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El divorcio estadístico
Fedro Carlos Guillén

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Entre belleza y color

Marina Robles

Foto: Life

Aunque los estudiosos de las investigaciones que le narraré se han deshecho en explicaciones y han sido cuidadosos para tratar los asuntos de los estereotipos, creo que buena parte de lo que su estudio muestra es un botón más para reforzar la apuesta de que la percepción de la belleza o la fealdad y sus asociaciones con la bondad y la maldad obedece justamente a eso.

El asunto es que dos grupos de investigadores, uno de la Universidad de Massachusetts y otro de la Universidad de Yale, se pusieron a analizar, a través de una parte del cerebro conocida como amígdala, cómo respondían los individuos de una raza, ante la imagen de otro de una raza diferente. Uno de los experimentos fue hecho con voluntarios hombres y mujeres blancos o negros a quienes se les mostraban fotos de gente también negra y blanca y se registraba su respuesta cerebral. Esto era hecho a través de un aparato magnético que medía cuánta actividad se producía en la amígdala, que al parecer está asociada a la percepción de emociones fuertes, la memoria y las reglas de aprendizaje. Es, según otros trabajos, una especie de faro alertador, que llama la atención a asuntos que son nuevos, excitantes o importantes de conocer.

El resultado que obtuvieron en estos experimentos fue que los blancos mostraban más actividad "amigdalar" con las imágenes de los negros y los negros con las imágenes de blancos.

En el segundo estudio se realizó un experimento similar, aunque en éste se relaciona la actividad de la amígdala con estados particulares de la mente. Y propone que está asociada a una sensación inconsciente sobre la gente que se observa. En este caso, a los 14 voluntarios analizados ­todos ellos jóvenes blancos­ también se les hizo ver fotos de jóvenes de ambas razas y días después se les aplicó una prueba para medir sus respuestas inconscientes sobre los negros. La prueba consistía en clasificar las fotografías por raza, al mismo tiempo que iban clasificando palabras que aparecían como flashazos en la pantalla, tales como bueno, malo, amor, paz y otras.

Cuando tomaban este tipo de pruebas de asociación implícita, la mayoría de los jóvenes asociaban las palabras positivas como alegría, amor y paz con blancos y las negativas como cáncer, bomba y demonio con los negros.

Según los investigadores, estas respuestas están fuera del control consciente y se encontró que incluso aquellos, cuyas posiciones políticas explícitas eran de igualdad y antirracistas, también hacían asociaciones positivas a los blancos y negativas a los negros.

Asimismo, encontraron que aquellos con una posición explicíta distinta a la mostrada en sus registros magnéticos (los negros asociados con demonios, por ejemplo) fueron los que tuvieron mayor actividad "amigdalar" cuando veían un rostro negro.

En un tercer experimento, lo que se hizo fue presentar también rostros de blancos y negros, pero todos ellos famosos como Joe Namath, Tom Cruise, Denzel Washington y Michael Jordan, con la hipótesis de que la familiaridad con la gente podía diluir este efecto. Y, de hecho, esto sucedió.

Y de eso o sobre ese tipo de ideas, no hace mucho, escuché una plática entre mujeres, donde una de ellas, con nariz prominente, relataba sus sufrires adolescentes por el tamaño de su nariz. Ahora, la mujer que a mi parecer es muy atractiva, se ve completamente convencida de que las proporciones de su rostro son, más que feas, de una belleza distinta, al menos distintas al estereotipo de las barbies. Sin embargo, entender esto puede llevar a las fatales operaciones plásticas que dejan a una mujer de enorme mandíbula con una nariz de almendra, o a negros como a Michael Jackson que vaya usted a saber qué tanto se ha hecho para blanquear su origen. O, en el peor de los casos, dejarnos convencidos de que caminamos por el mundo, arrastrando la desgracia de la diabólica fealdad

Marina Robles es maestra en Ecología Marina por el CICESE y Fellow del Programa LEAD-México. Actualmente estudia el doctorado en Ciencias en la UNAM.

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