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Las mujeres o la Iglesia
Ricardo Becerra
Dice el historiador inglés Eric Hobsbawm que "el cambio en la posición social de las mujeres es la revolución más importante y duradera que deja el siglo XX", y agrega: "La capacidad de decisión sobre con quién, cuántos y cuándo tener hijos es el factor clave de su emancipación". Hay, pues, un relación directa entre el desarrollo de las mujeres y el control de su fecundidad. Aproximadamente la mitad del descenso en las tasas de fecundidad de los países menos desarrollados en los últimos 25 años se debe al uso de los anticonceptivos. En los países avanzados aproximadamente 85% de las familias utilizan algún método de anticoncepción, en los menos desarrollados es ahora de 60%. Pero tiende a crecer. Todo esto ha tenido como resultado una de las reducciones más drásticas en el tamaño de la familia que se haya visto nunca en la historia moderna. En sólo una generación, el número de nacimientos pasó de 5.8 en 1970 a 2.2 en la actualidad (promedio mundial). Y la actitud favorable ante el uso de anticonceptivos no deja de crecer.
En una reciente encuesta se demuestra que en las mujeres mexicanas de entre 25 y 44 años existe una proclividad mayor para usarlos: 85% de ellas "aunque vaya en contra de los preceptos de la Iglesia". Esa actitud está cambiando la fisonomía de la sociedad mexicana por partida triple: el crecimiento de la población está controlado; las necesidades y las presiones al gasto social disminuyen, y la Iglesia católica pierde autoridad ante sus fieles en proporción directa al cambio de la situación social de las mujeres. Eso es lo que verdaderamente está en juego hoy: el trade off que escenifican, por un lado, el poder de las iglesias y, por otro, la situación de las mujeres en México. Mejorar su calidad de vida, tener mayores posibilidades de desarrollo nos lleva necesariamente a desobedecer a la Iglesia. En este punto, lo que le conviene a la santa institución no es lo que le conviene a la sociedad ni a su desarrollo. El avance de la igualdad, de la equidad, necesita de las mujeres, más que de los hombres. Por eso, la liberación de la mujer está en el centro de las políticas de desarrollo.
Miremos la ecuación "sensata" que dibuja Amartya Sen para eliminar la pobreza: lograr un fuerte crecimiento de la economía, acompañado de un crecimiento del empleo formal, sosteniendo al mismo tiempo un alto gasto social pero en condiciones demográficas a la baja. Esta es la única receta practicable y realista para reducir la desigualdad en países como el nuestro. Insistamos: la política de población es un componente clave del combate a la pobreza, sobre todo por el cambio que provoca en la situación de las mujeres. Por eso, las mujeres son las depositarias principales de la política de población. Su creciente demanda de igualdad, pasa, necesariamente, porque ellas decidan de manera individual y libre, como dice Hobsbawm, "cuándo, cuántos y con quién tener hijos". La situación de las mujeres y el avance de sus derechos es un tema crucial de nuestra modernidad y de una agenda que busque la equidad: hay que mantener las políticas de población también, y sobre todo, por ellas Ricardo Becerra estudió Economía en la UNAM. |
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