etcétera el país el mundo dinero columnas
gente medios ciberia ensayos
tianguis libros cultura espectáculos
suplemento etcétera
homenaje


Volverás
Carlos Castillo Peraza


Amigos, como siempre
Marco Levario Turcott


Carlos Castillo Peraza
Jaime Ortega

personal
Mis carnes y mis huesos
Carlos Castillo Peraza

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fragmentos de tormentas

Carlos Castillo López

Para Haidy y Jaime Ortega; para la familia Weiss

Foto: Salvador Castellanos/Silva

No sabía si dar crédito a la voz en el teléfono que me transmitió la noticia horas antes del amanecer. Como tantos, no la esperaba; la creía lejana, quizá imposible, mas nunca una realidad tan cruel e irreversible que ya no podrías ayudarme a reparar. No eran mis lágrimas de niño buscando tu hombro para consolarme; tampoco tu llegada que en las noches expulsaba mi temor a la oscuridad. Ahora se trata de ti, y cuánto me deshace el alma -seguramente lo sabes- no poder si quiera tener tu mano en la mía para devolverte alguno de los miles "todo va estar bien" que me entregaste.

¿Sabes?, he llorado mucho. Lloré tu partida, tu recuerdo, nuestros viajes, cada palabra, las charlas, los regaños, tus abrazos, cada beso, pero sobre todo lloré la certeza de que te habías ido y que Dios no me concedió la oportunidad de decirte un último adiós. Perdón, papá; en El me desquité, le eché la culpa, incluso lo insulté... Sin embargo, esa fe que me legaste fue la que ahora me hace pensar que su decisión no fue injusta, aunque sí inoportuna. Cuánto te faltaba aún. Apenas comenzabas a tejer los sueños del futuro, ésos que acariciaste durante tanto tiempo y que por dar a México lo que todavía festejamos juntos dejaste en segundo lugar, para después...

Foto: Contraluz

Apenas fue el jueves cuando hablamos por última vez. Te oías feliz, dichoso de encontrarte con aquellos a quienes amabas más allá de la amistad. Querías ir a jugar fut el domingo con Juanpa y con Julio; después iríamos a desayunar y más tarde a comer con mamá. Pero no llegaste. Llegó la maldita llamada y todo lo que ya habrás visto. Estuvieron cerca tus amigos, aquéllos en quienes me dijiste podía confiar; ten por seguro que no te defraudaron. También llegaron los periódicos que hablaban de ti, los textos que fueron como luz en la oscuridad y, como siempre, aquellos que piensan que sólo hay dos muertes... Pero no importa lo que digan; nunca nos importó, pues, ambos sabíamos los parámetros fundamentales que la envidia suele opacar.

Después vendrá lo demás, aunque créeme que ya no importa... Te fuiste lejos, "más allá de donde te habría podido acompañar". Pero sé que aún estás entre tantos que te queremos, que te extrañamos y te extrañaremos siempre, entre los que recordamos tus defectos como algo pasajero, y cada una de tus virtudes como un ejemplo, como lo que verdaderamente queda en la memoria y es tu granito de arena para la eternidad

Carlos Castillo López es analista político.

principal | correo | publicidad | búsqueda | suscripciones | anteriores