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memoria Autorretrato
Pablo Hiriart
En algo hay coincidencia entre los analistas políticos: el sexto Informe de gobierno de Ernesto Zedillo fue un retrato de sí mismo y de su Presidencia. Incluso él quiso que así fuera. Lo que queda abierto al análisis y la interpretación es si se trata de un retrato positivo o negativo, si cumplió con las expectativas a la hora de informar a la nación sobre su gestión al frente del gobierno. Así, para algunos, el pronunciado el viernes en el Palacio Legislativo fue un discurso gris, mientras para otros fue sobrio. Hay quienes opinan que fue las dos cosas: sobrio y gris. Al escoger los temas a informar de manera tan arbitraria, el Presidente también se dibujó a sí mismo. Habló de lo que a él le interesaba hablar, sin importar que en la nación hubiera otras inquietudes y dudas pertinentes de analizar o explicar. Durante su sexenio no se preocupó por explicar ni mucho menos por convencer de sus políticas, sino más bien impuso decisiones que él creía honesta y políticamente correctas. Fue así como surgió de la noche a la mañana la compra de carteras vencidas de los bancos. Fobaproa no fue explicado nunca por el gobierno pues no les interesaba ganar batallas de opinión pública sino dictar soluciones que se asumieron como las únicas acertadas para evitar el quebranto del sistema financiero del país. ¿Qué le interesó comunicar al Presidente? Lo primero que destacó en el Informe fue el interés por asentar su versión de que la culpa de la crisis económica del 94-95 no es imputable a su gestión sino al gobierno que lo antecedió: ahí se gestaron todas las causas para el estallido de una crisis que nos arrebató una buena parte (algunos sostienen que la mitad) del Producto Interno Bruto, dijo el Presidente. Esa idea lo ha perseguido durante todo su mandato. Es difícil encontrar una reunión de Ernesto Zedillo con industriales, patrones o banqueros donde no haya explicado su versión de la crisis que se presentó al iniciar su gobierno. El sexto Informe no fue la excepción: Ernesto Zedillo no quiere aparecer ante la historia como autor del "error de diciembre". Ahora que comienza el tiempo de las evaluaciones habrá que conocer la versión de los responsables del gobierno anterior y poder así formarnos una idea más clara y menos distorsionada por las crispaciones de la coyuntura. Salvo que callen, y en consecuencia otorguen. El otro rostro que nos quiso presentar Ernesto Zedillo fue el de un Presidente probo, austero, que va a tener que trabajar para vivir. No hay razones para desconfiar de sus palabras, aunque la historia nos ha enseñado que es mejor no adelantar juicios en esa materia. Suena extraño, eso sí, que Zedillo vaya a verse en la necesidad de buscar empleo para sostener a los suyos, toda vez que la Presidencia garantiza una pensión vitalicia superior a los diez mil dólares al mes a cada uno de los ex inquilinos de Los Pinos. Zedillo se presentó como un demócrata. De hecho, al único personaje histórico que hizo referencia en su discurso del viernes 1 fue a Francisco I. Madero, mártir de la democracia. Por si alguien está interesado en un paralelismo, habría que subrayar una diferencia fundamental, entre otras muchas: Madero pasó a la historia como vencedor, y Ernesto Zedillo, gracias a su derrota. Los demás temas quedaron intocados. Y no porque haya sido materia de olvido, sino porque no los considera importantes: ni para su discurso de despedida ni para el quehacer del gobierno que encabeza. Ahora entendemos con mayor claridad por qué la UNAM pasó casi un año encerrada sin que el gobierno asumiera su responsabilidad. Con el caso Colosio se ha hecho barbaridad y media en estos seis años, y no mereció ni una sola línea en el sexto Informe: es un tema secundario para el jefe del Ejecutivo. Lo mismo Chiapas, las masacres de campesinos e indígenas ocurridas durante el sexenio no merecieron mayores comentarios al Presidente, aunque la nación tenía derecho a conocer su punto de vista sobre esos asuntos, incluso con mayor profundidad y detalle que sus postreras definiciones ideológicas Pablo Hiriart es director general del periódico Crónica. |
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