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difusiones TV más allá del PRI
Francisco Báez Rodríguez
Es un detalle significativo. La televisión mexicana cumplió 50 años de transmisiones el pasado 1 de septiembre. Se había inaugurado en la solemne ocasión del cuarto Informe de gobierno del señor Presidente Licenciado Miguel Alemán Valdés. Haber escogido para su primera transmisión aquel informe largo, repleto de cifras, triunfalista y aplaudido por unanimidad mostraba el rostro y, sobre todo, las aspiraciones de la tv mexicana. Un negocio alimentado por la cercanía con el poder y el respeto a la investidura presidencial (sus poderes metaconstitucionales). Este hecho nos habla también de la capacidad de la televisión para reflejar las opiniones, los sentimientos y los mitos de la sociedad. En 1950 México vivía todavía la etapa en la que el gobierno emanado de la revolución mexicana gozaba de consenso mayoritario (aunque, bajo el mando del "presidente obrero", reprimiera trabajadores) y sus ceremonias cívicas tenían un significado profundo en la psique nacional. Medio siglo después, el último presidente surgido de las filas del PRI rindió su postrer Informe. Fue (relativamente) breve y anticlimático. Los índices de audiencia por televisión fueron bajos. Se trata de un rito que está cayendo en desuso. Y la transmisión encadenada, con sus frases hechas y sus entrevistas trilladas, parece, aunque sea la noticia del día, sacada de uno de los documentales de Enrique Krauze sobre el México de un siglo que ya no es. El cambio de formas implica cambios de fondo. La televisión mexicana, por sus pecados de nacimiento, tardó en volverse contemporánea de su sociedad y a menudo da la impresión de estar todavía rezagada. En los años por venir es posible que las transformaciones sean aún más veloces. ¿Será capaz la televisión mexicana de mantener el ritmo? Inopinado sondeo de opinión Hablando de cambios y transformaciones, a los operadores culturales de Vicente Fox se le ocurrió la peregrina idea de hacer una "encuesta" sobre los organismos culturales que, de una u otra forma, hacen uso de recursos públicos. No se trata de una encuesta en sentido estricto, pues no tiene marco muestral, no define a qué universo se refiere y la respuesta es totalmente optativa. Tiene la misma (y escasísima) fiabilidad de las "encuestas de entrada" que practican, con fines de continuidad y de rating, los dos principales noticieros nocturnos de la tv.
El cuestionario incluye dos canales de televisión: Canal 22 y Canal 11. Por su formato, tiende a inducir respuestas negativas y abre, al menos teóricamente, la posibilidad de que esas entidades desaparezcan. Aquí estamos llegando a un absurdo, una suerte de dictadura demoscópica en la que lo demoscópico, por sus indefiniciones de público-objetivo, queda perfectamente difuso. Se trataría, entonces, de una dictadura de otro tipo, donde los estudios de opinión pública sirven como cortina de humo para que algunos elegidos tomen decisiones. Está claro, a estas alturas del partido, que los pasteles presupuestales, en la difusión cultural y en los demás menesteres, no pueden ser repartidos con base en amiguismos o con lógica clientelar. Lo que no está claro es qué diablos quiere, con las televisoras y otros entes culturales, el grupo de asesores de Fox Francisco Báez Rodríguez es subdirector general del periódico Crónica. |
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