplice del tiempo y la distancia: al final, algunas cosas fueron definitivas y otras no.

Esto es algo así como un comité de lucha, le dije al principio del proyecto. No, esto es algo así como un trabajo, comentó determinante. Tenía razón, pero etcétera no puede explicarse sin las ganas y más ganas puestas cada jueves, empezando por él y su persistencia para criticar la edición del día (sólo recuerdo tres ocasiones en las que él hubiera dicho que algún número le gustara completo, así, sin erratas o ausencias de pies o fotos mal impresas o falta de imaginación en la portada); persistencia para imaginar alguna nueva columna y escuchar propuestas y revisar los textos. Perseverancia para las adversidades financieras. "¿Y qué más?", frente al abatimiento.

Más: en la sustancia que vale la pena ofrecer a la palabra cambio, dijo hace unas cuantas semanas, se encuentra la aportación que podemos hacer. Y ésta, tomando como referencia a los medios de comunicación. Sé que lo hizo porque es su convicción, pero también porque sabe el pedazo de vida que ha sido para él y para nosotros etcétera. Entiendo que lo hizo porque es una nueva apuesta que le emociona, pero también por el gusto que tiene de llegar a la oficina, tomar el mejor café del barrio y comentar con este afortunado articulista y otros compañeros los avatares de la vida cotidiana y el contenido de lo que hay que publicar.

En todo eso hay algo de distancia, la de un profesional que sabe lo que se debe hacer y lo conduce, pero también hay algo de emoción, que es el placer de la amistad. Así, las manecillas del estado de ánimo marcan una hora afortunada: la de mirar la nueva etapa y emprenderla juntos otra vez. Es el momento y qué bueno. Que el camino sea largo

Marco Levario Turcott es subdirector de etcétera. Correo: mlevario@etcetera.com.mx

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