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inventario

etcétera y su circunstancia
El semanario de la transición

Marco Levario Turcott

Foto: Ave

...Y lo que sigue, dijo aquel grupo de editores que hace poco más de siete años y medio publicó el primer número del semanario de política y cultura etcétera. Y lo que sigue, comentó, no sólo como expresión entusiasta frente a su precariedad financiera y la incertidumbre de cómo el proyecto sería recibido por el público lector. Así definió también, desde el número cero incluso, la intención editorial que dio ánimo a la aventura: ser una revista para personas que leen y están más allá de la literatura barata y frívola, aunque ésta sea extraordinariamente eficaz en el mercado.

Y lo que sigue fue la síntesis con que se orientó el esfuerzo de ir más allá de constatar sucesos y de su interpretación coyuntural y, en cambio, ofrecer el juicio riguroso de las causas de los acontecimientos, así como las tendencias probables (indeseables o no) que siempre traen consigo. Los editores del semanario buscaron constituir un espacio para la concurrencia de jóvenes cuyo talento permitiera ver con nuevos ojos la realidad cambiante, y constituir una referencia intelectual distinta.

Por todo eso, y lo que sigue, en aquel lejano 1993 el planteamiento de etcétera fue que asistíamos a un cambio de época en el globo y quiso entenderlo desde una óptica de izquierda, también pretendió proyectar sus alcances. Ya no eran sólo visos sino realidad actuante y operante, el desmantelamiento del viejo esquema bipolar establecido desde la Segunda Guerra Mundial sería un hecho a partir de la renovación de las convicciones democráticas y de la asunción de un nuevo esquema económico como lo es el libre mercado. El ensayo principal del primer número de etcétera, que delimitó una de las que estarían entre sus principales coordenadas editoriales, fue elaborado por el intelectual español Ludolfo Paramio, quien ahí revisa el avance democrático de aquel entonces y desmenuza también el significado del "neoliberalismo". "México ante el cambio del mundo", escrito por Rolando Cordera, fue el texto principal del siguiente número.

Sin exagerar, fueron centenas de artículos y ensayos ­alrededor de 580 escritos­ donde aproximadamente 120 autores distintos (entre ellos, alrededor de 65 traducciones) revisaron y analizaron los principales acontecimientos internacionales. María Cristina Rosas fue la autora más prolífica con cerca de 180 artículos y casi 150 notas. En América Latina, las vicisitudes de los Estadosnación que perseguían consolidar la democracia: Perú, Argentina, Chile y Brasil, entre otros (publicamos entrevistas con Fidel Castro, Mario Vargas Llosa y Philippe C. Schmitter, entre otras decenas de textos, de los cuales sobresalen los de Juan Carlos Portantiero, Paulo Hidalgo, Gloria Abella y Susana Mallo); en Asia el coloso Japón y su incorporación a la economía mundial (reproducimos una entrevista con Gabriel García Márquez, así como los escritos de Amartya Sen y Naief Yehya); en Europa occidental el esfuerzo de configurar nuevos parámetros de desarrollo y la expectativa del avance democrático (difundimos, entre otras entrevistas, una con Ugo Pipitone, otra con Umberto Cerroni y una más con Felipe González, así como otros tantos materiales escritos por Michelangelo Bovero, Norberto Bobbio y Claudio Magris, además de las colaboraciones de Ciro Murayama y Anna Pi i Murugó); Europa oriental y la perspectiva de construir los patrones democráticos a partir del desolador panorama dejado por las dictaduras. En este ámbito, Yugoslavia y Rusia fueron de los países que mayor atención captaron (publicamos artículos de Adam Michnik, Ana Teresa Gutiérrez del Cid y Liza Alexandrova, entre otros); también está el Medio Oriente y su convulsa situación (hay, entre otras, las opiniones de Federico Fernández Christlieb y Albert Memmi). También se abordaron tanto la solidez financiera como los avatares políticos de Estados Unidos y Canadá, los dos países que junto con México, desde el primer día de 1994, participan del Tratado de Libre Comercio. Tema, este último, entre los más analizados en el orden de los asuntos internacionales (en este rubro destacan los artículos de Ann Weston, Allan Smith, Raymonde Leblanc, Jefferson Cowie y John D. French, entre varias decenas más de opiniones).

El semanario de la transición

Todavía hace poco más de siete años, "la transición" era por muchos considerada un término impropio, por decir lo menos. Se argumentaba por esas fechas que se trataba de un diagnóstico equivocado por la buena o peor fe que confería virtudes que, según ellos, no se expresaban en el sistema político mexicano.

etcétera quiso ser la revista de la transición en el sentido de contribuir a entender y a impulsar, de acuerdo con sus modestas limitaciones, ese proceso donde la serie sucesiva de reformas moldearon un rostro distinto al del vetusto sistema que reguló las relaciones políticas a partir de la tutela del Presidente y la hegemonía de un solo partido. Se evidencia el contraste si nos remontamos a 1976 cuando en el país hubo un solo candidato presidencial y, más tarde, en 1982, cuando se constata todavía el predominio del PRI y la debilidad de los otros partidos. 1988 fue un parteaguas en las lides de la competencia electoral, pero 1994 mostró ya la participación de contendientes fuertes y, aún más, enseñó que en México comenzaba a establecerse el expediente de elecciones más equitativas y transparentes. En el piso formado por el conjunto de normas e instituciones que regulan la competencia electoral, el 6 de julio de hace seis años el país tuvo, por primera vez en la historia, un proceso comicial que transcurrió sin impugnaciones sólidas que pusieran en duda los resultados. Ya no hubo vacilación alguna en esto con la concurrencia a las urnas el 2 de julio del presente año.

Luis Donaldo Colosio
Foto: Jorge Claro/Contraluz

Si algún tema mexicano tuvo especial relevancia en etcétera, ése fue el de la cuestión electoral. Aproximadamente 480 artículos y ensayos fueron escritos con la intención de destacar el avance tenido y los desafíos que se abrían, desde aquellas lejanas reformas electorales de 1977 hasta la serie que siguió, concluyendo en lo básico 19 años después. Abordando esos y otros temas, José Woldenberg fue titular de una columna ­y lo que sigue, se llamó­ hasta finales de 1996, cuando fue designado consejero presidente del IFE, cargo que ocupa hasta la fecha.

Además de Woldenberg, alrededor de 30 autores más se encargaron de valorar, acotar, disentir o coincidir con esos aspectos que han sido el terreno donde se desarrolla la aspiración democrática (Jacqueline Peschard, Luis Farías Mackey, Pedro Salazar Ugarte, Benjamín Hill y Pedro Aguirre fueron algunos de los colaboradores que escribieron sobre el asunto). Aquí se comentaron ­a través de artículos, ensayos, crónicas, entrevistas y reportajes­ las campañas electorales federales de 1994 y 1997, también las ocurridas en todos los estados de la República y en el Distrito Federal, desde cuando por primera vez se eligió por voto universal directo y secreto al jefe de gobierno, hasta la más reciente jornada donde también fueron electos los titulares de las delegaciones. Al respecto, fueron publicados más de 350 artículos y ensayos. Testimonio de ello son los textos de Adrián Acosta, Renward García Medrano, Luis Salazar C., Yuriria Sierra, Volga Cecilia del Riego, Carlos Maldonado, Carlos Bravo, Gustavo Ogarrio, Francisco A. Eissa y Mauricio López, entre muchos otros colaboradores y amigos.

Transición a la democracia, reconocieron desde el principio los editores del semanario, y eso supone no sólo los aspectos electorales, sino varios temas más que le dan contenido y expresan sus limitaciones. El equipo de etcétera estableció una agenda, la que creyó era de indispensable referencia; por ello, entre otros aspectos, abordó la situación de los partidos mismos ­cuyas fortaleza y debilidad determinan la solidez de la democracia­; el tema fue recurrente en las páginas de este semanario, de tal forma que se publicaron cerca de 320 artículos, ensayos y entrevistas. La democratización del Distrito Federal fue otro asunto, 55% de los citadinos estaba insatisfecho con la forma como se elegía al jefe de gobierno, según la encuesta de Ricardo de la Peña publicada en el semanario durante las primeras semanas de 1993. El reto formidable de gobernar la ciudad más grande del mundo con eficiencia y democracia fue una constante preocupación editorial reflejada en los aproximadamente 135 entrevistas, artículos y ensayos difundidos. Lo mismo ocurrió con temas como el sindicalismo, al que se le dedicaron poco más de 50 artículos, u otro al que arribamos cuando la pared de la justicia y la seguridad pública comenzó a estremecerse, preocupación expresada ante cada hecho que conmocionó a la sociedad y también con el análisis de largo aliento mediante aproximadamente 280 artículos escritos por una cuarentena de autores.

Para reflexionar sobre los temas de la transición fueron publicadas varias docenas de entrevistas, artículos y ensayos. Por eso, en las páginas de etcétera están las opiniones que al respecto ofrecieron, entre otros, Luis Aguilar Villanueva, Carmen Aristegui, Manuel Bartlett Díaz, Jorge Carpizo McGregor, Manuel Camacho Solís, Carlos Castillo Peraza, Luis de la Barreda Solórzano, Luis Echeverría Alvarez, Vicente Fox Quesada, Diego Fernández de Cevallos, Pablo Gómez, Patricia Mercado, Porfirio Muñoz Ledo, Gilberto Rincón Gallardo, Humberto Roque Villanueva, Dulce María Sauri, Javier Solórzano y Jesús Silva Herzog Flores.

Chiapas, y el laberinto de las convicciones

Los editores no imaginaron el que llegaría a ser el primer número de 1994, correspondiente al 6 de enero. Aquella ocasión dieron cuenta de la declaración de guerra que, justo el día en que comenzaba a operar el TLC, hizo al gobierno el Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Fueron momentos difíciles para el país, como consta en los más de 420 artículos y ensayos publicados en etcétera para reflexionar sobre las causas y los alcances de la arenga guerrillera. Dentro de la diversidad de opiniones, un piso común sustentó al análisis: es deleznable la violencia venga de donde venga y aun enmarcada en los más sublimes propósitos planteados por el discurso que sea. Y es que el empleo de las armas siempre genera condiciones más adversas de las que hubieran motivado o sido pretexto para la rebelión encapuchada.

Algo pasaba en el país, empero, que el discurso de la democracia y los valores que la sustentan ­diálogo, civilidad, disposición para llegar a acuerdos, y lo que sigue­ se mostraron tan frágiles que no pocos personajes, otrora convencidos de la civilidad democrática, comenzaron a festejar la violencia con particular entusiasmo y frivolidad. En ese sentido, y tomando en cuenta algunos medios de comunicación proclives a apoyar la violencia (unos alentando al EZLN y otros exigiendo una intervención del Ejército Mexicano en los Altos de Chiapas), etcétera se situó a contracorriente de ese festín por la violencia y, una y otra vez, sus colaboradores ­entre muchos otros José Carlos Castañeda, Mario Guillermo Huacuja, Julián Andrade, Fabrizio Mejía, Jaime Ramírez Garrido, Ricardo Becerra y Alejandro Colina­ insistieron en lo inconveniente del delirio revolucionario que, pese a todo, tuvo simpatizantes en amplias franjas de la población. Una y otra vez, aquellos analistas antepusieron a la propaganda del EZLN o al avistar real o fingido del reinicio de las hostilidades, el marco de sobriedad y mesura que plantea la necesidad de llegar a acuerdos para evitar la espiral de violencia y el empeoramiento de las condiciones en la cual viven miles de indígenas, situación provocada, en efecto, por la indiferencia del gobierno mexicano y el establecimiento del poder de los caciques.

Los procesos electorales como la vía para procesar las diferencias y encauzar los cambios, la no aceptación de la violencia en cualquier expresión, subrayar los enormes problemas económicos y su expresión dramática en la pobreza y la miseria extrema, así como el establecimiento de una agenda que permita consolidar la democracia fueron los elementos centrales con los que etcétera mostró su identidad de izquierda. Al menos le incorporó a esa palabra su identificación con un espectro ideológico orientado en la democracia por las reformas, apegada a la ley y exigente de su cumplimiento en cualquier circunstancia, así como preocupado por las injusticias sociales. Por eso una constante en estos años fue la publicación de entrevistas, artículos y ensayos donde se pensara a la izquierda. Sin duda, ése es uno de los temas que con mayor constancia ocupó las páginas del semanario, que sobre este asunto publicó cerca de mil artículos.

Crímenes políticos

Aquella, la pesadilla chiapaneca fue una de las principales preocupaciones de ese año (y recurrente tema en los siguientes) hasta el miércoles 23 de marzo ­impreso ya el semanario­ cuando se conoce el cobarde atentado que privó la vida de Luis Donaldo Colosio. La edición de la semana siguiente (la número 61) es la única, entre las 400, que no tuvo foto en la portada. En un fondo negro que expresaba consternación y enojo, hubo una frase que planteaba una exigencia, sin más: "Ante la provocación, México exige justicia". Desde entonces a la fecha, los colaboradores de etcétera abordaron el tema (aproximadamente 50 que han escrito más de 250 artículos) con un deslinde claro de las especulaciones o los malabarismos verbales que aseguraban complot y criminales, sustentadas en las más inverosímiles versiones; entre muchas aquella de que el asesino confeso era un experimento de clonación que dio vida a cinco personajes iguales. En las páginas de etcétera nadie acusó ni dictó sentencias ni propaló rumores o insidias. Aunque resulte inmodesto, eso fue una aportación dentro de la cantidad de charlatanerías que fueron difundidas en no pocos medios. Pero más allá de esa mística ética y profesional, los artículos insistían en la necesidad de que las investigaciones dilucidaran lo ocurrido en Lomas Taurinas. Lo mismo pasó cuando, aún el país conmocionado, conocimos el indignante atentado que privó la vida de José Francisco Ruiz Massieu.

Foto: Salvador Casrellanos/Silva

Hay que insistir, ni en esos ni en otros hechos, en el semanario nadie acusó ni dictó sentencias, que es el método fácil para pretender explicar las cosas o esquema básico para lucrar con el escándalo. Por eso éste no fue un medio que se hubiera sumado al descrédito que de pronto, finalizando 1994, comenzó a vivir el ex presidente Carlos Salinas de Gortari (el 19 de enero de 1995, etcétera publicó una encuesta nacional realizada por Ricardo de la Peña y Rosario Toledo, donde se lee que 36% de los encuestados califican como "regular" la administración de Zedillo, mientras 69% asegura que Salinas los engañó). Tampoco fue un foro para los ataques o adjetivaciones llanas contra otros políticos, lo mismo a Cuauhtémoc Cárdenas que a Diego Fernández de Cevallos, por mencionar algunos importantes personajes, o al recién electo mandatario en aquel entonces, Ernesto Zedillo Ponce de León o seis años después frente al Presidente electo, Vicente Fox Quesada.

El análisis valoró al hombre y a las circunstancias, entendiendo que la historia no se divide en buenos y malos. Así se asumió la crisis económica que vivió el país finalizando 1994, junto con la exposición de juicios que pretendieron explicarla. Así también se subrayaron algunos de los principales problemas que la política de la globalización no ha podido atender, como el de la miseria extrema o el desempleo. (Varios analistas mexicanos reflexionaron aquí sobre el tema con particular persistencia, mientras autores extranjeros enriquecieron el análisis. Entre varias docenas, no puede dejar de tenerse en cuenta el ensayo de Amartya Sen, cuando aún no recibía el Premio Nobel de Economía ­publicado en el tercer número­, sobre los límites de la democracia frente a la pobreza o meses después, el ensayo de Claus Offe sobre el desempleo, difundido el 10 de agosto de 1995.)

Cambio de época

Los cambios en la política y en la economía, sucedidos tanto en México como en el mundo, trajeron consigo otras tantas transformaciones sugerentes. Y una de las más pronunciadas en este orden fue el cambio cultural operado, durante estos años, en las generaciones recientes. ¿Y qué es lo que sigue?, era la pregunta recurrente para delimitar las consecuencias de este cambio generacional: la revaloración del individuo en lugar de las grandes epopeyas colectivas, respondían uno u otro de los analistas y escritores. Es el imperio de las sociedades de mercado y la fascinación por la moda, comentaban unos más que se dieron a conocer en México o afianzaron su presencia ­entre otros, Gilles Lipovetsky y Ryszard Kapuscinski­ a través de las páginas de etcétera. Es el derrumbe de las ideologías, afirmó Francis Fukuyama, en una traducción exclusiva. No es cierto, según Adam Przeworski, como lo prueba el hecho de los relieves programáticos y las disputas políticas e ideológicas entre los partidos en el mundo y así, con la participación de otros autores más, se fijaron los términos de una discusión que continúa. Entre esos y otros artículos de aproximadamente 150 autores, fueron publicados alrededor de medio millar de materiales durante estos años.

Aquellas reflexiones colocaron en el centro a los jóvenes y como éstos, los jóvenes, presentan la endiablada imposibilidad de escribir refiriéndose a ellos como un ente único e indivisible, publicamos más o menos 680 artículos y ensayos abordando el tema de los problemas juveniles, sus nuevas actitudes, sus obsesiones más señaladas o sus revueltas más penosas e indignantes, como aquella que hace algunos meses protagonizaron bajo las siglas del Consejo General de Huelga los muchachos de la UNAM. Entre los más diversos temas, refiriéndose a los jóvenes, ofrecimos el parecer de aproximadamente 185 autores; Rafael Cordera Campos, a través de su columna bahías, fue uno de los que más reflexionó sobre el asunto mediante más de 50 artículos.

La generación de la alternancia

Los cambios antedichos tuvieron una materialización central para conocer la vida cotidiana y las expectativas sociales. Entre risas pero siempre en serio, en etcétera se dio cuenta del nuevo protagonista en que se había convertido la telefonía celular, también del resurgimiento del tequila, con todo y quienes lo prefieren con toronja, tehuacán o Coca-Cola, y las concentraciones rave, la guerra de las televisoras o la celebración de dos mundiales de futbol y sendas Olimpiadas. Las nuevas formas de relacionarse y hasta el interludio del sexo y el amor, el de carne o el virtual. El cabello corto como antítesis de las viejas generaciones o la capucha para enmascarar las pretensiones de la izquierda más fanática. Y en la palestra: el culto al cuerpo, los gimnasios y las dietas por doquier; el pop añejo que contradice al rock ­a ritmo de cd, que los acetatos son cosa de antes­; los anuncios espectaculares tan sicalípticos y dominantes en la urbe, los cafés pequeños o los bancos en cualquier parte; la muerte de Fidel Velázquez, el crecimiento de la televisión restringida, el surgimiento esplendoroso del marketing político, así como las nuevas expresiones cinematográficas, el repunte del cine mexicano y el corte de caja que hizo el equipo editorial no sólo para reflexionar sobre los alcances e innovaciones en el celuloide, sino para valorar lo que se ha hecho durante su historia (al respecto, publicamos el nombre de las cintas preferidas por alrededor de 80 intelectuales, artistas y escritores, así como varias ediciones sobre algunas cintas emblemáticas y hasta Marilyn Monroe, quien, no podía ser de otro modo, dejó su impronta en la admiración de los editores y las expectativas del lector). En la reseña cinematográfica participaron, con particular insistencia, escritores como Salvador Quiauhtlazollin, Raúl Criollo y Jorge Carrasco.

En estos años surgió el table-dance y los centros de recreación homosexual. Los alucinantes cómics, Dragón Ball y/o La guerra de las bestias, sustituyeron a Heidi y la Pantera rosa; en el principio de estos años fue la gloria de la Trevi; en el final, su ocaso. Asimismo, se instalaron gigantescas banderas nacionales en varias partes del país y los Polivoces son cosa del pasado, ahora es Adal Ramones el icono del humor. Ya no más PRI en exclusiva y hasta lo impensable, lo nunca visto durante tanto tiempo, arribó: la alternancia política.

Foto: Octavio Nava/Ave

Todo esto, la vida cotidiana y el cambio de costumbres en cualquiera de los órdenes imaginables fueron temas abordados de las más diversas maneras durante este tiempo de etcétera semanal. Y hasta las cosas que no funcionan en el largo e intenso peregrinar de nuestras vidas fueron asuntos que aquí tuvieron su espacio (al respecto, son memorables las contribuciones de Julieta García González, durante algún tiempo, editora de Cultura de este semanario).

Internet, la super carretera de la información, merece un comentario aparte, tal vez sea el cambio más señalado en el mundo en la esfera científico tecnológica debido a los alcances e influencia que tiene. Por eso etcétera fue la primera revista en el país, entre las no especializadas en esos asuntos, que elaboró su página electrónica. Desde la segunda semana de julio de 1995 cuenta con un site en la red de redes; es también la única publicación en su género que tuvo una sección específica para reflexionar sobre el tema (ciberia) , que en los últimos meses estuvo a cargo de Antulio Sánchez.

Cambio de época en (casi) todos los órdenes. La clonación de Dolly, los avances para la creación del corazón artificial, el descubrimiento de la estructura que conforma el ADN, y tantos otros. Narraciones testimoniales, reseñas, entrevistas, reportajes, crónicas, cuento y hasta recomendaciones de consumo forman un número incalculable de materiales publicados. No pueden faltar en el recuento los espectáculos y el mundo de la cultura, así como, en este ámbito, el querido cartujo, todo un personaje al que dio vida José Luis Martínez S. a través de la columna el santo oficio.Gracias a él se publicaron tantos y tantos desnudos entrañables. Todos estos temas, y lo que sigue, dan cuenta de la pretensión por ofrecer una revista de política y cultura, que fue ilustrada con más de cinco mil fotografías de diversos autores, destacando, naturalmente, los mexicanos, entre varias decenas más: Jorge Claro León, Luis Humberto González, Jaime Boites, Gregorio Cortés, Martha Ghigliazza, Arturo García, Angeles Trujillo, Jerónimo Arteaga, Antonio Oropeza, Raúl Ramírez, Francisco Mata Rosas, Antonio y Octavio Nava, así como Salvador Castellanos.

Entrañables presencias

Aquí se publicaron más o menos 350 poemas de autores mexicanos y extranjeros ­hasta un concurso entre jóvenes poetas mexicanos organizó etcétera durante el invierno de 1996, lo ganó Lourdes Rangel­, mil 500 reseñas de libros, y como mil de cine, cientos de obras de teatro y decenas de programas de televisión comentados y hasta una novela por entregas, Mátame y verás, escrita por José Joaquín Blanco. Las páginas de etcétera dan cuenta de la vitalidad en la creación artística y cultural de México y el mundo, mediante el esfuerzo de autores jóvenes y otros de reconocido prestigio.

Foto: Jorge Claro/Contraluz

Varios escritores, intelectuales y poetas fueron siempre referencia en el semanario. Por eso en varias ocasiones fueron homenajeados cuando vivos y también cuando, en algunos casos, se dio la noticia de su muerte. Números especialmente dedicados a ellos se publicaron para enfatizar la aportación de Octavio Paz, Jaime Sabines, Lázaro Cárdenas, Heberto Castillo o recientemente Carlos Castillo Peraza. Homenajeados también fueron Marcello Mastroianni, John Lennon y Marilyn Monroe y hasta una edición estuvo dedicada a Fidel Velázquez, además de los números donde se revisó el perfil personal y político de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, Vicente Fox Quesada y Francisco Labastida Ochoa.

La opinión y sus artículos

También es asunto de los viejos tiempos el predominio absoluto del PRI, la paz social y las cosas como si no pasará nada tanto en México como en el mundo. Estos han sido tiempos convulsos y apasionantes para la recreación de la inteligencia, la opinión y la creatividad; 28 columnas en total durante más de siete años y medio ­13 en promedio por semana­ fueron escritas por sendos autores con el objeto de contribuir a entender los hechos y sus alcances. Este 28 de septiembre es la última edición de esta época que hemos abordado a pincelazos; justamente este día, el autor de memoria, Pablo Hiriart, cumple cinco años de entregar puntualmente, sin falla alguna, todos los lunes muy temprano; publicó 260 artículos.

Jóvenes en aquel entonces, ahora no tanto, varios de los columnistas han escrito libros, algunos surgidos del material que conformaban semana con semana; sucedió lo mismo con escritores ya reconocidos. En el primer caso, nutrieron el panorama editorial mexicano, entre otros, Fabrizio Mejía, Julián Andrade, Jaime Ramírez, Gabriela Turner Saad, Antonio Tenorio Muñoz Cota y José Luis Durán King, este último, uno de los autores más prolíficos de etcétera, cuyos sorprendentes escritos daban cuenta de lo más inverosímil e impactante que puede provocar el espíritu sanguinario de los hombres; guía de perplejos se llamó su columna. En el segundo caso está el ya referido José Joaquín Blanco y Carlos Monsiváis, quien publicó un libro sobre los sucesos del 2 de octubre de 1968 con material que los lectores tuvieron oportunidad de conocer hace dos años por estas fechas, mediante entregas semanales.

Jovencitos de veras, varios de los mencionados comenzaron a escribir aquí, algunos continúan en este oficio y otros más aportan en otros órdenes de la vida intelectual mexicana. Sin ninguno de ellos podría explicarse esta aventura editorial que hoy concluye para dar inicio a otra. Lo mismo ocurre con quienes, asumiendo distintas responsabilidades aquí, conformaron algún tiempo el equipo editorial: el estoicismo de Ana Luisa Galván (subdirectora editorial), la entrega de Rosa María Saucedo (administradora), la consistencia de Adriana Saad (publicidad), el espíritu travieso de Julieta García González (editora de Cultura), el rigor de José de Jesús Murillo (editor), la perseverancia de Susana Rosas (primero editora y luego durante algún tiempo titular de la columna en el balcón) y las contribuciones de José Carlos Castañeda y Jaime Ramírez (editores de Cultura), así como los comentarios precisos de Sergio Peña (redactor).

Esos compañeros y los que están: la entrega de Julio Chávez Sánchez (editor), la pulcritud de Jaimeduardo García (redactor, encargado de la sección libros), el talento y la bonhomía de José Antonio Gurrea (redactor, encargado de espectáculos y responsable de la sección gente). Ya son parte del inventario de etcétera, se dice aquí con cariño por ellos. También está la imaginación de Alejandro Mascarúa (diseñador) y la pasión de Manuel Martínez (también diseñador). Los dos son amantes del futbol, aunque poco conocedores porque uno le va al Atlante y otro al Cruz Azul. Además, está Ruth Esparza Carvajal (gerente) quien se ha ganado el cariño, el respeto y la admiración de todos. Infaltable el profesionalismo de Gerardo Grande Mejía (administrador), la perseverancia de Sara Castellanos (responsable de distribución), la disposición atenta de Adriana Garmendia y Elizabeth Licona (secretarias) y también la eficiencia de los mosqueteros Martín Gómez, Ricardo Naranjo y Israel García (apoyo administrativo). Con ellos culmina una etapa y comienza otra, en ambos casos, dirigidos por Raúl Trejo Delarbre.

Con esos compañeros y con los que están ahora, hay un icono que no podría faltar en este recuento, nació el 28 de diciembre de 1995: es la chica etcétera, algo así como el alma del trabajo cotidiano, la imagen sugerente y sutil que avista al menos un pedazo de paraíso cuando acontece el cierre de la edición o cualquier otra angustia personal y/o colectiva. Gracias a ella, y a todo lo hasta aquí referido, los editores, gustosos, cargan con un gramaje aproximado de 70 kilos y medio, que es lo que pesan los 400 números publicados, lo que equivale a cerca de dos mil páginas impresas, es decir, alrededor de 16 mil artículos, que son algo así como dos mil páginas impresas escritas por... quién sabe cuántos autores. Tal vez dos mil. Sólo en este recuento se citan 149.

Marilyn Monroe

Al consejo editorial que acompañó a etcétera, un especial agradecimiento: José Joaquín Blanco, Rafael Cordera Campos, José Fernández Santillán, Martha Eugenia García Ugarte, Rafael Loyola Díaz, Roberto Diego Ortega, María Cristina Rosas y José Woldenberg. Otro integrante murió el 21 de abril de 1997. Pablo Pascual Moncayo. Quien fuera uno de los más entusiastas impulsores de este proyecto, permanece en el recuerdo de quienes lo conocieron y tuvieron oportunidad de disfrutar su inteligencia y su humor tan especial.

La tenacidad que exige un esfuerzo como el llevado a cabo para hacer posible etcétera encontró el más eficiente y cumplidor respaldo de Ricardo y Miguel Mira Hatch, dueños de la imprenta Desarrollo Gráfico Editorial S.A. de C.V., así como Perspectiva Digital, que durante todos estos años procesó los negativos.La empresa está a cargo del también poeta y escritor, Roberto Diego Ortega.

En el centro, los medios

Al final de este recuento, que es el principio de la nueva era de etcétera mensual, se encuentra el tema de los medios de comunicación. Es la impronta más señalada del semanario: no existe un solo número, entre estos 400, donde no se hubiera abordado el tema. Hay más de mil 200 artículos, ensayos y entrevistas publicados al respecto, que fueron escritos por más de un centenar de personas, mexicanas y extranjeras.

Este fue el planteamiento, y lo sigue siendo a través de los años: los medios de comunicación configuran un novedoso panorama en tanto que expresan la heterogeneidad y el renovado dinamismo social mexicano. Ya no se rigen con los viejos atavismos de control autoritario y ahora expresan, lo han ganado, una libertad y una incidencia que se constata diariamente por medio de una labor periodística tan profesional como nunca antes. Pero junto a esas y otras virtudes, hay también un cúmulo de obsoletos parámetros y otro tanto de anomalías éticas y profesionales en las cuales a menudo incurren los profesionales del oficio, de tal modo que se hace imprescindible la crítica y la puesta en marcha, esa ha sido convicción editorial, de un marco normativo que garantice el derecho a la información. Este es un asunto pendiente e insoslayable ya para poder referirse con precisión a uno de los principales retos para consolidar la democracia.

etcétera no asumió una visión ni apocalíptica ni integrada frente a los medios de comunicación (para decirlo en los conocidos términos empleados por Umberto Eco), en cambio, valoró su importancia, sus avances y sus aportaciones, para emprender junto con todo ello un diagnóstico sobre el periodismo mexicano, sin quedarse en un enfoque aldeano, por decirlo de alguna manera. En este sentido, se tomó en cuenta la perspectiva comparada, es decir, las experiencias que hay en esta materia en distintos países del mundo.

Varios artículos desde el principio, luego hubo espacios fijos dedicados a la opinión sobre el tema. panóptica fue la columna escrita por Ariel González, donde se reflexiona sobre los medios electrónicos, particularmente la televisión. Algunas decenas de textos escribió este autor, que por razones de trabajo dejó la columna. Junto a esos artículos está la opinión enterada, amena y sólida de Francisco Báez Rodríguez, titular de la columna difusiones, un espacio donde el lector encuentra, hasta la fecha, los más diversos temas referidos a la pantalla chica y una aportación indudable para entenderla: el misterio del rating, los noticieros, producciones culturales, el desarrollo de las campañas, las coberturas deportivas (Juegos Olímpicos, mundiales de futbol y el balompié mexicano son sólo algunos de los sucesos que comentó), los teatros reales o ficticios, las telenovelas y hasta no pocas caricaturas, entre varios otros temas, ocuparon el teclado de Báez. Escribió alrededor de 200 artículos.

Durante el último tercio de 1993, Ernesto Priani Saisó se hizo cargo de una columna, primera plana, desde donde revisó la oferta informativa de los principales diarios de la ciudad de México ­omisiones, dislates, distorsiones y contribuciones informativas­ con el objeto de entender a los profesionales del oficio, la circunstancia mexicana en la que desarrollan su trabajo (en relación con prácticamente todos los asuntos relevantes que han ocurrido en el país), así como los avances, retrocesos y desafíos que le son inherentes. Algunos meses después y hasta la fecha, el subdirector de etcétera se hizo cargo de primera plana. Entre los dos autores fueron escritos aproximadamente 350 artículos.

El equipo de etcétera
Foto: Octavio Nava/Ave

La visión enterada sobre la radio, aunque también acerca de la televisión y los rotativos, estuvo a cargo de Fernando Mejía Barquera, titular de la columna intermedios. Autor meticuloso y preciso, sus contribuciones permiten al lector enterarse de datos, acuerdos, fechas y de (casi) cualquier circunstancia relacionada con los medios de comunicación. Desde el mes de marzo del año pasado hasta la fecha, Mejía Barquera escribió cerca de 80 artículos.

Con espacios dedicados a pensar específicamente a la televisión, los diarios y la radio, no podía faltar uno que abordara Internet. El tema comenzó a tocarse a finales de 1994 y con particular persistencia desde mediados de 1995 por intelectuales que siempre estuvieron más allá de los mitos y las fantasías. Surgidos éstos a partir de la ignorancia, llegaron a conferirle a la World Wide Web atribuciones que no tenía; no pocos llegaron a creer que todo lo que ahí estaba era cierto e indiscutible. Pionero en ese análisis es, sin duda, Raúl Trejo Delarbre y junto con él otros analistas enriquecieron las páginas del semanario: Jaime Ramírez Garrido, Carlos Vidali Rebolledo y Naief Yehya, entre algunos más (hay ediciones memorables como aquella entrevista que hizo John Kennedy Jr. a Bill Gates o los textos de Alejandro Piscitelli).

Tal fue la atención sobre ese tema que incluso, a finales de 1997, surgió una columna llamada el navegante cuyo propósito fue analizar semanalmente el fenómeno de la Internet. Meses después, la columna se integró a una sección específica, ya mencionada líneas atrás (ciberia), a cargo de Antulio Sánchez.

Los medios de comunicación, entonces, han sido ocupación recurrente de los editores de etcétera. Por eso innumerables autores mexicanos y extranjeros han publicado en estas páginas, donde se pueden encontrar ensayos sobre el tema de Jorge Medina Viedas, Ernesto Villanueva, Luis Ernesto Pi Orozco, Adam Michnik, Frank Priess, Giovanni Sartori, James Fallows, Noam Chomsky, John Updike, Paul Virilio y Umberto Eco, entre varias decenas más de escritores que en total ascienden a cerca de 200.

Los medios de comunicación se encuentran ahora en el centro de la polémica y el análisis. No conviene al país que sea de otro modo, si han de tenerse en cuenta las necesarias transformaciones que, no sólo en materia legal sino también ética y profesional, necesitan los medios.

Despedida y debut

Termina un ciclo de etcétera y se abre otro. Entre el primero y lo que sigue, ahora hay la ventaja de la experiencia, incluso la emoción por abrir paso a una discusión incipiente cuando no viciada como la que se ha dado sobre los medios de comunicación. Este puede ser un factor adicional para la imaginación y la prestancia intelectual. También para la nostalgia, mezcla de sentimiento y gusto, aunque, en cualquier caso, predomina la satisfacción del deber impreso. Y la gratitud con los lectores. Y la memoria de estos años tan intensos. Así son las páginas de etcétera, por eso forman algo así como un pedazo de alma, vida y corazón, también un estilo de ver y sentir, escuchar, coincidir y disentir. etcétera, y lo que sigue. El gusto es nuestro

Marco Levario Turcott es subdirector de etcétera. Correo: mlevario@etcetera.com.mx

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