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Recuperar lo perdurable

Héctor Miranda Duarte

La vida cotidiana y la presencia del hombre en el mundo están regidas en la actualidad por la inmediatez. Bajo la dictadura del economicismo y el cosmopolitismo, el gusto por la novedad confundió los valores que fundaron la modernidad: la idea de progreso y la razón. Quizá el error consistió en apostarlo todo a una idea, la razón era sólo una forma de vida, no la vida misma, como dice el pensador Alberto Constante: "El hombre no da lo mejor de sí mismo cuando le apuesta a una sola idea".

La preocupación y principal eje de análisis de Un funesto deseo de luz, de Alberto Constante, es la modernidad donde las cosas son pasajeras y los valores fluyen, por lo tanto, está en juego, entre otras cosas, la justificación de la libertad, la justicia, la felicidad; están en juego las auténticas pulsiones que buscan el placer, el deseo y la intensidad del cuerpo frente a los espejismos del consumo que sólo brindan pretextos para la satisfacción.

Lo revelador consiste en observar que el ejercicio primigenio de la filosofía, "la segunda mirada" ­detenerse a ver lo que realmente son las cosas­, es más vital que discutir si el año cero es inicio de una época o de otra.

El libro introduce al lector ­no necesariamente poseedor de amplios conocimientos en filosofía­ en autores y pensadores que van de Sade a Heidegger o de Descartes a Bataille, se comprende cómo en las tesis y preocupaciones de éstos ­por distantes que parezcan­ se fueron entretejiendo los orificios que dejó la modernidad para devenir en la aplastante razón instrumental.

Asimismo, expone cómo la lógica racional progresista devino en exceso de cultura, en "puntos de vista respetables" que no son más que otra cara de la desculturación de la actualidad; así, quedaron trastocados lo sagrado, el lenguaje y la metafísica. En esta época de excesiva información inmediata no es preocupación la existencia de Dios sino su muerte.

Alberto Constante ­profesor de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM­ propone el "funesto deseo" de repensar, pensar el pensar como lo planteara Heidegger, revisar la metafísica, la metáfora, lo sagrado, que no se contraponen a la verdadera ciencia y al goce del cuerpo.

Queda entonces alerta el estado permanente y auténtico del hombre, ir tras los fundamentos de sus acciones y sus valores; ir tras el dios aristotélico que fundamenta la vida del hombre para recuperar lo perdurable en medio de la cotidianidad

Alberto Constante, Un funesto deseo de luz, México, Nueva Imagen, 2000, 222 pp.

Héctor Miranda Duarte estudió Comunicación en la UNAM.

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