![]() |
el país | el mundo | dinero | columnas |
| gente | medios | ciberia | ensayos | |
| tianguis | mañana | libros | cultura | |
| espectáculos | etcétera | |||
|
cultura |
||||||||
|
danza exposición fotografía
|
punto de fuga Valeria López Damián
Rocío Cerón
Lo propio del saber no es ver ni demostrar sino interpretar.
El rostro del mundo es poliédrico, como la luz y su multiplicidad de destellos. La destreza del pintor consiste en descifrar los hilos que conforman la urdimbre de las formas, consiste, también, en reinterpretar los fenómenos cromáticos y los contextos, es decir, alumbrar al espectador con metáforas plásticas. De los diversos estratos de la realidad, de la lectura de sus aristas y pliegues, surge el registro pictórico de Valeria López Damián. Si la obra de arte postula posiciones de mirada y pensamiento, la obra de la autora nos habla de la pesadumbre del mundo, pero también de sus fondos, de su sustancia colectiva. Pintura que permuta lo visto, el movimiento siempre presente no muestra aquello que lo causa, su fuerza es la sugerencia misma que da el color y el gesto (trazo). El uso de recursos como la luminosidad, las pinceladas brumosas y la creación de entornos oscuros crean superficies de contrastes telúricos. De la misma manera, la relacionalidad existente entre los elementos ejerce una tensión constante en el núcleo de la composición. Entre los matices brillantes y grisaceos se gesta una noción de vitalidad y padecimiento, una génesis de densidad y profundidad.
La obra de López Damián se caracteriza por una paleta cromática de temple fuerte, arrogante. Hábil dibujante, sabe que los pesos (es decir, la carga de la línea) sustentan la poética pictórica. Entre los lindes de la abstracción y lo figurativo, las entidades, perfiles y contornos plasmados en su obra dan vida a personajes que apenas son tangibles, en la escueta voluntad de ser representan un horizonte de lo que somos: hombres y mujeres anónimos. Desde el fragmento se puede tener noción del centro, instantáneas de los ámbitos álmico y mundano, su propuesta plástica es clara: una mirada perspicaz (que siempre cuestiona) lleva a vislumbrar el entramado de la miseria del espíritu del hombre y su posible cambio, su posible redención. Para la autora la pintura es un ejercicio de postura de vida, es la concepción del transcurrir del tiempo y un principio de sitio. Cada tela es inicio de una pregunta, pregunta que no tendrá respuesta, pues el mismo proceso pictórico de López Damián abre una infinita gama de posibilidades, de interrogantes. Dueña de un temperamento reflexivo, se exige y le exige al espectador una lectura crítica, a fondo, en la cual lo contemplado es una plétora de vacilaciones y revelación: río que lleva la luz al abismo, aguas que se estrangulan a sí mismas.
Pintura que transparenta, su mayor virtud radica en el territorio del color, la saturación tonos decididos y cargados y la dirección cromática rupturas y uniformidades son el corpus del discurso plástico de López Damián. En esta obra la consigna es la conjunción entre acción intelectual y sensibilidad. La seducción se presenta a la mirada del otro por medio de la exaltación de contrastes ostensivos, coléricos, corpóreos, gancho que lanza la autora para remover la entraña y el ojo. Testimonios creados de lienzo y óleo, los cuadros de Valeria López Damián afirman a la incertidumbre como pulsión detonante del destino, cada obra es una pequeña fracción del teatro de la memoria, una interpretación de la condición humana hecha materia, pintura. Observar nos permite comprender, abrir caminos para discernir, nos hace partícipes de nuestras negaciones, rupturas y confirmaciones, nos permite, en esencia, reconocernos. La obra de López Damián es una guía para mirar, una invitación a decodificar (y cuestionar) el entorno contradictorio, vertiginoso, del que todos formamos parte
Rocío Cerón es poeta y ensayista. |
|||||||
|
|