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real politik Rusia y el FMI
María Cristina Rosas
"Ayúdate que yo te ayudaré", reza un conocido adagio que algunos idealistas han tratado de utilizar como la premisa que debería explicar los programas de asistencia para el desarrollo y los mecanismos crediticios que instituciones como el Banco Mundial y el FMI otorgan a los países en problemas. En la práctica, dichos programas no cumplen sus objetivos por múltiples razones. Según Doug Bandow, autor del célebre y polémico estudio Perpetuando la pobreza: el Banco Mundial, el FMI y el mundo en desarrollo, los programas de asistencia al desarrollo son una verdadera industria y el enfoque se orienta más a los aspectos cuantitativos de los mismos que a su calidad e impactos en el combate de la pobreza y la promoción del bienestar de las sociedades. En 1999, el presidente Clinton dijo que el Congreso lo ataba de manos para otorgar asistencia al desarrollo y tuvo que torcerle el brazo a los legisladores para obtener de ellos recursos cuya genuina utilidad es altamente cuestionable. Para el próximo año, el Presidente ha solicitado un presupuesto de 22 mil 800 millones de dólares para asuntos internacionales, los cuales incluyen el costo de mantener el Departamento de Estado, el subsidio a la ONU y el financiamiento de conferencias y comisiones internacionales. De esa cantidad, 12 mil 200 millones de dólares estarían destinados a los programas de asistencia internacional. ¿A dónde va a parar ese dinero? La Agencia para el Desarrollo Internacional de EU (USAID) recibe tres mil millones de dólares. Más de mil millones son para asistencia en general. También se han establecido fondos por separado para Africa, para respuesta en casos de desastre y el combate de enfermedades. Otros mil 500 millones son para los países de la Comunidad de Estados Independientes (CEI) y Europa Oriental. Todos estos recursos se espera contribuyan a fortalecer el crecimiento económico, el desarrollo democrático, la protección ambiental, la reducción demográfica y otra amplia gama de objetivos. Hay que añadir también que administrar la asistencia para el desarrollo le cuesta a EU 500 millones de dólares.
El barril sin fondo Pequeñas cantidades de dinero son destinadas a la Inter-American Foundation, pero la administración también quiere gastar tres mil 100 millones de dólares en la African Development Foundation para generar nuevos empleos, proteger el medio ambiente africano y fortalecer los valores democráticos básicos y la sociedad civil. Las instituciones multilaterales como el BM, el FMI y los bancos regionales de Africa, Asia, Europa, América Latina y América del Norte consumirán otros dos mil 100 millones. Adicionalmente, 800 millones se entregarán a una agencia denominada Food for Peace que subsidia la agricultura de algunos países (y a productores estadounidenses) para combatir la hambruna en el mundo. La asistencia en materia de seguridad, administrada por el Pentágono, recibe siete mil millones de dólares, de los cuales cuatro mil 300 millones se canalizan al subsidio de la venta de armas de EU en el exterior; otros 420 millones van directamente a las operaciones de paz de ONU y al combate a la proliferación de armas. También hay otros dos mil 300 millones de dólares que la USAID canaliza en favor del Economic Support Fund que básicamente consiste en transferir recursos en efectivo a gobiernos que son importantes aliados de EU, por ejemplo Israel, quien encabeza la lista de receptores. Desde la Segunda Guerra Mundial, EU ha contribuido con un billón de dólares en asistencia bilateral o multilateral para otras naciones. Otros gobiernos y organismos internacionales han aportado cientos de miles de millones de dólares más. Sin negar que algunos programas en lo individual han funcionado y que la asistencia humanitaria puede ayudar a aliviar las crisis, es difícil asumir que los recursos de EU y otras naciones en favor del desarrollo han tenido grandes logros en la promoción del bienestar en los países pobres.
Rusia en el hoyo Luego de que autoridades del FMI le preguntaran a Boris Yeltsin a dónde fueron a parar dos mil millones de dólares que supuestamente iban a ser empleados, en los tiempos en que era Presidente, para apoyar la dolorosa transición económica, contestó: "Sólo Dios sabe a dónde fueron". El comentario fue dado a conocer en 1998, a unos días de que el sistema financiero del país se colapsara. El rublo ha vivido dramáticos momentos, en tanto Rusia ha sido incapaz de pagar deudas a los países occidentales que le otorgaron créditos. Lo que es peor: se acusa que los recursos recibidos por Rusia de parte de estos países fueron utilizados para efectuar operaciones de lavado de dinero. Para Bandow sería necesario actuar radicalmente ante los problemas descritos. No se trata de donar o prestar recursos a actividades ilícitas o a dinámicas que benefician a ciertos grupos en el poder en los países en desarrollo o en los de la CEI. Bandow sostiene que la solución estribaría en canalizar menos recursos para que los receptores se sientan estimulados a actuar con responsabilidad. Bandow parece estar conforme con el desinterés del Grupo de los Ocho, especialmente el mostrado por Alemania en la reunión efectuada en Osaka, cuando se afirmaba que no podía condonarse la deuda de los países pobres, pese a las evidencias mostradas por Oxfam en el sentido de que numerosas naciones en el mundo no sólo no pueden pagar sus deudas externas, sino que se ha llegado al punto en que, por cada dólar transferido al mundo desarrollado por concepto de intereses, muere una mujer o un niño por hambrunas o enfermedades que podrían combatirse en las naciones en desarrollo: la llamada fatiga de los donantes es en realidad una deshumanización extrema, capaz de complejizar hasta terrenos inimaginables la pobreza en el mundo
María Cristina Rosas es profesora-investigadora en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Correo: mcrosas@prodigy.net.mx
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