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textos Las dos caras de las ONGs
Anna Pi i Murugó
El fenómeno de las ONGs no es nuevo, pero en los últimos años han proliferado como hongos, y se han constituido en referencia obligada para definir y reconocer a la llamada sociedad civil y sus reclamos. Especialmente sobre derechos humanos, demandas de infraestructura y servicios, o de reconocimiento de los derechos de las minorías (gays, indígenas, mujeres, enfermos, discapacitados, etcétera). Las ONGs han aparecido y se han diversificado en extremo, existe gran variedad de ellas y también los aspectos que abordan son muy distintos. La propia definición de no gubernamental, además de amplia, es poco pertinente pues se definen por un principio que no cumplen. Por su significado y amplitud pueden ser definidas como aquellas instituciones de servicios cuya finalidad es no lucrativa. Hay también distintas clasificaciones de ONGs, por ejemplo, las ONGs del norte y las ONGs del sur -o locales, contrapartes-. Asimismo, la definición geográfica refiere a una delimitación entre países ricos y pobres, o entre Primer Mundo y Tercer Mundo. Es por tanto una delimitación geográfica que mantiene los esquemas bipolares entre desarrollado y en vías de desarrollo, rico/pobre, norte/sur, etcétera. La tipología también es variada y entre las ONGs se encuentran: grupos empresariales o de producción, organizaciones de tipo religioso, asociaciones profesionales, clubs de ocio, grupos culturales, asociaciones cívicas, organizaciones de cooperación y ayuda al desarrollo, entre otros. En la actualidad existen en el mundo 100 mil ONGs -según en Yearbook of International Organizations- y Rubén Aguilar V. afirma que en México existen más de cinco mil ONGs. Otras fuentes -Reforma, 23/II/97- postulan que cinco de cada 100 ciudadanos en el país participan en alguna de estas organizaciones -según datos de 1997- y que han crecido a un ritmo de dos ONGs por día en los últimos cinco años -"Bucareli 8", 16/IV/00-. Hay ONGs tan grandes y conocidas como Greenpeace, Cruz Roja o Amnistía Internacional, y otras que sólo convocan a un número limitado de personas y su ámbito de actuación es reducido. Son muchas las alabanzas que se han esgrimido en favor de las ONGs. Por ejemplo, el carácter voluntario de sus miembros, su relación con las capas más desprotegidas de la sociedad, la contribución a la mejora de las condiciones de vida de diversos sectores sociales, la toma de conciencia ecológica y de contribución a la mejora del medio ambiente, la defensa de los derechos humanos y de los derechos de la mujer, sus acciones en pro de las poblaciones afectadas por conflictos bélicos, etcétera. Ello les ha permitido recibir ayudas impositivas y reconocimiento por parte de las autoridades de los distintos países y de organismos internacionales. Pero también han empezado a llover fuertes críticas sobre las ONGs y consideraciones sobre sus acciones y organización. Es frecuente, por ejemplo, constatar la burocratización excesiva de estas ONGs y la creación de necesidades no existentes realmente en la población. Se las acusa de ser factor de despolitización de la sociedad, de constituirse en una forma de injerencia extranjera velada o de cumplir una función de sustitución de los servicios que debería proveer el Estado en su retirada y recorte de programas sociales y ser elementos clave para la consolidación del neoliberalismo, especialmente en América Latina. Recientemente, James Petras, destacado analista crítico de las ONGs, publicó un artículo titulado "Las dos caras de las ONGs" -La Jornada, 8/VIII/00-. En éste comentaba algunos de los aspectos criticables de las ONGs, y concretamente sobre el caso de líderes y activistas de ONGs mexicanas que se unieron a la campaña electoral de Vicente Fox, y ahora reclaman algún puesto en el nuevo gobierno. El hecho no nos debe extrañar pues a pesar del discurso progresista expresado por las ONGs, la política de estas organizaciones, en su mayoría, manifiesta una postura totalmente propicia al libre mercado y a la política neoliberal, contraria al Estado, y favorecedora del principio de la autoayuda y de las privatizaciones. Petras sostiene que existe gran coincidencia entre el Banco Mundial y las ONGs, que mantienen posturas afines pero con discursos diferentes. Cabe destacar, en este sentido, las posiciones hasta el momento divergentes del presidente Ernesto Zedillo y la del presidente electo Vicente Fox. En 1997 fue muy comentada la visita de Pierre Sané -secretario general de Amnistía Internacional- en ocasión de la presentación del informe sobre violación de los derechos humanos en el país y la no recepción con el Presidente. Recientemente en la Cumbre de Davos (Suiza), celebrada en enero, el presidente Ernesto Zedillo arremetió contra las ONGs con estas palabras: "... pues no las necesitamos hablando por la gente pobre de los países en desarrollo; nos representamos nosotros mismos... No requerimos de los representantes autonombrados de la sociedad civil, ahora llamados ONGs, para hablar en nombre de la gente pobre de los países en desarrollo" -La Jornada, 30/I/00-. En contra de las opiniones expresadas por el presidente Ernesto Zedillo, crítico respecto de las ONGs, Vicente Fox declaró en su reciente viaje a Canadá que incluirá en el programa de su gobierno las opiniones de las ONGs. "Pues siempre nos ha interesado su trabajo de observación y calificación del quehacer y ejercicio del gobierno" -La Jornada, 30/I/00-. Asimismo, tanto en su viaje a Canadá como a Estados Unidos ha convocado en sendos países reuniones con las principales ONGs, y ha invitado personalmente a su gira a diversos líderes de ONGs mexicanas. Estas son posiblemente las primeras evidencias de distintas visiones y concepciones políticas, pero después de la apariencia a primera vista se debe pensar también en hurgar a fondo debajo de la carpeta. Posiblemente en este camino las ideas de Petras nos puedan ayudar Anna Pi i Murugó realiza el doctorado en Ciencias Antropológicas en la UAM-Iztapalapa. |
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