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A Soraya, una medalla

Avelina Merino

Foto: Notimex

El basquetbol fue la pasión de Soraya Jiménez desde niña, pero sus 1.54 metros de estatura no le beneficiaron. Entonces, la inquieta chiquilla del Estado de México llegó, hace cinco años, al Pentatlón Deportivo Militar Universitario a invitación de Manuel Mendivil, su tío, bronce olímpico en la prueba ecuestre de los tres días en Moscú 80.

El jinete quería que su sobrina aprendiera a montar, pero esa actividad no le satisfizo. A Soraya lo que le gustaba era el basquet.

Soraya acudió a tocar las puertas de la Federación Mexicana de Halterofilia para solicitar permiso de entrenar en el gimnasio del CDOM. La respuesta fue más que un simple ¡no! René de la Selva, entonces vicepresidente en la Federación de pesas le dijo: "Este deporte no es para mujeres, dedícate a otra cosa". Soraya acudió a la Comisión de Apelación y Arbitraje del Deporte a leventar una queja sobre la discriminación que sufrió. La comisión dictó en su favor y Soraya pudo entrenar en el gimnasio del CDOM.

Sus primeros viajes a justas internacionales fueron costeados por su familia, pues en la federación el presupuesto anual alcanza para casi nada. Así, entre el olor del sudor en el gimnasio y con las manos polveadas de magnesia, Soraya pasaba más de cuatro horas diarias entrenando con el único sueño de ir a Sydney, donde por primera vez las mujeres levantarían pesas.

En mayo de 1998 Jiménez empezó a salir del anonimato al ganar medalla de bronce en la división de los 54 kilogramos en el Mundial Juvenil de Ciudad del Cabo, Sudáfrica. En agosto del mismo año obtuvo tres medallas de oro e implantó igual número de récords en los Juegos Centroamericanos de Maracaibo.

Al año siguiente mereció el bronce en los Juegos Panamericanos de Winnipeg y enseguida el octavo lugar mundial en Atenas, más la plata en el Campeonato Mundial Universitario. Ahora es campeona olímpica de un deporte que, decían, "no es para mujeres"

Avelina Merino es reportera de La Crónica de Hoy.

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