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textos Fox en su laberinto
Adrián Acosta Silva
A poco más de medio camino de la larga ruta que une el día de su elección con la toma de posesión como Presidente de la República, Vicente Fox y su equipo tratan de descifrar el laberinto de temas, problemas, restricciones, saldos y haberes, proyectos y acciones, que configuran el núcleo duro, pragmático y programático, de la transición político-administrativa del Poder Ejecutivo. Un inventario de lo ocurrido y lo que se perfila puede ayudar a configurar un mapa del laberinto donde está metido el Presidente electo y su cuerpo de colaboradores. De lo sucedido, destacan la formación de un virtual "gabinete de transición", conformado por los potenciales secretarios de Estado y altos funcionarios que conformarán el gabinete presidencial foxista. La integración y el funcionamiento de estos grupos no ha estado exenta de críticas y problemas, que van desde la contratación de head hunters para la valoración curricular de cualquier ciudadano interesado en participar en los puestos de dirección de la burocracia federal del próximo gobierno, hasta la designación política de los coordinadores de los equipos de transición como sucede, por ejemplo, en el área de educación o en la de economía. El gerencialismo público domina la concepción y el estilo de conducción gubernamental de casi todos los miembros del equipo foxista, pero el pragmatismo político se ha convertido en estos meses en la jaula de hierro de la concepción gerencial de estos grupos. No obstante, la conformación explícita de este equipo de transición ha significado una novedad interesante y necesaria en la vida política mexicana, donde la búsqueda de consensos y puntos de vista de diferentes actores irá definiendo el perfil de las políticas públicas del gobierno de Fox.
La relación con el nuevo Congreso está pasando también por la prueba del ácido de los acuerdos, que se definirán con las propuestas que en los muy diferentes campos de la administración pública y del ejercicio del gobierno tendrán que pasar por la aprobación de las cámaras, donde el nuevo partido oficial será, a partir de diciembre, el PAN.
Varios asuntos "calientes" han aparecido en estos meses intensos. El del espionaje telefónico, las giras internacionales a los países de América Latina y Canadá y Estados Unidos; las reacciones del Presidente electo frente a los escándalos del Renave o la tragedia de Chimalhuacán han permitido calibrar la visión de estadista que puede tener Fox que, por lo que se ha visto, ha logrado pasar con éxito de su agresiva imagen de campaña como candidato antipriista a la construcción de su imagen, y comportamiento, como un Presidente maduro y responsable.
De aquí al 1 de diciembre hay varias cuestiones que también forman parte del laberinto de Fox. ¿Cómo se resolverá la cuestión de las relaciones con las iglesias, en especial, con la católica? ¿De qué manera se resolverá el proyecto de presupuesto para el año próximo, en el que se observarán, con claridad, las prioridades del gobierno foxista? ¿Cómo se decidirá la reorganización del gobierno federal que incluye, hasta ahora, asuntos como la posible división de la actual SEP en dos secretarías, o la creación de una Secretaría de Cultura? ¿Qué pasará con la Semarnap? ¿Cómo se abordará la relación con el EZLN y de qué manera se definirá la cuestión indígena? ¿Cuál será la política para el campo, o la política con los sindicatos? ¿Cómo se definirán las muchas promesas de campaña de Fox, por ejemplo, como la de incrementar sensiblemente los recursos a las universidades públicas, o el de un sistema nacional de becas educativas? ¿Cómo se piensa abordar el monstruo de mil cabezas que es el de la pobreza y la bárbara desigualdad imperantes en todo el país? Todas ellas conforman el paquete de cuestiones críticas que habitan el complicado laberinto y laboratorio donde hemos visto desenvolverse a nuestros próximos gobernantes y del que, finalmente, se esperan definiciones y decisiones que confirmen la ruta de cambios con los cuales el foxismo se comprometió en los meses pasados Adrián Acosta Silva es profesor-investigador del Departamento de Ciencias Sociales y Jurídicas de CUCEA-Universidad de Guadalajara.
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