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textos Es necesario no olvidar
Carlos Castillo López
Durante la primera década del siglo XX particularmente a partir de 1910 surgió un movimiento artístico, social, político y cultural llamado Futurismo. Esta corriente ideológica influyó a las artes plásticas y al pensamiento durante una época en que la tecnología y el desarrollo marcaban el comienzo de una era de cambios y avances que, todavía en nuestros días, continúa lanzando a la luz de todos su evolución apresurada, en ocasiones admirable por su impacto e innovación y en otras irresponsable y sin medida.
En su tiempo, el Futurismo adaptó los cambios que trajeron consigo las máquinas, sus beneficios y desventajas, a un proyecto que encerraba aquel progreso como una consigna de poder, de dominio, de fuerza; de admiración por la guerra, el ruido, lo estridente, la velocidad, el individualismo aislante, el olvido del pasado expresado en la quema de libros en las calles, el patriotismo nacionalismo, si se lleva al extremo, la sustitución de un pasado "obsoleto y arcaico" por un presente que prometía fundar una sociedad basada en tales características. El ideólogo fundamental de esta vanguardia fue Tomás Marinetti, pensador y escritor italiano, autor, entre otros textos y obras similares, del Manifiesto Futurista, documento donde los preceptos descritos líneas arriba son expuestos como parte de un presente que, según aquella doctrina, tendía a proliferarse hacia el mañana, hacia un futuro que adoptaría las posturas del progreso como un presente en constante movimiento, es decir, como un desarrollo tecnológico sin freno que tarde o temprano terminaría por conquistar todos los ámbitos de la acción y el pensamiento. Asimismo, Marinetti y su legado fueron cruciales para el expansionismo italiano de los años 20 y 30 que, años después, devino en el fascismo encabezado por Benito Mussolini, aprendido en gran parte de las enseñanzas que el fundador de aquella ideología legó a su discípulo. También cabe mencionar que el nazismo y los motivos que empujaron a Alemania a la Segunda Guerra Mundial encontraron su raíz en la doctrina puesta en práctica por ambos italianos. En la actualidad, el auge de la ciencia, de la tecnología y del progreso atraviesa por una etapa que no parece encontrar límites o si los encuentra, los supera con relativa facilidad; ante este avance desmedido, sin reglamentaciones ni preocupaciones éticas y morales, cabe reflexionar acerca de los factores que nuestra sociedad posee en común con las premisas defendidas y loadas en el Manifiesto Futurista de Marinetti: la velocidad admirada que encontramos siempre a nuestro derredor, el aislamiento humano como producto de la televisión y la Internet, los nacionalismos absurdos que surgen en diversas regiones del planeta, el ruido caos de las ciudades que sitúa de lado la tranquilidad, la paz y el silencio Sin lugar a dudas, y con base en lo anterior, podemos afirmar que el mundo deseado y anticipado hace casi 100 años por una ideología absurda es ya parte de la realidad que vivimos a diario; asimismo, también es importante considerar lo que a fin de cuentas trajo consigo un pensamiento cuya premisa fue el amor a la guerra: los principios ideológicos para defender uno de los conflictos bélicos más atroces que el mundo moderno ha presenciado. El olvido del pasado en función del presente y con miras hacia un futuro fue una de las tesis defendidas por Marinetti y sus seguidores. Es éste tal vez el peor de los anhelos futuristas hecho realidad en nuestros días, pues es tal el olvido que ahora nos sorprende como víctimas de la falta de memoria ante lo que un grupo de artistas, políticos y pensadores anticiparon tiempo atrás. Es, por otra parte, la prueba de que la doctrina de la velocidad, la guerra y lo estridente se resume con facilidad en el contenido de cualquier periódico como quehacer cotidiano del hombre. El futurismo encarnado devino hace 50 años en el fascismo, el nazismo y el genocidio que padecieron miles de hombres y mujeres. Ahora, ante un desarrollo indudablemente superior al de aquella época, cabría plantear los alcances que tal avance tecnológico desenfrenado pudiese traer consigo Sin olvidar la historia, los errores que nos enseña y las consecuencias de un planteamiento que más allá de aportar bienestar concluyó en los trágicos acontecimientos que en cualquier texto básico de secundaria se pueden encontrar Carlos Castillo López es analista político. |
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