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bahías Seriedad
Rafael Cordera Campos
Todavía faltanvarios días para que el 1 de diciembre se concrete el cambio de gobierno; la Presidencia de la República pase a nuevas manos y las cosas sigan funcionando como hasta ahora. El cambio real, del que no se habló durante la campaña más que como eslogan, será, si se logra, gradual, tal y como ha sucedido en todos los campos de lo que antes se reconocía como la vida nacional. Hay quienes tienen demasiada prisa desde ahora, y ya nos adelantan vísperas. No quieren reconocer que faltan varias fichas por acomodar. Esto se puede ver así, si se toma en cuenta que dos temas básicos para pensar el futuro inmediato son, para situarnos en el abc, la conformación (y la confirmación) del gabinete de Vicente Fox y lo que, de aquí a diciembre (y lo que sigue), suceda con los partidos políticos. Hay más de que hablar sin lugar a dudas pero esas ausencias en la reflexión no hacen más que reafirmar nuestras opiniones. Por eso, es de esperar que los legisladores dediquen buena parte de su tiempo para pensar y actuar conforme a las expectativas que se han creado con un cambio que todavía no se siente ni se ve. No solamente es importante que esto empiece a suceder por las debilidades y defectos que se han mostrado en anteriores legislaturas, sino también por las responsabilidades que les marca la ley y, de manera particular, por el papel que hoy le toca jugar al Poder Legislativo precisamente por la composición política planteada a nivel nacional con la elecciones del 2 de julio. En realidad, uno podría pensar que eso de actuar con seriedad y responsabilidad les corresponde a los políticos en general. Sobre todo, si se toma en cuenta lo que algunos, de manera destacada, andan haciendo todos los días o, si se quiere, un día sí y otro también. Y no creo que lo importante sea hablar -o dejar de hacerlo- de los pleitos callejeros que algunos, con publicidad o sin ella, han puesto en práctica, pues esos en particular son verdaderamente menores, si se considera lo que representa el hecho lamentable de que varios de nuestros políticos (en el sentido más amplio) no hayan encontrado otra vía para resolver sus diferendos que llevando a sus adversarios a la barandilla judicial. Todo, o casi todo, nos parecen decir algunos, lo tiene que resolver el juez y, si se puede, en su favor. Aquí mismo, en el amable espacio que nos ha otorgado etcétera por tanto tiempo, hemos criticado esa propensión casi natural de nuestros políticos para andar metiéndose en la cárcel. Si todo quedara ahí, no habría mucho problema pero éste es mayor cuando se piensa en la imagen que todos esos bochinches crean en la sociedad, en el pueblo o en la ciudadanía. No hay otro efecto que la denigración de la política. En eso deberían pensar nuestros nuevos legisladores y con ellos la mayoría de los políticos que por una imagen lo dan todo o casi todo. Si bien puede ser cierto que ahora estamos en la tesitura de que quien no se mueve no sale en la foto, lo único que podemos decir es que lo mejor sería que aquélla fuera en o acerca de lo bueno o lo positivo. La sociedad mexicana requiere y reclama que los políticos le hablen del futuro más que del presente o del pasado. Solamente hay que informarse mínimamente de las expectativas que se han creado. La manera que el sentido común tiene de entender ese cambio no concretado está relacionado con el aumento salarial, del empleo y de las prestaciones, con el correspondiente de las pensiones, con la liberalización del crédito, con la lucha en serio y permanente contra la pobreza, con el aumento de la inversión en la educación, etcétera. Y no hay voces consistentes y sobre todo claras que digan que todo ello puede ser posible pero en plazos, gradualmente y, siempre y cuando se cumplan ciertas o determinadas condiciones internas y externas. Para decirlo brevemente, no se ve por ningún lado actitud pedagógica de nuestros políticos. Si en verdad se quiere el cambio, si es en serio eso de aprovechar el reacomodo de nuestra geografía política expresado el 2 de julio, entonces lo que habría que esperar, y desear, es una conducta más consecuente con todo eso de parte de los legisladores que están estrenando cargo de representación popular, de los políticos y dirigentes institucionales, pues no hay en el horizonte político otro ámbito desde el cual imaginarse otra plataforma de lanzamiento de ideas y comportamientos. ¿Qué sigue? Rafael Cordera Campos es profesor en la Facultad de Economía de la UNAM. |
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