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de la imprenta reseña tintero
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reseña Política del ajolote
Patricia Arce
José Agapito de los Hoyos, el que se habla "de sí mismo a sí mismo" es el personaje central de La Casa de los Ajolotes, el más reciente libro del controvertido Armando Ramírez, en que el infeliz engendro de la urbe clasemediero, común y corriente, se ve involucrado en un intrincado círculo político donde "con dinero baila el perro" y "el que no transa no avanza". Mediante un confuso narrador que va de la primera a la tercera persona sin concierto, transita por un periplo indescifrable entre la magia del mito y la grotesca realidad representada por Sóstenes San Jasmeo en cuyas formas de vida, lenguaje y convicciones encarna un típico funcionario público de altos vuelos, o cualquier hombre "bien parado" en los principales núcleos del poder mexicano, haciendo gala de influencias, charolazo, prepotencia, despilfarro y vicios, llevando así a José Agapito a diluirse a veces en vaga introspección mezcla de nostalgia, angustia y resentimiento social. Durante ese viaje de Agapito al territorio ignoto de "la trácala" y la leyenda se recrean en la misteriosa Casa de los Ajolotes todos los escenarios posibles que han delineado el México actual, desde la época precolombina, la Colonia, la Independencia, el México moderno, la degradación después del esplendor hasta nuestra cotidianidad, cada uno de los habitantes de ese singular espacio representan los fantasmas de otros tiempos, los extremos, las siluetas constantes que pueblan las calles de la ciudad. La historia da fin al revelarse ahí la propia historia de José Agapito y al cumplirse el objetivo encomendado a Sóstenes San Jasmeo: el asesinato de Luis Donaldo Colosio. Armando Ramírez reúne en esta novela personajes sustraídos de sus anteriores libros, como Chin Chin el Teporocho, aventurando la hipótesis de la omnipotencia política y "la transa" que se remontan, según sus consideraciones, al tiempo de la Conquista como instinto de supervivencia. El escritor no hace mayor aportación al vocabulario y estilo, comete un exceso en el uso de vulgaridades, términos lastre que parecieran estar perdiendo vigencia aun en el argot, no así en el ámbito narrativo donde sorprende por el sesgo conductor de la historia que aunque se antoja monótona, adquiere interés por la interpolación bien diseñada de escenas que juegan con el modo narrativo y la circunstancia fluctuando constantes entre el pasado y el presente Armando Ramírez, La Casa de los Ajolotes, México, Océano, 2000, 226 pp. Patricia Arce es licenciada en Periodismo por la escuela Carlos Septién. |
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